Claudi Feliu: ‟La música era lo que aglutinaba a la gente contra Franco”

Testimonios de la fiesta.

Claudi Feliu vivió de primera mano el panorama musical de la ciudad en los años ochenta. Al principio de la década, organizaba conciertos de las Fiestas de Gràcia, tanto en la plaza del Raspall como en la plaza del Sol. En 1985 entró en el Ayuntamiento como miembro del equipo de producción del programa musical de La Mercè. Para La Mercè de 1987 ya trabajaba de concejal de la Recta de l’Estadi y del Sot del Migdia, y en la producción del Festival Grec. En 1989 dejó el Ayuntamiento y pasó a dirigir la sala Zeleste.

  • ¿Qué música se escuchaba en La Mercè antes de que entraras, en los años sesenta y setenta?
  • La misma que por todo el mundo. La música internacional cambió en los sesenta y ya entraron de lleno los discos. Primero íbamos con retraso respecto a los países de los alrededores, pero después ya nos pusimos más al día.

 

  • ¿Había censura en el mundo musical?
  • Sí. Había censura. Recuerdo conciertos de Raimon o de Lluís Llach prohibidos y con los grises por ahí. En Gràcia hubo uno de Raimon muy sonado. La música era lo que aglutinaba a la gente contra Franco. Era eso de ‟Contra Franco vivíamos mejor”. Todo el mundo estaba de acuerdo en que se acabara. Yo era muy joven y todavía no organizaba nada, pero iba de público al Canet Rock y demás.

 

  • Evidentemente, no podíais hacer fiesta con total libertad, ¿no?
  • La dictadura se notaba en todo. En la música y en todo. Pero también se notaba que se acababa.

 

  • ¿El catalán qué papel tenía, en la música?
  • Hombre, los catalanes cantaban en catalán. Había los Setze Jutges y todos los músicos que querían. Evidentemente, no podías atacar muy directamente a Franco. O hacías como Raimon, que lo disimulaba mucho, como cuando decía ‟diguem no” (digamos no). Alguna vez les venía un ramalazo y te prohibían el festival. Y tenías que cantar dando el mensaje de un modo subliminal, disimulando las letras. Pero acabamos siendo unos expertos y muy a menudo recurríamos al ‟tú ya me entiendes”.

 

  • La Mercè tenía que ser el gran exponente de la transición.
  • Sí, pero también el Festival Grec, que innovó en verano con la Casa de la Caritat, el Pueblo Español y una nueva filosofía.

 

  • Al cabo de unos cuantos años entraste a trabajar en el Departamento de Fiestas.
  • Sí, en el año 85 trabajé tres meses para organizar La Mercè musical, en el 86 también tres meses y a partir del 87 ya pasé a estar fijo. Y además, también, el Grec. En el año 89, con Víctor Blanes, creamos el IMBE, el Institut Municipal Barcelona Espectacles. Cuando ya estuve fijo, entonces me ofrecieron la dirección de la sala Zeleste, el actual Razzmatazz. Y Marta Tatjer, que es quien me vino a buscar, acabó dirigiendo el Mercat de les Flors.

 

  • ¿Cómo es que os vino a buscar?
  • Porque en el 84 era de los que organizaban, como vecino, las Fiestas de Gràcia en la plaza del Raspall. Por ejemplo, trajimos a la Fura dels Baus, que era algo muy diferente a todo lo que se hacía entonces. También organizábamos muchas actividades en la plaza del Sol. Dimos un gran impulso a las Fiestas de Gràcia, que pasaron a ser más culturales y actuales. Marta Tatjer organizó un equipazo, con Víctor Blanes y un montón de gente que cambió la estructura del Ayuntamiento, y me uní a ellos.

 

  • ¿Qué te encontraste allí?
  • Entré en La Mercè en el 85 y después se creó un festival del cual precisamente fui concejal. Se celebraba en la Recta de l’Estadi. Se traía a gente con unas grandes retribuciones, como Chuck Berry, y que, por lo tanto, no los veías en un cualquier lugar. En los noventa se creó el BAM, que era otro tipo de música. Pasó a ser más económico, pero más experimental, con músicas más alternativas. También viví el cambio musical en el Grec: trajimos al Pueblo Español a gente como Miles Davis y George Benson, pagando entrada.

