Laribal, los primeros jardines de Montjuïc

28 agosto, 2015 | Insólito

En el año 1909, el Ayuntamiento de Barcelona compró a la familia de Josep Laribal i Lastortras la finca que el periodista y abogado, fallecido el año anterior, tenía en la montaña de Montjuïc. El objetivo era comenzar a urbanizar y ajardinar la montaña con vistas a la organización de lo que acabaría siendo la Exposición Internacional de 1929. Francesc Cambó, uno de los impulsores y comisarios de este evento, encargó la creación de los nuevos jardines al ingeniero y paisajista francés Jean-Claude-Nicolas Forestier, que tuvo como ayudante al arquitecto Nicolau M. Rubió i Tudurí.

La Exposición Internacional de 1929 tuvo su origen en un proyecto de 1905 que pretendía organizar una gran exposición sobre las industrias eléctricas, emergentes en aquel momento. La situación internacional que llevó al estallido de la Primera Guerra Mundial hizo retrasar el proyecto que terminó convirtiéndose en el evento que hoy conocemos.

La ciudad, sin embargo, no se detuvo y siguió trabajando en el proyecto. Y uno de los objetivos era ordenar Montjuïc, una montaña que ya era bastante utilizada por la ciudadanía, tal como explica Oriol Granados en el catálogo de la exposición “Montjuïc 1915. Primera Mirada”, editado por el Ayuntamiento de Barcelona en el año 2007: “Para una población sometida a duras y largas jornadas de trabajo, recluida y amontonada en el cinturón fortificado de puertas cerradas, que sufría epidemias y bombardeos, como el del general Espartero de 1842, limitada a unos habitáculos cada vez más altos y muy reducidos e insalubres, de calles estrechas y sin luz del sol, Montjuïc se convierte en el punto de salida, de liberación y recreo.” Granados añade: “También iban a las fuentes, que además les permitían disfrutar de un agua magnífica, donde podían tomar una buena merienda: las fontades o comidas campestres, que se convirtieron en una tradición.”

En un primer momento, el Ayuntamiento de Barcelona aprovechó la torre de estilo neoárabe que había hecho construir Josep Laribal para ubicar la Escola del Bosc, que, ampliada, todavía existe hoy. Y por otra parte, se iniciaron los trámites para crear los jardines que han acabado llevando el nombre de quien fue director y propietario del diario republicano El Diluvio.

Forestier y Rubió i Tudurí diseñaron jardines formados por terrazas enlazadas por caminos y escaleras que salvan los desniveles de la montaña. Y aprovecharon en gran parte la vegetación ya existente. Además de la rica variedad de árboles y plantas que conviven, en los jardines se hace muy presente el uso del agua y los diversos elementos arquitectónicos y artísticos que contienen.

Saltos de agua, lagos y lagunas se pueden ir viendo aquí y allá, además de diversas fuentes ornamentales. Uno de los puntos más destacables son las escaleras del Generalife. Inspiradas en los jardines de Granada, estas escaleras que conectan la parte más alta de los jardines, junto a la Fundación Miró, con la zona más baja, junto a los jardines del Teatre Grec, tienen un curioso juego de aguas con saltos, estanques y unos pasamanos escalonados por donde corre el agua.

En el interior del jardín está la Font del Gat, inspiradora de una célebre canción, y una de las fuentes más concurridas en las épocas de las comidas campestres. El caño de la fuente es el centro de la cara de un felino esculpida en 1918 por Joan Antoni Homs. No muy lejos de esta, en un mismo plano, se encuentra una fuente ornamental de cerámica esmaltada con motivos marinos, del ceramista Llorenç Artigas. Y un poco más allá, está la rosaleda de la Colla de l’Arròs, que debe su nombre a un grupo de personas que, entre finales del siglo XIX y principios del XX, se reunía para comer y estar de tertulia política en un edificio que había donde hoy se encuentra el Museo Etnológico. La rosaleda está presidida por una de las esculturas que adornan los jardines: Estival, un desnudo femenino de mármol de estilo art déco, obra de Jaume Otero de 1929.

Entre los elementos arquitectónicos de los jardines, se encuentran dos pérgolas, una de las cuales se encuentra junto a la rosaleda de la Colla de l’Arròs. La otra está en la parte alta, en la zona más próxima a la Fundación Miró, y es también un espléndido mirador sobre la ciudad. En esta zona hay también dos esculturas: Joven de la trenza, un desnudo femenino de bronce de Josep Viladomat de 1928 que representa a una chica que se recoge el cabello en una trenza. La otra escultura es Reposo, otro desnudo femenino, en este caso de piedra y a tamaño natural, que representa a una mujer sentada y que el mismo Viladomat esculpió en 1925 a partir de un original de Manolo Hugué.

En la vegetación, muy mediterránea, se pueden ver ejemplares de pino carrasco y pino piñonero; laureles, naranjos amargos, cipreses, pino australiano, eucaliptos, cipreses de Lambert y cedros. Entre los arbustos hay aligustres, pitósporos, adelfas y evónimo de Japón. También hay macetas con hojas de salón y geranios, y de las pérgolas cuelgan glicinas y rosas bankisae. Y en varios puntos de los jardines, crecen plantas aromáticas como la lavanda y el romero, así como especies tapizantes como la hiedra. En la parte inferior, en la zona conocida como plaza del Claustre, que es una antigua cantera, hay tres ejemplares de plátano que ya existían en el momento de la construcción de los jardines.

Pies de foto: Estival, de Jaume Otero, en la rosaleda de la Colla de l’Arròs. Autor: JAF | Fuente de cerámica de Llorenç Artigas. Autor: JAF | Obras de urbanización de la montaña de Montjuïc. Parque de Laribal. 1920. Autor: Emili Godes (atribuido) – AFB. | La Font del Gat. Autor: JAF | Las escaleras del Generalife. Autor: JAF | Una de las pérgolas. Autor: JAF.