Pérez de Rozas, los cronistas gráficos de la ciudad del siglo XX

20 noviembre, 2015 | Barceloneses, Insólito, Tu Ayuntamiento

Gran parte de las imágenes que piden los usuarios del fondo del Archivo Fotográfico de Barcelona llevan una misma firma: Pérez de Rozas, porque esta estirpe de reporteros gráficos siguió, día a día, el latido de la ciudad y aportó al Archivo fotografías durante casi sesenta años. La exposición “Pérez de Rozas. Crónica gráfica de Barcelona (1931-1954)” recoge una muestra de este fondo a la vez que repasa la vida de esta saga y, sobre todo, de quien la inició.

Carlos Pérez de Rozas Masdeu nació en Madrid en 1893 en el seno de una familia acomodada. Su padre era militar y delegado de la Hacienda española en Filipinas. Pero la pérdida de las colonias en 1898 y la muerte del padre cambiaron el destino de la familia. En 1903 la madre, María Luisa Masdeu, decidió trasladarse a Barcelona, donde ya vivía el hijo mayor, José Pérez de Rozas Masdeu, que era periodista, político republicano y secretario del todopoderoso marqués de Foronda.

Andrés Antebi, Teresa Ferré y Pablo González, autores del texto biográfico que se publica en el libro catálogo Pérez de Rozas: Crònica gràfica de Barcelona (1931-1954), explican los inicios del fotógrafo en Barcelona: “Los contactos con la élite local permitieron a los recién llegados establecerse con relativa comodidad en Barcelona. Una de las personas que más los ayudó fue Rafael Roldós, pionero en el negocio de la publicidad en la prensa escrita y propietario del diario Las Noticias, entonces uno de los rotativos de referencia. Roldós abrió las puertas del oficio periodístico a Pérez de Rozas en 1911 incorporándolo como ayudante de redacción de la plantilla. Allí, realizando todo tipo de tareas auxiliares, le nació la pasión por las informaciones de actualidad.”

Pérez de Rozas comenzó la carrera como fotógrafo junto a grandes nombres del fotoperiodismo barcelonés como Merletti, Ballell o Brangulí. Además de trabajar para Las Noticias, en aquellos primeros años publicó en otros medios como Stadium, La Hormiga de Oro o La Unión Ilustrada.

La década de 1920 fue muy importante para el fotógrafo, porque en 1922 entró a trabajar en el Ayuntamiento para dejar constancia gráfica, con otros profesionales del momento, de los cambios que vivía la ciudad en la preparación de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. Años más tarde, todas estas imágenes pasaron a formar parte de los fondos del Archivo Histórico de la Ciudad.

El día 4 de agosto de 1931 se produjo un hecho que uniría el nombre Pérez de Rozas con lo que terminaría siendo el actual Archivo Fotográfico de Barcelona. Así lo explica Jordi Calafell en el libro citado: “El Gobierno de la Generalitat acordó conceder al Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona (AHCB) —que en aquella época asumía el rango de archivo nacional— una subvención de cinco mil pesetas con el objetivo de recoger y conservar material gráfico (fundamentalmente fotografías) relacionado con la proclamación de la República y con la vida social y política de la nueva etapa.” Era el inicio de la Crónica Gráfica, una recopilación fotográfica de todo tipo de actos que tenían lugar en la ciudad día a día.

Aquellos años de la década de 1930 fueron de cambios sociales y, también, de importantes avances técnicos para el mundo de la fotografía. Aparecieron cámaras más portables y manejables, el fotógrafo podía olvidarse del trípode y también de las placas de vidrio. Esto hizo que evolucionara también la manera de enfocar y de trabajar. Xavier Antich explica en el catálogo de la exposición: “Hay que remarcar que Pérez de Rozas ya forma parte de la generación de fotoperiodistas más innovadores, antes que a la generación a la que, por edad y formación, hasta entonces había pertenecido.”

