Mil años de historia barcelonesa en el entorno del Rec Comtal

27 diciembre, 2016 | Actualidad, Barceloneses, Insólito

Los cursos de agua han marcado la historia de muchas poblaciones y ciudades. Muchas villas han crecido alrededor de un río. En Barcelona hay una infraestructura milenaria que ha marcado una parte de la historia y del urbanismo de una zona de la ciudad. Se trata del Rec Comtal, una acequia que capta el agua de las capas freáticas del río Besòs, en el municipio vecino de Montcada i Reixac, y que pasaba por varios barrios de los actuales distritos de Sant Andreu, Sant Martí, L’Eixample y Ciutat Vella. En algunas zonas del Clot, de Navas o de Sant Andreu, todavía hay personas que recuerdan haberse bañado en ella. Un libro repasa los mil años de historia de esta infraestructura capital para la ciudad y recorre sus vestigios sobre el actual trazado urbano barcelonés.

Enric H. March, autor del libro El Rec Comtal: 1.000 anys d’història, editado recientemente por Viena Edicions y el Ayuntamiento de Barcelona, ha reconstruido la historia de esta infraestructura hidráulica milenaria, que ha sido capital en la historia económica, social y urbanística de la zona norte de la ciudad, y explica también cómo se ha gestionado el abastecimiento de agua desde la época de la Barcino romana hasta la actualidad.

En la introducción del libro, Manel Martín explica la importancia histórica del canal: “Esta acequia se convirtió con el tiempo en una infraestructura estratégica para la Barcelona preindustrial. Varios centros de molinos mayoritariamente harineros se construyeron a lo largo de su curso. Extensos campos de cultivo de Sant Andreu de Palomar, Sant Martí de Provençals y las huertas del Portal Nou fueron regados con sus aguas, y los talleres artesanos de los barrios de Sant Pere y de la Ribera, en Barcelona, también las usaron. El pan y los productos de huerta que consumían los barceloneses y las barcelonesas y su producción artesanal dependían en gran medida de esta corriente de agua artificial.”

Martín dice, en el mismo texto: “Ya en una fase industrial e inicial, el Rec Comtal hizo posible la instalación de prados de indianas en Sant Martí y condicionó la instalación de varias fábricas textiles de vapor cerca de su recorrido en esta población y en Sant Andreu.”

En el libro, Enric H. March busca las raíces de la construcción de esta importante infraestructura, y en su investigación ha contado con la colaboración del Servicio de Arqueología de Barcelona. La arqueóloga Carme Miró Alaix, responsable del Plan Barcino, explica en el prólogo del libro: “No conocemos cómo era el primitivo Rec, dado que a lo largo del milenio de su existencia ha sufrido varias remodelaciones y reformas. Lo que se puede decir es que era un gran canal a cielo abierto, de una anchura que variaba según el trazado. En una de las bandas siempre había un muro; en la otra, en la mayoría de casos, había un talud que ayudaba a controlar el agua en épocas de lluvias abundantes y torrenciales. Los muros estaban hechos de sillares de piedra de Montjuïc, unidos con mortero de cal; el fondo de tierra natural no tenía ningún recubrimiento especial.”

En los últimos años, aprovechando diferentes obras, se han llevado a cabo varias intervenciones arqueológicas que han permitido conocer nuevos datos sobre la acequia. Una de las más recientes es la que los especialistas están realizando todavía junto a la plaza de las Glòries, en los terrenos que ocupó el mercado de los Encants durante gran parte del siglo XX. Los indicios hacen pensar que los resultados de esta intervención aportarán nuevas informaciones y datos muy interesantes sobre la historia y la cronología del Rec Comtal.

En cuanto al origen de la acequia, Enric H. March afirma: “El nacimiento del Rec está estrechamente ligado al acueducto romano, cuya construcción se produjo a lo largo del siglo I, poco después de la fundación de la colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino.” Y añade: “Hay que plantearse, sin embargo, que esta continuidad del acueducto romano se prolongara en el tiempo hasta coincidir con el momento en que los condes convirtieron el viejo conducto en una nueva acequia aprovechando, en parte, la antigua obra romana, decadente, pero probablemente no del todo inútil.”

El autor del libro va mucho más allá de la historia del Rec Comtal y de su relación con Barcelona; también se adentra en los diferentes usos que ha tenido su agua a lo largo de los años: industriales, agrícolas, lúdicos y de consumo. Y también se acerca a las diferentes formas de abastecimiento que ha tenido Barcelona y a otras infraestructuras, como el canal de la Infanta, las minas y los pozos y los acueductos que han llevado agua a la población en un momento u otro.

Una de las cosas que se desprenden de la lectura del libro es cómo ha cambiado la concepción del uso del agua. Los romanos la concebían como un bien público al que tenía derecho la ciudadanía y que el emperador tenía el deber de proporcionar. En época medieval esta concepción cambió y el agua se convirtió en un bien del cual el poder político, en aquellos momentos el rey, podía obtener beneficios económicos a partir de la concesión de permisos para su uso hidráulico.

Enric H. March realiza un recorrido amplio por la historia económica, social y emocional de esta acequia, tan importante para la ciudad, pero hoy casi desaparecida: “Hoy, el Rec Comtal es una reliquia milenaria sin la cual no se explica la evolución histórica y económica de Barcelona, pero, a pesar de que pervive en su tramo inicial en Montcada i Reixac y en el barrio barcelonés de Vallbona, donde riega los últimos huertos de la ciudad, ha desaparecido del paisaje. En el resto del territorio, su trazado perdura en la toponimia y la nomenclatura de las calles, en la estructura urbana y en el recuerdo de las personas que lo han visto desaparecer durante el siglo XX, pero que aún conservan la memoria de cuando Rec pasaba al aire libre.”

El libro está ampliamente ilustrado con fotografías, muchas de las cuales son antiguas y han sido cedidas por particulares y, por tanto, son inéditas. El último capítulo del libro, “A pie por el Rec Comtal”, propone un recorrido por todo el trazado de la acequia, a través del cual se puede ir siguiendo el cauce del canal sobre el mapa, gracias a sus vestigios y a las imágenes que lo acompañan.

Pies de foto: Un grupo de niños bañándose en la acequia a su paso por la Via de Barcino con la calle de la Madriguera, 1952. AMTV – Fondo Maria Rosa Martínez Gómez. | El Rec Comtal al atravesar unos huertos cerca de la iglesia de Sant Andreu de Palomar, a la altura de la actual calle del Cinca, en la década de 1930. Archivo particular de Assumpció Castellet. | El antiguo molino del Portal Nou, pintado por Joaquín Mosterín a principios del siglo XIX. AHCB. | Dos niños pescando en el Rec Comtal, detrás de la masía Les Carasses, en el paseo de Torres i Bages, en la década de 1920. AFB - Fondo Tomàs Fàbregas. | Edificio del Molí de Baix, que se convirtió en el Cinematógrafo Recreo Martinense, el cual fue derribado en 1940 para construir unos baños públicos. Archivo particular de Santiago Gambús Mispoulet. | Un grupo de mujeres lavando ropa en el Rec Comtal a la altura de la calle de la Marina, hacia el año 1916. Detrás se puede ver la plaza de toros de la Monumental. Autor y archivo no identificados. | Recorrido del Rec Comtal entre la Trinitat Vella y la entrada en Ciutat Vella por el Portal Nou. Todas las imágenes están en el libro y han sido cedidas por Viena Ediciones.