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Asesinadas por defender el medio ambiente

20 Noviembre 2020

25N. La Fábrica del Sol conmemora el 25N recordando algunas de las mujeres que han sufrido y sufren violencia por ser activistas ambientales.

El 25 de noviembre, 25 N, es el Día internacional para la eliminación de la violencia hacia las mujeres y se escogió esta fecha internacionalmente para conmemorar el violento asesinato de las hermanas y activistas políticas Minerva, Patria y Maria Teresa Mirabal, asesinadas por la policía secreta del dictador Rafael Trujillo en la República Dominicana.

En La Fábrica del Sol queremos conmemorar el 25 N, de dos maneras:

1. Invitándoos a asistir a dos actividades que abordarán la lucha contra la violencia desde dos vertientes diferentes:

El 25N, dibujemos para crear el mundo que queremos, un taller de dibujo en que la ilustradora Àfrica Fanlo nos guiará para invocar a través del trazo y el color el mundo que queremos: sin violencia contra la mujer y la naturaleza.

25N: Violencia de género en contexto de conflicto ambiental, un coloquio para exponer las violencias que sufren las mujeres en los conflictos ambientales.

2.Recordando algunas de las mujeres que han dado su vida por la defensa del medio ambiente, sabiendo que nos dejamos a muchas por el camino. A todas ellas, gracias y aquí nuestro pequeño homenaje:

Berta Cáceres, murió asesinada en 2016, en Honduras. Tenía 42 años y era una mujer muy vital, comprometida con el medio ambiente y los derechos de las poblaciones indígenas. Había luchado siempre contra los intereses de las empresas mineras e hidroeléctricas que se apropiaban de los recursos naturales de su territorio. En el 2015 ganó el Premio Goldman del Medi Ambient, el llamado Nobel Verde. En 2016, lideró una campaña contra la empresa hondureña Desarrollos Energéticos Sociedad Anónima (GUARDA) y otras empresas porque querían construir un embalse en el río Gualcarque (Agua Zarca), un río que era vital para el pueblo lenca, al cual ella pertenecía. El Gualcarque es un río sagrado para la comunidad lenca y de él depende buena parte de su seguridad alimenticia e identidad cultural. Esta lucha le causó la muerte, y aunque los autores materiales del crimen han sido condenados, el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) denuncia que los autores intelectuales e inductores del asesinato todavía no. Hubo sentencia pero no justicia, afirman.

Emilsen Manyoma, fue asesinada en 2017 junto con su pareja. Era afrocolombiana, tenía 31 años y era miembro de CONPAZ (Comunidades Construyendo Paz en los Territorios). Mujer fuerte y valiente, había dedicado su vida a luchar contra los grupos paramilitares de extrema derecha, las grandes empresas mineras y agroalimentarias y contra los narcotraficantes. La principal razón del asesinato de Emilsen fue su implicación contra los intereses de las grandes empresas y de los grupos paramilitares.

En 2017 también fue asesinada Leonela Tapdasan Pesadilla en Filipinas, por defender su comunidad ante proyectos mineros a gran escala y Laura Leonor Vásquez Pineda, en Guatemala, por defender sus tierras contra los intereses mineros.

Nora López y Estelina López fueron asesinadas en 2019 en el estado de Chiapas, en México. Las dos eran mujeres activistas por el medio ambiente. Estelina tenía 43 años, era indígena y luchaba por el derecho y la defensa de la tierra como medio de subsistencia. Nora era bióloga y ambientalista, y era la encargada de un proyecto de reproducción de la guacamaya roja en el Parque ecoturístico Aluxes.

En 2020, Otilia Martínez de 60 años y su hijo de 20, también fueron asesinados por oponerse a la deforestación ilegal de las tierras tarahumares en la Sierra Madre de México.

La ONG Global Witness denuncia que está aumentando de forma preocupante los asesinatos contra las personas que se oponen a los intereses de las empresas madereras, las mineras, las energéticas y las agroindustriales y que sólo en el 2019 murieron 212 personas. Por término medio en el mundo, son asesinadas 4 personas defensoras del medio ambiente a la semana. En torno al 10% de las víctimas son mujeres, la mayoría indígenas. Además, un elevado número de personas defensoras de la tierra son silenciadas con violencia, tortura, amenazas de muerte, arrestos o demandas judiciales.