 

  • ¿La Mercè tiene que ser un espacio donde se puedan ver grupos que no se ven el resto del año?
  • Sí, en la Recta de l’Estadi cabían cien mil personas, una barbaridad. Era gratis y podías ver la primera línea de grupos musicales.

 

  • En cuanto al baile más popular, Jordi Pablo, en el libro La Mercè il·lustrada, dice que el baile de entoldado no acabó de arraigar en la ciudad.
  • Con Jordi Pablo, estuve en el 85-86, cuando me ficharon en el Ayuntamiento y montamos la plaza del Sol, allí en Gràcia. Nos decían la Unión Solar. Sobre los bailes de entoldado, yo no he visto muchos. Cuando era un crío iba a las Fiestas de Gràcia, mi barrio, donde se celebraban bailes con un entoldado en la plaza de Sanllehy. Quizá sí que por La Mercè en el año 85 se veía una pizca de este espíritu, con una orquesta en la plaza de Sant Jaume, donde la gente bailaba y escuchaba. Pero no se había cubierto nunca con un entoldado. De hecho, el público sobre todo miraba y escuchaba.

 

  • Y las orquestas, ¿qué papel tenían?
  • Por La Mercè estaban los conciertos de la plaza del Rei, a veces con orquestas y a veces con cantautores, como Maria del Mar Bonet, por ejemplo. En la Catedral también había orquestas. Se organizaban cosas de mucha calidad, pero era más de escuchar, no de bailar. Yo me dedicaba sobre todo a la Recta de l’Estadi.

 

  • Jordi Pablo también explica que una parte del cambio queda clara con las habaneras: en el 78 se hacían en el Liceo y en el 79 ya se pasaron al aire libre, en la plaza del Rei.
  • Todavía faltaban cinco o seis años para que yo entrara a formar parte del equipo organizativo de las fiestas. Además, no es la música con la que yo trabajaba, pero sí, puede ser un cambio claro para explicar la transición. Recuerdo que cuando fichamos a Francesc Fabregat, él tenía mucha estima por las habaneras, el ron quemado… Y sabe mucho de ese tema.

 

  • Según tu opinión, ¿qué papel deben tener actualmente los programas musicales de La Mercè?
  • Yo es que solo conozco el BAM. Además, después, cuando dejé la Zeleste, hacia los 2000, estuve tres años colaborando con La Mercè organizando una parte del BAM que se hacía en la estación de Francia. Pagando un poco, la gente podía ver a grupos muy conocidos, tenía mucho éxito. Trajimos a Saint Germain, a Laurent Garnier… A gente que puedes ver en Benicàssim o en festivales de nivel. Eran grupos que convocaban a mucha gente. Lo que pasa es que después, cuando se remodeló la estación, se dejó de hacer allí.

 

  • ¿Qué se tendría que potenciar?
  • Me parece que no está mal enfocado. Ya se potencia la música y quizás se tendría que buscar más el hueco que haya en Barcelona, como complemento del Grec y todo lo que se hace. Lo que es necesario es que se traiga música de calidad. Que quien monta el BAM sepa adelantarse a lo que pasa en el panorama musical. Quizá sí que me gustaría que hubiera más ferias musicales, con actuaciones como la feria musical de Rennes (Bretaña), donde he ido de público y descubrí a grupos como Ben Harper o Nirvana cinco años antes de que se hicieran famosos. Pero quizá el lugar oportuno no sean las Fiestas de La Mercè.

 

  • ¿La Mercè es la cita más destacada en el panorama musical de la ciudad?
  • En Barcelona ya tenemos el Primavera Sound, el Sónar… Pero el BAM es importante porque es gratuito y mucha gente no tiene dinero para ir a los festivales de pago. Y aquí lo aprovechan para disfrutar. Y hace falta que la gente no encuentre paja, sino grupos que valgan la pena; no cualquier cosa.

 

  • ¿Cuál es el momento que más te gusta de La Mercè?
  • Ahora ya no voy mucho, pero como mi parte es la música, donde más disfrutaba era en los conciertos de la Catedral, que siempre son selectos y bien escogidos. Los buenos conciertos del BAM también me llaman la atención y siempre tienen dos o tres opciones que valen mucho la pena. También son interesantes las músicas del mundo que trae la ciudad invitada o los conciertos de la Antigua Fábrica Damm, donde siempre hay un grupo de nivel.