Las lavanderas de Horta

23 junio, 2016 | Barceloneses, Insólito

Lavar la ropa es hoy en día una acción habitual que no conlleva grandes esfuerzos más allá de llenar y programar la lavadora. Años atrás, sin embargo, era una tarea pesada de la que se encargaban las mujeres, que a menudo tenían que a hacer la colada en el río o, con un poco de suerte, en los lavaderos públicos. En la Barcelona de mediados del siglo XIX a principios del siglo XX no había mucho espacio para los lavaderos públicos, pocas viviendas tenían agua corriente y, por otro lado, las clases acomodadas no querían tener que preocuparse de estos asuntos. Así surgió la profesión de lavandera, que acabó convirtiéndose en una industria, gestionada básicamente por mujeres, que tuvo bastante importancia en el antiguo municipio de Horta.

Los lavaderos públicos y los ríos fueron, durante muchos años, puntos de encuentro y de socialización femenina. Allí, mientras lavaban la ropa, las mujeres hablaban, intercambiaban opiniones y se explicaban las penas y las alegrías. De ahí que, en catalán, tal como se recoge en los diccionarios, fer bugada (hacer la colada) signifique hablar de temas privados, chismorrear. La tarea de lavar la ropa era bastante dura, porque normalmente era necesario cargarla en brazos arriba y abajo; las mujeres que lavaban en el río lo hacían arrodilladas y el agua estaba fría todo el año, por lo que en los meses de invierno las condiciones eran especialmente duras.

Mercè Tatjer, catedrática de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad de Barcelona publicó, en el 2002, en el número 119 de la revista electrónica Scripta Nova, un artículo bajo el título “El trabajo de la mujer en Barcelona en la primera mitad del siglo XX: lavanderas y planchadoras”, en el que explica: “El de lavandera fue, seguramente a lo largo del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, uno de los oficios más peculiares y con mayor permanencia en la ciudad entre los ejercidos por las barcelonesas de clases populares. La falta de agua corriente junto a la inexistencia de espacios adecuados en el interior de la mayoría de edificios de viviendas y la consiguiente imposibilidad de instalar lavaderos, obligaba a realizar estas tareas fuera del hogar en lavaderos públicos.”

El municipio de Horta, al pie de la sierra de Collserola, había tenido siempre bastante agua de los arroyos y los torrentes que bajaban de la montaña, y esta abundancia hizo que algunas mujeres emprendedoras convirtieran la actividad de lavar ropa en una profesión que en algunas casas llegó a extenderse por varias generaciones. La misma Mercè Tatjer explica: “Una gran parte de la colada de la ciudad, en especial de capas medias y altas, se realizaba en gran parte desde fines del siglo XVIII fuera del espacio edificado, en la parte norte de la ciudad en el barrio de la Clota dentro del antiguo municipio de Horta; sus lavanderas, junto con las del barrio de Sant Pere, fueron las de mayor fama por «su pulcritud y honradez»”

En Horta hubo auténticas sagas de hasta tres y cuatro generaciones de lavanderas. En el año 2005 la asociación Mujeres de Horta impulsó el proyecto “¿Quién tiene ropa para lavar?” Que fue llevado a cabo por la Comisión Proyecto Lavanderas con el objetivo de recuperar la historia de las mujeres lavanderas. La iniciativa cristalizó en una exposición que llevó el mismo nombre que el proyecto inicial y que era el grito que hacían las lavanderas cuando trataban de captar clientes por las calles de Barcelona: “¿Quién tiene ropa para lavar?” También se publicó un libro con el mismo título.

La exposición y el libro recogen una serie de entrevistas con lavanderas que todavía vivían en el momento de realizar la investigación, algunas de las cuales eran las últimas lavanderas de aquellas estirpes de mujeres que se ganaban la vida lavando la ropa de otras personas. Una de estas entrevistadas, Joaquima Botey, explicaba: “Mi bisabuela ya lavaba ropa, y también mi abuela y mi madre, y sus tres hermanas. Yo misma empecé a lavar pañuelos a los 11 años y no lo dejé hasta los 78 años.”

Otro de los testimonios recogidos en el libro es el de Àgueda Samsó, que explicaba: “Nos levantábamos a las cuatro de la mañana para empezar a lavar. Venían siete u ocho mujeres a trabajar. Nosotras mismas, con la tartana, hacíamos los viajes yendo y viniendo de la ciudad para los cerca de cincuenta clientes que teníamos fijos: lavar y blanquear, tender con cuerdas y palos, en el huerto. Habíamos acumulado, en una semana, alrededor de cuatrocientas piezas grandes que había que airear y después plegar. La ropa iba marcada con hilos de colores, uno para cada cliente.”

El recorrido habitual que efectuaban las lavanderas hasta Barcelona pasaba por el antiguo camino de Horta, hoy paseo de Maragall, y después seguía por la actual calle del Freser, e iba bajando hacia el antiguo Portal Nou, más o menos donde hoy está el Arco de Triunfo, y entraba en Ciutat Vella. En total, unos 7 kilómetros de camino, sin contar el recorrido que seguían dentro de la ciudad. Había casos en los que los hombres llevaban los carros con la ropa limpia hasta un lugar determinado que hacía de punto de distribución y donde esperaban que las lavanderas volvieran con la ropa sucia que habían recogido en casa de la clientela. Con todo, el peso del negocio lo llevaban las mujeres. Eran ellas quienes cerraban los tratos con la clientela, lavaban la ropa, llevaban la contabilidad. En definitiva, ellas eran las responsables de todo el proceso, porque, como explicaba alguna de las lavanderas, incluso las había que llevaban los fardos de ropa a cuestas, bajando a Barcelona con el tranvía.

En el barrio de la Clota y en la calle de Aiguafreda, en Horta, junto al final del paseo de Maragall, todavía quedan casas con pozos y lavaderos donde habían trabajado, haciendo la colada, varias generaciones de mujeres del barrio.

La exposición “¿Quién tiene ropa para lavar?” Estuvo en la Biblioteca Can Mariner del 2 al 29 de abril de 2008; y ese mismo año, del 18 de septiembre al 13 de diciembre se pudo ver en el Centro de Cultura de Mujeres Francesca Bonnemaison. El Casal de Entidades Mas Guinardó la recuperó en marzo del año 2012 y también ha estado en otros lugares de Barcelona y Cataluña.

Pies de foto: Dos mujeres lavando ropa en un lavadero público en una fecha entre 1950 y 1970. Autor: Felip Capdevila – AMDHG. | Mujeres lavando ropa en la Gran Vía en 1917. Autor Frederic Ballell – AFB. | Lavadero ante unas casas de la calle de Fontanet. Desaparecieron en 1941. Autor: R. Aleñà – AMDHG. | El paseo de Maragall, paso habitual de las lavanderas camino de Barcelona, a la altura de los Quince. A la derecha, se puede ver la Torre Llobeta y al fondo, Horta (1930-1932). Autor: Josep Domínguez – AFB. | Casa con pozo y lavadero en la calle de Aiguafreda, en el barrio de Horta, en el 2014. Autor JAF. | La calle de Aiguafreda en 1974. Autor: Rafael Costa – AMDHG. | Albarán de entrega de ropa de una lavandera. Año 1893. AMDSM. | Lavadero de Can Blai, en Horta, entre 1960 y 1970. Autor Desconocido – AMDHG.