La leyenda

  • Una familia, de espaldas, pasea por La Rambla. La niña, sobre los hombros del padre, lleva un globo con forma de dragón
  • Dos niños disfrazados de caballeros leen sentados en el suelo
  • Una escultura metálica de Sant Jordi sobre un caballo
  • Un niño dibuja un dragón sobre los adoquines con una tiza
  • Un mosaico con la figura de Sant Jordi matando al dragón
  • Tres niños se toman una fotografía en un mural con Sant Jordi, la princesa y el dragón

Hace mucho tiempo, un dragón terrible atemorizaba a los habitantes de un pueblecito de Cataluña llamado Montblanc. El dragón causaba estragos en la población y devoraba a los animales de pasto de la aldea.

Para calmar la ira del dragón, los habitantes decidieron que cada día sacrificarían a una persona, escogida por sorteo, y se la ofrecerían como señal de buena voluntad.

Pero un día le tocó a la hija del rey ser el sacrificio. Cuando el dragón la iba a devorar, apareció un hermoso caballero para enfrentarse a la bestia. Era Sant Jordi, que le clavó su lanza, y de la sangre del dragón surgió un rosal de rosas rojas.

El suyo fue un gesto desinteresado y valiente que cambió la historia del pueblo y dio nacimiento a nuestra leyenda, pues, desde entonces, en Cataluña es costumbre regalar una rosa a la persona amada. Sant Jordi, patrón de Cataluña desde el siglo XIX, se convirtió en símbolo del territorio catalán con la Renaixença, movimiento político y cultural que recuperó las señas de identidad catalanas.

Sant Jordi, patrón de Cataluña

Sant Jordi, patrón de Cataluña desde el siglo XIX, se convirtió en símbolo del territorio catalán con la Renaixença, movimiento político y cultural que recuperó las señas de identidad catalanas.
 

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