Santa Eulalia, una devoción barcelonesa que viene de antiguo

10 febrero, 2015 | Barceloneses, Insólito

El día 12 de febrero se celebra la festividad de Santa Eulàlia, una joven barcelonesa que, según la tradición, murió martirizada en la ciudad en tiempos del emperador romano Diocleciano. Aunque existe cierta confusión con la santa homónima de Mérida, y varios estudiosos se decantan más por la existencia real de la santa extremeña y no por la de la barcelonesa, lo que es indudable es la gran devoción que siente la ciudad por su figura desde la época visigótica.

Cuenta la leyenda que Eulalia era una adolescente de 13 años que vivía con sus padres, una familia acomodada, en el Desierto de Sarrià. Algunas versiones dicen que alguien la denunció porque quería quedarse con parte de la fortuna familiar y otras, que fue ella quien se presentó ante el gobernador Daciano para recriminarle que se persiguiera a los cristianos. Sea como fuere, Daciano la apresó y la sometió a trece martirios de gran crueldad, uno de los cuales fue, según explica el folclorista Joan Amades en el Costumari Català: “meterla desnuda en una cuba llena de cristales y clavos para que se hiriera y lacerara dolorosamente, cuba que fue lanzada por el lugar que hoy se conoce como la bajada de Santa Eulàlia”.

Algunas versiones de la tradición dicen que el cuerpo de la santa fue enterrado en un lugar desconocido para que las autoridades romanas no pudieran localizarlo. No fue hasta el año 878 cuando el obispo Frodoí encontró unos restos en la iglesia de Santa Maria de les Arenes, templo sobre el que se erigió, posteriormente, Santa Maria del Mar, y los identificó como los de la santa.

En el siglo XIII, la población y las autoridades de la época decidieron que el mejor lugar para que su patrona reposara era la catedral de la ciudad, y se organizó una procesión solemne para el traslado de sus restos. Al llegar a la altura de la actual plaza del Àngel —que entonces era la plaza del Blat—, su cuerpo se hizo tan y tan pesado que era imposible moverlo. Joan Amades explica: “Mientras todo el mundo, de rodillas en el suelo, clamaba misericordia y ayuda del cielo, se vio bajar a un ángel que, con el dedo extendido, señaló de forma muy insistente a uno de los canónigos de la sede que habían intervenido en el traslado”. Resulta que se había quedado con un dedo del pie de la santa para conservarlo como una reliquia. Una vez devuelto el dedo a su sitio, la comitiva pudo proseguir sin más problemas.

Para acoger el cuerpo de la santa, se construyó una tumba gótica con elementos románicos en la actual cripta de Santa Eulàlia de la Catedral. El sepulcro, que está hecho de mármol policromado, reproduce escenas de su vida y los martirios a los que fue sometida. Asimismo, en el claustro de la Catedral hay trece ocas en recuerdo de los años que tenía santa Eulalia y del número de martirios que sufrió.

La devoción barcelonesa por esta santa llegó a adquirir tal importancia que durante más de 125 años —entre 1588 y 1714—, su pendón procesional fue la única bandera de Barcelona, y en caso de conflicto o peligro grave para la ciudad, esta se encomendaba a su patrona y colgaba su pendón de la ventana principal de la fachada del Ayuntamiento para invocar su protección. En el libro Les dones de 1714, Patricia Gabancho explica cómo la santa defendió la ciudad: “Durante el famoso asedio de 1706, en el que el Borbón salió escaldado, la patrona obró un milagro. Ella no salió de su guarida, pero sí su cruz, que se extendió para cubrir toda la ciudad y barrer literalmente a los atacantes”. Gabancho, según las crónicas del momento, recoge: “Vieron la Cruz de Santa Eulalia en el ayre con los mismos colores del Arco Iris, estando sereno el tiempo”.

La presencia de esta santa en las calles de la ciudad es bastante importante. Hay hornacinas con su imagen bajo la bóveda de la calle del Arc de Santa Eulàlia, donde se cree que estaba la prisión en la que estuvo encerrada, y en la bajada que lleva su nombre, donde se dice que sufrió uno de sus martirios. En cuanto al lugar en el que murió, clavada en una cruz con forma de aspa, existen varias versiones al respecto también. En dos de estos posibles lugares hay una imagen de la santa. Uno es el edificio de la esquina de las calles del Cardenal Casañas y de la Boqueria, ya que se cree que la cruz estaba en el llano de la Boqueria. Otra versión afirma que murió en la actual plaza del Pedró, donde por eso hay, desde hace años, una fuente con una columna sobre la que se encuentra una escultura de la santa con un aspa en una mano y la palma del martirio en la otra.

Si se echa un vistazo al nomenclátor barcelonés no hay duda de la importancia de esta santa para la ciudad. En total tiene dedicados hasta siete espacios. Además de los dos citados, la bajada de Santa Eulàlia y la calle del Arc de Santa Eulàlia, está la calle Nou de Santa Eulàlia y una calle, un paseo, un pasaje y una plaza.

La festividad de Santa Eulàlia siempre ha sido bastante popular en Barcelona, con todo tipo de celebraciones religiosas y civiles. En los últimos años se ha recuperado como la Fiesta Mayor de Invierno de la ciudad, en la que se organiza un amplio programa de actividades de cultura tradicional y popular.