Subhasta solidària para Open Arms

 

Dice la frase que no dejamos de jugar cuando nos envejecemos, sino que envejecemos cuando dejamos de jugar. Pues ocurre. A veces algunos jugadores dejan de jugar y entonces envejecen. Hay que pensar que siempre a regañadientes, claro. Pero cuando eso ocurre, dejan atrás colecciones de juegos que un día atesoraron con ilusión, con juegos jugados mil veces y otros que salieron poco de la estantería. Hay, en la posesión de los juegos, un efecto similar a la posesión de los libros, son objetos bellos que, desde el estante, prometen contar historias.

No hace mucho un jugador se hizo mayor y quiso legar su colección a la comunidad con la voluntad de que se le diera un buen uso. Se trata de una colección que contiene casi todos los títulos relevantes de los últimos ocho años, la mayoría sin abrir. Después de pensar mucho qué se podía hacer con ese legado y de considerar muchas opciones, seguro que el mejor uso era asegurar que aquellos juegos ayudaran a hacer el mundo un poco menos horrible para la gente que se juega la vida huyendo de la pobreza, la guerra y la explotación del hombre por el hombre. La buena idea era una subasta solidaria en beneficio de Open Arms. Los juegos tendrán un buen destino, llegarán a las estanterías de quienes no quieren hacerse mayores, pero no para prometer grandes historias, sino para contar una de verdad.