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Cotorreando por Barcelona

21 Agosto 2018

Cápsula de sostenibilidad. Seguro que os suenan las populares cotorras argentinas y muy probablemente las habréis visto o escuchado. ¿Ahora bien, qué sabemos de este pájaro? ¿Causa problemas en la ciudad? ¿Se controlan las poblaciones? ¿Cómo llegaron a Barcelona?

Las encontramos en nuestros parques y volando por la ciudad y a menudo las oímos charlar incansablemente. Son las cotorras, unos loros que por su simpatía y su color vistoso, se convirtieron en uno de los animales de compañía preferidos entre los años 70 y 80.

De las jaulas pasaron a vivir en el arbolado vial y en los parques urbanos de nuestra ciudad, ya sea porque se escaparon o por la liberación voluntaria de aquéllos que las habían comprado. Y de no existir en Barcelona ahora conviven con las 83 especias de pájaros nidificantes de la ciudad. Su alta tasa de supervivencia anual de los adultos, un buen éxito reproductor, la falta de predadores y una gran adaptabilidad trófica hace que la población en Barcelona crezca año tras año.

En Barcelona de hecho hay dos especias de cotorras: las cotorras argentinas o cotorritas grises (Myiopsitta monachus) y las cotorras de Kramer (Psittacula krameri). Las podemos distinguir ya que la primera, como muy bien dice su nombre, tiene el pecho gris y el resto del cuerpo verde y es muy habladora mientras que la segunda es toda verde y no es tan parlanchina. En Barcelona mayoritariamente vemos las cotorras argentinas ya que tenemos una población de entre 5.000 o 6.000 ejemplares aproximadamente, según el censo de 2015 que llevo a cabo la organización SEO/BirdLife, un 98% de las de toda Cataluña. Las cotorras de Kramer, en cambio, no llegan a los 350 individuos. Su población se ha evaluado en torno a 170 parejas en la ciudad según datos del  Atlas del pájaros Nidificantes de Barcelona, 2017.

Estas dos especias son especias exóticas porque sobreviven y se reproducen en áreas diferentes de su distribución natural. La cotorrita gris proviene de Sudamérica y la de Kramer del Àsia y el África subsahariana. Además, se las considera exóticas invasoras porque su introducción es un agente de cambio y una amenaza para la diversidad biológica autóctona, porque desplazan las especias o modifican el hábitat.

Desde el 2011 el comercio y la tenencia de estas dos especias de cotorras está prohibido en todo el estado español.

Las dos cotorras dispersan semillas y se alimentan de todo tipo de materia vegetal. En sus lugares de origen son consideradas plagas agrícolas y aquí empiezan a afectar a los cultivos. En el caso de Barcelona se ha visto que empiezan a suponer un problema para los cultivos del área agrícola del Baix Llobregat, sobre todo para la pera, el maíz y la ciruela clàudia.

Como diferencias hay que citar que la cotorrita gris construye grandes nidos comunales encima de los árboles que pueden contener hasta 20 nidos independientes, superar los 2 metros de diámetro y pesar más de 200 kg. Su construcción requiere el uso de miles de ramillas cortadas, con el consecuente impacto en la vegetación ornamental y el inevitable riesgo de caída.

La cotorra de Kramer, en cambio, al nidificar en agujeros de árboles viejos o muros compite con las especias autóctonas trogloditas de Barcelona, cómo pueden ser los murciélagos, las grajillas, los vencejos, los cernícalos y las rapaces nocturnas.

Las cotorras pueden transmitir enfermedades infecciosas y ser una fuente de alérgenos.

La Agencia de Salud Pública de Barcelona hace actuaciones de vigilancia sanitaria y seguimiento y estudio de las poblaciones de cotorra argentina, y el Museo de Ciencias Naturales hace un seguimiento del crecimiento de las poblaciones. Para reducir el riesgo de caída de nidos y ramas se trabaja con uno protocolo de retirada de nidos. En caso de que los nidos estén ocupados se llevan los huevos y/o los pollos a un centro de recuperación de la fauna. Queda por ver si en un futuro esta gestión es suficiente para controlar la población, aunque más allá de estas actuaciones, nos tendríamos que plantear que sentido tiene importar animales de otros lugares como mascotas. ¿Es ético? ¿Qué impacto tiene esta práctica en su lugar de origen? ¿Y para los animales? ¿Cuando llegan aquí, qué consecuencias pueden provocar?

Por dónde empezar:

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