Recorrido por los vestigios de la historia de Barcelona

15 febrero, 2018 | Barceloneses, Insólito

¿Qué es el graó barceloní (el escalón barcelonés)? ¿Hay algún megalito en Barcelona? ¿Un dolmen o un menhir? ¿Quedan restos del Rec Comtal más allá de su presencia en el nomenclátor de las calles? ¿Hay todavía algún puente medieval? ¿De dónde vienen algunos nombres de calles como la Creu Coberta? ¿Cómo eran las barracas del Paral·lel? ¿Qué se hacía en estas? ¿Por qué las rondas de Sant Pau, de San Antoni, de la Universitat y de Sant Pere tienen la forma que tienen y rodean Ciutat Vella? ¿Dónde estaban las termas de la Barcino romana? Estas y muchas otras preguntas encuentran respuesta en el libro Barcelona, ciutat de vestigis, del autor Enric H. March, editado por el Ayuntamiento de Barcelona.

Pasear por las calles de la ciudad con una cierta atención permite al caminante curioso descubrir rincones, detalles, restos, vestigios… que ayudan a saber cómo había sido Barcelona en tiempos pretéritos y por qué hoy es como es, o de dónde viene el nombre de una calle, un barrio, un espacio o un edificio. En el libro Barcelona, ciutat de vestigis. Paseos por las huellas de la historia, Enric H. March muestra hasta 177 puntos de la ciudad donde, de una manera o de otra, afloran estos detalles que permiten descubrir historias de la historia de Barcelona.

En la presentación del libro, el autor explica cuál es su intención y cómo lo quiere conseguir: “A través de viejos caminos, algunos anteriores a la Barcelona romana, viajaremos en tartana a Horta, seguiremos los pasos de las legiones por la Via Augusta y nos perderemos por las callejuelas del Call, asistiremos al nacimiento del Paral·lel y a la desaparición de Icària…” Y asegura: “Finalmente, veremos también qué función han tenido la ciencia, el espectáculo y el entretenimiento en la construcción de la ciudad y qué vestigios han dejado. Y, en un camino que habremos empezado hacia Montjuïc, que es donde nace Barcelona, acabaremos en el Cielo.”

El libro está organizado a partir de nueve itinerarios que permiten recorrer la ciudad en el descubrimiento de uno u otro vestigio. El primero de los itinerarios comienza allí donde se han encontrado los restos de la primera ocupación humana en la ciudad, la montaña de Montjuïc. Es aquí donde se ha documentado la presencia de íberos, y es aquí donde durante años salió la piedra para construir edificios en la ciudad. Y es a la piedra que está dedicado el primer capítulo, que habla de los megalitos que se han documentado en Barcelona, como un dolmen en Montjuïc y otro en el Camp de l’Arpa, que habría dado nombre al barrio, o la punta de un posible menhir que sobresale del suelo en Pedralbes. También habla del taller de jaspe, en los alrededores de las cuevas del Morrot, al pie del castillo de Montjuïc.

El segundo paseo que propone el autor recorre la Barcino romana: los restos del acueducto de la plaza del Vuit de Març, o las arcadas reconstruidas de la plaza Nova, que entran por la fachada posterior de la Casa de l’Ardiaca, en el interior de la cual sí hay las secciones de un par de tramos, ahora sí, auténticos, del acueducto. Pero estos no son los únicos vestigios del acueducto barcelonés, también los hay en la calle de Fernando Pessoa, en Sant Andreu de Palomar. Otros restos de la época roma son bien conocidos, como las columnas del Templo de Augusto, en la calle del Paradís o el subsuelo de la plaza del Rei.

Barcelona es mucho más que la ciudad antigua, y aunque sea aquí donde se concentra un buen número de vestigios del pasado, también hay muchos otros repartidos por el territorio. Recorrer los caminos que llevaban a los antiguos pueblos del llano permite descubrir cómo la ciudad ha crecido adaptándose a la orografía. Este es el caso que Enric H. March explica en el tercer capítulo del libro: “El camino de Horta es más antiguo que Horta. Además, no hay un solo camino que lleve a Horta, sino una combinación de senderos, carreteras y rieras que se encuentran y se vuelven a alejar. Durante varios siglos, diferentes tramos de diferentes caminos quedaron unidos y fueron conocidos como el camino de Horta. A partir del siglo XIX, sin embargo, muchos de los senderos volvieron a divergir, ahora ya convertidos en calles urbanas. “En los alrededores del camino de Horta se pueden encontrar antiguas masías, como Can Miralletes, Can Garcini o la Torre Llobeta, algunas casitas modernistas, torres de agua o el conjunto arquitectónico de Vilapicina.