Fue en los años de la República cuando los dos hijos mayores de Pérez de Rozas, Pepe Luis y Carlos, comenzaron a tomar fotografías, y el trabajo del patriarca se convirtió en un auténtico negocio familiar. La firma se mantuvo igual, Pérez de Rozas, sin distinguir quién de los tres era el autor de las fotografías. De hecho, trabajaban en equipo, tal como lo explicaba Carlos Pérez de Rozas hijo en una entrevista publicada en Solidaridad Nacional el 3 de noviembre de 1967, un fragmento de la cual aparece reproducida en la exposición: “Éramos tres a actuar, papá, Pepe Luis y yo. Uno esperaba al personaje en el muelle o en el aeródromo; hacía las fotos del recibimiento. Otro impresionaba escenas callejeras. Otro se situaba en lugares estratégicos, a los que sabíamos que iría el personaje.”

El catálogo de la exposición empieza con un texto de Emilio Pérez de Rozas, uno de los nietos del fundador de la saga, en el que explica cómo era la vida en el piso de sus abuelos, en la ronda de la Universitat, que era a la vez vivienda, sede del negocio familiar y laboratorio, donde otro de los hijos, Manolo, revelaba y positivaba las fotografías que luego se enviaban a los diversos medios con los que colaboraban. Y también explica que su abuela, Consuelo Sáenz de Tejada, era quien se encargaba, con la ayuda de la hija mayor, Mercedes, de las cuentas y de archivar las fotografías, lo cual se hacía por riguroso orden cronológico.

Al estallar la Guerra Civil, los Pérez de Rozas ya se encontraban en un nivel profesional reconocido, y un grupo de anarquistas registró la casa familiar y dañaron numerosas placas de vidrio de fotografías en las que aparecía Alfonso XIII; pero esto no fue obstáculo para que posteriormente trabajaran para el sindicato anarquista haciendo la cobertura de mítines y otras actividades, como homenajes a Durruti. Terminada la guerra, sin embargo, siguieron trabajando tanto para el Ayuntamiento como para los diarios de la época, sobre todo, para La Vanguardia. De hecho, incluso se convirtieron en los artífices de la iconografía oficial del nuevo régimen. Sin embargo, en la exposición se muestra un expediente de depuración, cosa nada extraña, porque en aquellos primeros momentos de la posguerra cualquier persona que hubiera trabajado para la Administración pública tenía que pasar un proceso de depuración para poder seguir trabajando, si lograba pasarlo.

Carlos Pérez de Rozas Masdeu murió el día 2 de abril de 1954 con la cámara en la mano, cubriendo la llegada del barco Semíramis. Aunque sus hijos no querían, fue a cubrir el acto desde Montjuïc y después quiso bajar a la basílica de la Mercè, pero murió al llegar a la calle Ample, víctima de un infarto.

La exposición presenta un total de 123 fotografías, la mayoría de las cuales son de época y autor, aunque hay unas cuantas de tirada actual. También hay 3 pantallas táctiles digitales, en las que se pueden visualizar un total de 600 fotografías. Y también hay un espacio web a través del cual se puede ver la exposición y donde, a través de un enlace con el nombre “Fem memòria”, las personas que lo deseen pueden añadir información de la gente que aparece o del lugar donde está tomada la foto.

Pies de foto: Milicianos en la calle Ample durante la revolución de julio de 1936. | Celebración familiar en casa de los Pérez de Rozas en la década de 1930. El iniciador de la saga, en la cabecera de la mesa, con pajarita. Autor: Desconocido. | Ayuda infantil en la retaguardia, 1936. | Participantes en el concurso de Miss Europa de visita en Sitges, 1933. | Intervención del presidente Companys con motivo del Onze de Setembre de 1937. | Descubrimiento de una placa de homenaje a Durruti en la Vía Laietana, 1937. | Manifestación por la caída de Madrid, 1939. | Asamblea del PSUC, 1938. | Autor de todas las fotos, excepto de la indicada: Pérez de Rozas – Archivo Fotográfico de Barcelona.