Historia de un museo inaugurado con discreción y sin autoridades

22 marzo, 2013 | Actualidad, Barceloneses

Las inauguraciones acostumbran a ser actos con un cierto aire grandilocuente. Los organizadores buscan tener el máximo de público posible y es un momento en el que suele destacar la presencia de las autoridades políticas. Uno de los museos más importantes y con mayor número de visitantes de Barcelona fue inaugurado dos veces, en las dos ocasiones se hizo con la máxima discreción posible, e incluso se llegó a ocultar su nombre. Se trata del Museu Picasso, que este mes de marzo ha cumplido cincuenta años.

Pablo Ruiz Picasso llegó a Barcelona con su familia en el 1895, cuando tenía 14 años. Su padre, José Ruiz Blasco, era pintor y había sido destinado como profesor a la Escuela de Bellas Artes de la Lonja. La familia se instaló en el barrio de la Ribera, que fue el lugar donde el joven Picasso creció y se formó como persona y como artista. Vivió allí hasta el 1904, cuando se trasladó a París. El pintor se integró perfectamente en la vida del barrio y, a través de Els Quatre Gats, se relacionó con nombres como Rusiñol, Casas, Nonell o Utrillo y entabló amistad con Jaume Sabartés, que se convertiría con los años en su amigo más íntimo, junto con Manuel Pallarès o Joan Vidal i Ventosa.

A pesar de su decisión de no pisar territorio español mientras continuara la dictadura franquista, Picasso no dejó nunca de mantener un estrecho vínculo emocional con Barcelona, lo que quedó demostrado con la creación del Museu Picasso, inaugurado el 9 de marzo del 1963 con el nombre de Colección Sabartés.

La gestación del museo se produjo a partir de la segunda mitad de la década de 1950 y gracias a la participación de varias personas aunque, por encima de todo, gracias a la voluntad del mismo Picasso, y con la complicidad trascendental de su secretario y amigo, Jaume Sabartés. El pintor, que ya había donado a la ciudad, en el año 1919, la obra Arlequín (1917) y en el 1938 una prueba del aguafuerte La Minotauromaquia (1935), aconsejó a Sabartés que donara toda su colección de Barcelona como fondo del museo y se comprometió a donar más obras si el proyecto salía adelante.

Varios personajes de la vida sociocultural barcelonesa de la época colaboraron en la creación del museo: los galeristas Gaspar, los editores Gustau Gili, el notario Raimon Noguera, el director de los museos de arte de Barcelona, Joan Ainaud de Lasarte o el arquitecto municipal, Adolf Florensa. El Ayuntamiento, presidido entonces por el alcalde José Maria Porcioles, utilizó la creación del Museu Picasso en la calle Montcada como un elemento muy importante para la recuperación del barrio de la Ribera, que había vivido épocas de gran esplendor, pero que sufría una cierta decadencia desde principios del siglo XX. En este sentido, fue decisiva la propiedad del Palau Berenguer d’Aguilar, que el Consistorio había comprado años antes para dedicarlo a actividades culturales, pero sin un proyecto definido, y que acabó por convertirse en la sede del nuevo museo.

Tal como había prometido, Picasso hizo nuevas donaciones de su obra y hubo que ampliar el museo. Esta ampliación se inauguró el 18 de diciembre del 1970 y, al coincidir con el proceso de Burgos, el pintor pidió que no asistieran autoridades políticas. Era la segunda inauguración y también se llevó a cabo con discreción.

Si te interesa esta historia, puedes encontrar mucha más información, con datos, gráficos, documentos e imágenes, incluso documentos sonoros, en la exposición “El Museu Picasso, 50 años en Barcelona. Los orígenes“, la primera de las tres muestras que el museo organiza este año con motivo de su quincuagésimo aniversario. Puedes visitarla hasta el 9 de junio. Y recuerda, si quieres ahorrarte colas para entrar, puedes hacerte el carné del museo, y así podrás, además, visitarlo —con las exposiciones temporales incluidas— tantas veces como quieras, durante todo un año.