El Rec Comtal es una infraestructura hidráulica milenaria sin la cual no se puede entender el desarrollo urbano de la zona noreste de la ciudad. En Vallbona todavía queda un tramo al descubierto y en su paso por barrios como Sant Andreu de Palomar, el Clot, el Fort Pienc y la Ribera ha ido dejando rastros físicos y en el nomenclátor de las calles. En el yacimiento del Born se puede ver un tramo del antiguo cauce.

Otro camino antiguo que pasaba por las actuales calles de la ciudad es la Via Augusta, que, explica el autor: “Desviaba su trazado interior para poder entrar dentro de Barcino. Desde el norte, la vía pasaba por las actuales calles del Portal Nou, de los Carders, de los Corders y de la Bòria, la plaza del Àngel, la calle de la Llibreteria, la plaza de Sant Jaume, las calles del Call, de la Boqueria, la plaza del Pedró y la calle de Sant Antoni Abat, al final de la cual se abría el portal.” En este recorrido se pueden ver edificios como la Casa de la Generalitat, levantada en el siglo XVI en estilo gótico, que se encuentra en la calle de Sant Antoni Abat, o el antiguo Hospital de la Santa Creu.

A lo largo de la historia, hasta tres murallas rodearon la ciudad y la constriñeron hasta que fueron derribadas en 1854. Sin embargo, aún sobreviven en el trazado de calles y plazas, como las rondas de Sant Antoni, de Sant Pau, de la Universitat o de Sant Pere; y también se pueden ver todavía algunos lienzos de la muralla romana, en calles como la de la Tapineria o del Sotstinent Navarro; y de la muralla medieval, en las Drassanes, en el punto donde comienza la avenida del Paral·lel, que es otro de los itinerarios que propone el autor, que sigue un recorrido por el tipo de ocio, muy popular a principios del siglo XX, pero poco conocido hoy, en el que destacaban, junto a las barracas de los primeros cinematógrafos y los espectáculos más canallas, otros que explotaban el morbo de la gente, como el Cabaret de la Muerte o los museos anatómicos, que atraían al público por el hecho de mostrar figuras desnudas.

Los dos últimos capítulos proponen acercarse al litoral y a la Ciutadella. Uno sigue un recorrido por el Somorrostro, donde hubo un importante grupo de chabolas, el Hospital de Infecciosos —hermano del actual Hospital del Mar—, o los vestigios de las fábricas que hubo en la avenida de Icària, que a principios del siglo XX era todavía un paseo arbolado que llevaba hacia el cementerio del Poblenou, con las vías del tren a un lado e industrias y viviendas para obreros en el otro lado. El último recorrido es por el parque de la Ciutadella, que fue el primer parque público de la ciudad y que fue concebido como lugar de encuentro de la ciencia, el conocimiento y la tecnología, tal como se entendía en las últimas décadas del siglo XIX. Y hablando de ciencia, el libro termina con una mirada al cielo que recuerda la figura de Josep Comas i Solà, impulsor de la astronomía en Cataluña y descubridor de varios asteroides, a uno de los cuales puso el nombre de Barcelona.

Pies de foto: Vista de Barcelona pintada por Antonio Castelucho 1882. El parque de la Ciutadella domina la parte inferior de la ilustración al lado de la plaza de toros de la Barceloneta y el puerto, mientras Barcelona se extiende hacia Collserola y Montjuïc. Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona. | La Piedra del Ángel, situada en medio de la puerta del monasterio de Pedralbes. La forma redondeada que sobresale del suelo recuerda la punta de un menhir enterrado. Autor: Jordi Balanyà. | Pasaje de León, desde la entrada por la calle de Cartagena, construido sobre el trazado del antiguo camino de Horta. Autor: Jordi Balanyà. | Conjunto arquitectónico de Santa Eulàlia de Vilapicina, situado en el paseo de Fabra i Puig, junto a la plaza del Virrei Amat. Autor: Jordi Balanyà. | Vista actual del puente medieval de Vallbona, después de haber sido remodelado. Autor: Francesc Ayats. | Campamento sanitario de la Constitución, grabado de 1821 de Louis Vuillaume, en el que se puede ver la Creu Coberta en la parte inferior. El campamento sanitario es el núcleo de chabolas que se ve en la montaña de Montjuïc, construido para acoger a la gente que huía de la ciudad durante la peste amarilla de 1821. AHCB. | Grabado del Portal del Àngel o de los Orbs, a principios del siglo XIX, con el puente que permitía salvar el foso defensivo de la muralla medieval. AHCB. | Portal del Mar en el Pla de Palau c. 1857. Archivo Fotográfico de Barcelona. Franck. | La avenida de Icària, a principios del siglo XIX, cuando todavía era un paseo arbolado que conducía hacia el cementerio del Poblenou, donde fueron a parar los huesos trasladados de los cementerios parroquiales de la Barcelona amurallada. Autor desconocido. AFB.