Barcelona, una ciudad de fuentes

13 mayo, 2013 | Insólito, Tu Ayuntamiento

Una ciudad como Barcelona dispone de múltiples servicios que funcionan día a día. Se sabe que están ahí, pero no se tiene mucha conciencia de su existencia, y menos de su funcionamiento, a no ser que se requieran en un momento determinado. Es en el momento en que se necesitan cuando se hacen evidentes. Uno de estos servicios es un elemento que forma parte del paisaje urbano. Pasamos a menudo por su lado, pero apenas nos damos cuenta, hasta el día en que estamos sedientos y necesitamos agua para hidratar nuestro cuerpo. Estos elementos son las fuentes de agua potable.

Barcelona es una de las ciudades con más fuentes de uso público: hay alrededor de unas 1.600 repartidas por todos los barrios. Eso sí, no hay un modelo único, aunque uno de ellos predomina por encima del resto. No tiene un nombre concreto, porque cada fabricante le ha puesto uno diferente, pero los técnicos lo conocen como serie Barcelona. Repartidas por las calles de la ciudad hay unas 825 fuentes de este modelo, 63 de las cuales son dobles: tienen dos salidas de agua, una por delante y la otra por detrás.

En la ciudad hay muchos tipos de fuente diferentes. Además de la serie Barcelona, existe la llamada serie Capilla, así como el modelo Canaletes, que toma su nombre de la emblemática fuente de La Rambla. Hay otros diseños más modernos, como el Afrodita, muy utilizado en época de las olimpiadas, o el Atlàntida, más actual. Repartidas por las calles de la ciudad, sobre todo en el casco antiguo, también hay fuentes históricas, como la Fuente de la Portaferrissa, en la calle Portaferrissa, 2, o la Fuente Pública de la Travessera de Gràcia, 126; y otras patrimoniales, porque, de hecho, son monumentos.

Técnicos del Departamento de Abastecimiento del Área de Hábitat Urbano del Ayuntamiento explican que a finales del siglo XIX Barcelona vivió una importante revolución en el abastecimiento de agua de la ciudad al pasar de usar la gravedad a utilizar el sistema de presión. Y a finales del siglo XX se efectuó otro cambio importante. A raíz de las repercusiones de la sequía de los años 1998-1999, se hicieron algunas modificaciones técnicas, y ahora todas las fuentes públicas de agua potable de la ciudad tienen un pulsador y un temporizador con el fin de evitar el malgasto de agua. Otro elemento que tienen, aunque no se vea, es un contador. Así se puede realizar un seguimiento preciso del gasto de agua y llevar a cabo una gestión más eficiente.

En este blog ya hemos hablado de las fuentes de Barcelona en otras ocasiones. Hay una entrada sobre las Wallace o sobre la Fuente de Canaletes. Próximamente, volveremos para explicar cómo se hace el mantenimiento del conjunto de fuentes de la ciudad y para conocer curiosidades de las fuentes históricas, las cuales ya forman parte del patrimonio barcelonés.