Sant Medir, una fiesta que hermana diversos barrios barceloneses

27 febrero, 2015 | Barceloneses, Hagamos red, Insólito

Al hablar de Sant Medir, mucha gente piensa automáticamente en Gràcia, porque es en la antigua villa donde nació la tradición y es en sus calles donde se hacen las principales celebraciones, pero en realidad hay más barrios barceloneses que celebran esta fiesta tradicional. De hecho, aparte de la Vila de Gràcia, hasta ocho barrios más tienen o han tenido colles de Sant Medir a lo largo de la historia: Sant Gervasi, Sarrià, Sants, la Salut, el Camp d’en Grassot, la Bordeta, el Poble-sec y el Raval.

Muchas veces las tradiciones tienen orígenes poco conocidos que se pierden en cierta manera en los mares de la oralidad. Este no es el caso de la fiesta de Sant Medir, cuyo origen está perfectamente documentado. El origen de la romería está en una promesa que un panadero establecido en la calle Gran de Gràcia, Josep Vidal i Granés, hizo al santo. Albert Musons recoge una de las muchas crónicas del inicio de esta tradición en el libro Les colles de Sant Medir – Història, llegenda i tradició, editado por el Ayuntamiento de Barcelona en el año 2007. La promesa de Vidal era “ir por todo el tiempo que viviera, en el día a él dedicado, a su ermita, montado en una yegua y tocando una chirimía (cornamusa) con la intención de llamar la atención de la gente y de poder contar a todo el mundo que la fe lo había curado de una enfermedad tan horrible”.

Toda tradición debe tener, sin embargo, sus puntos de misterio y, en el caso de la romería de Sant Medir, estos se encuentran en el origen de la petición al santo. Unas versiones dicen que Vidal i Granés pidió recuperarse de una grave enfermedad, y otras versiones apuntan que el origen está en el hecho de que el panadero y su hermano mayor eran carlistas y que la petición al santo fue que uno o el otro pudieran salir de una situación comprometida por sus creencias políticas. Fuera como fuere, un día de Sant Medir de la década de 1830, Josep Vidal i Granés hacía la primera romería a la ermita y el año siguiente ya eran un pequeño grupito de familiares y amigos.

La tradición arraigó con fuerza y al cabo de unos años ya era noticia en la prensa. Así lo recogía el Diario de Barcelona el 4 de marzo de 1853: “Una caravana de 300 paisanos, precedidos de un pendón y acompañada de distintas bandas y caballos, acudieron a la Ermita de San Medín”. Poco a poco, la fiesta fue creciendo y este año 2015 salen un total de 24 colles de cuatro barrios barceloneses: Sarrià, Sant Gervasi, Sants y Gràcia. Además de estas asociaciones, Albert Musons recopila en el libro mencionado hasta 47 colles que existieron a lo largo del siglo XX.

A pesar de ser una tradición muy graciense y que nació en la antigua villa, la colla decana es del vecino barrio de Sant Gervasi de Cassoles, se trata de L’Antiga de Sant Medir y fue fundada en el año 1861. Entre las más veteranas hay otras tres centenarias: la Agrupació Bonanova y la Unió Gracienca, fundadas en 1887, y La Humorística, del año 1912. La más joven es La Tradicional de Gràcia, fundada en el año 1999. Al principio de la década de 1950, se creó la Federació de Colles de Sant Medir, que hoy es la responsable de la fiesta y del conjunto de actividades que se organizan.

Josep Vidal i Granés nació en el barrio barcelonés de Santa Maria del Mar entre finales de 1802 o principios de 1803. Cuando tenía ocho años, su familia se trasladó a Sant Cugat del Vallès, donde su padre se hizo cargo del horno de pan que tenían los monjes del monasterio. Después de servir tres años con los voluntarios realistas, se casó con Teresa Roig i Mora el 21 de marzo de 1826; la pareja abrió un horno en la calle Gran de Gràcia, 103 (actualmente 111). Murió en el año 1856 y está enterrado en el cementerio parroquial de Sant Genís dels Agudells.

La tradición va ligada a dos elementos muy característicos, los caramelos y las habas. Los caramelos están relacionados con el hecho de que quien inauguró la tradición, subiendo hacia Collserola, repartía golosinas y chucherías propias del oficio de panadero y pastelero. Las habas hacen referencia a la leyenda del santo, porque, como es sabido, dicen que Medir era un campesino barcelonés de la época del emperador Diocleciano, que estaba plantando habas cuando pasó por su lado el obispo Severo, que huía de los soldados romanos que lo perseguían. Acto seguido, las habas florecieron y, al llegar los perseguidores, el campesino les dijo que el obispo había pasado por allí cuando él plantaba las habas. Los soldados no lo creyeron y Medir acabó muriendo martirizado, igual que Severo. Como en el caso de santa Eulàlia, tampoco está documentada la existencia real de este santo.