150 años protegiendo Barcelona de los rayos

25 agosto, 2014 | Barceloneses, Insólito

En la calle Marquès de Barberà, número 21, se ubica un establecimiento emblemático con muchos años de historia. Se trata de la empresa Torrente Tecno Industrial, la más antigua en España dedicada a la fabricación e instalación de pararrayos. Nació en 1860 y todavía mantiene su sede en el Raval.

A lo largo de sus 154 años de historia, Torrente Tecno Industrial ha instalado más de 15.000 pararrayos por todo el estado español. En Barcelona son los responsables de proteger de la furia de los rayos edificios emblemáticos como el Templo del Tibidabo, el campanario de la Iglesia de Santa María del Pino, el Palacio de la Música o el Palacio Real.

La tienda Tecno Industrial fue fundada en 1860 por Josep Sebastià i Sellerès, un emprendedor que vio posibilidades de negocio al poner fin a los destrozos provocados por los rayos. La tecnología que vendía era muy innovadora. Aunque Benjamin Franklin había inventado los pararrayos en los Estados Unidos hacía 100 años, en Europa aquellos cilindros de cobre que atraían a los rayos para evitar que chocaran con las torres o los edificios todavía eran desconocidos.

La estirpe Torrente empezó cuando Josep Torrente Cereza, tatarabuelo de los actuales propietarios, entró a trabajar en Tecno Industrial como aprendiz. Al cabo de unos años se hizo propietario y desde entonces, el negocio ha ido pasando de padres a hijos, siempre en el Raval. “El año 2000 tuvimos que reformar el local y nos encontrábamos en la tesitura de si nos mudábamos a un local más grande fuera de la ciudad y con más accesibilidad o nos quedábamos en éste. Decidimos quedarnos y reformarlo porque quien pierde sus orígenes, pierde su identidad. En este barrio tenemos nuestra semilla”, explica orgulloso Carles Torrente Bruna, uno de los propietarios y quinta generación a cargo de este negocio familiar.

El afán de la familia Torrente ha permitido conservar algunas de las herramientas utilizadas antiguamente y las muestran en su local remodelado. La fachada luce tal como lo hacía en el siglo XIX, con su logotipo inconfundible de una mano atrapando un rayo.