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Angélica Liddell. Admirada por sus compañeros

Lun 29/06/2020 | 17:45 H

Por Andreu Gomila

La carrera de Angélica Liddell, que presenta en el Grec 'The Scartlett Letter', es de las más personales, arriesgadas y exitosas de la escena española contemporánea. Hace años que decidió trabajar fuera y sus visitas, con cuentagotas, son celebradas por la multitud de fans que posee en Cataluña. Muchos artistas de aquí la tienen como un referente indiscutible. Y hemos querido hablar con algunos de ellos para que nos cuenten qué les gusta de su teatro y por qué es tan importante.

Àlex Rigola
Director de escena

"Primero de todo, me gusta su escritura. Es una muy buena escritora y una poeta en lo visual. En los últimos años, además, hemos visto la transformación de esta poeta visual en filósofa. Sabemos que la poesía llega a lugares donde el ensayo no lo hace. En temas como, por ejemplo, la muerte. Y ella nos ha hablado del amor, de la espiritualidad, a través de preguntas que se hace a ella misma: dónde estoy? ¿Dónde pertenezco? ¿Dónde está mi amor? Liddell me hace reflexionar muchísimo y, al mismo tiempo, encuentro belleza en su escritura, en la plasmación de sus pensamientos.

Ha encontrado un lenguaje muy particular. Siempre habla en primera persona, se abre en canal y te enseña qué tiene dentro. Te muestra sus heridas. Unas heridas que todos tenemos, en menor o mayor cantidad".

Aina Tur
Dramaturga y directora

"Vi en Madrid 'The Scarlett Letter' y, al salir, me dije: esta mujer no me ha cogido el alma, sino que me la ha estrujado, la ha reventado y me la ha vuelto a poner. Sabe reflejar verdades emocionales muy duras de una manera preciosa.

Admiro mucho su compromiso a la hora de crear. Su compromiso con ella misma, porque no desvincula la creación de su vida.

Es una artista incómoda. El creador es alguien que pone la lupa y ella lo que hace es amplificar la incomodidad para tocar al espectador, que nunca queda indiferente. Saca las cosas que escondemos bajo la alfombra. Cuando veo sus obras, además, no tengo ninguna necesidad de análisis intelectual, sólo puedo contemplarlas. Sabe sublimar su sufrimiento con la creación escénica y estética".

Àlex Serrano
Director de escena

"Lo que más me gusta de Angélica Liddell es que sabe llevar a escena una manera de hacer y un relato muy íntimo, que convierte lo visceral en un hecho escénico. Todo lo lleva hacia ella. Por eso su gran virtud es hacer teatro con su biografía y no perder nunca esa intimidad. Porque cuando no habla directamente de ella también está hablando de ella.

Recuerdo muy especialmente 'La casa de la fuerza', donde no paraba de beber cervezas y correr, y un levantador de pesos levantó un coche. En ella todo es siempre muy duro y muy bonito. Sabe combinar escabrosidad y belleza.

Si Proust consigue en la literatura que la diferencia entre la obra y el autor se borre, creo que ella hace lo mismo en el teatro. Su personalidad es indisociable de su teatro".

Tanya Beyeler
Directora y dramaturga

"Su trabajo es único, sólo ella puede hacerlo. Esto es un handicap cuando utiliza otros intérpretes, ya que entonces sabe a poco. Siempre quieres verla a ella, cómo dice el texto, cómo utiliza su cuerpo... Es muy auténtica. Sus puestas en escena son lo que menos me cautiva de ella. Viene del off y siempre ha trabajado igual y, cuando trabaja en espacios grandes, le cuesta. Pero hay que decir que la pones a ella sola en el escenario del Liceu y lo llena todo. No necesita nada más.

Nosotros, en El Conde de Torrefiel, estamos en las antípodas de ella. No nos parecemos ni en la manera de escribir, ni en cómo llevamos el texto a escena. Pero sí nos parecemos en el carácter existencialista de las piezas, aunque desde otro lugar.

Conecto mucho con ella porque cada obra que hace tiene mucho que ver con el momento de su vida. Y lo mejor es que está por encima de las tendencias coyunturales. No responde a ninguna moda".

Helena Tornero
Dramaturga

"Tiene una escritura muy rotunda, con mucha belleza. Y se nota que tiene muy buena base, que vuela muy alto. Habla mucho del sacrificio, del individualismo y yo soy más de lo colectivo. Ha explotado mucho la dramaturgia del yo, de la exposición personal, y en cierto sentido es una precursora de todo esto: nuestra sociedad se ha vuelto muy exhibicionista.

Busca un tipo de teatro que está en los márgenes y siempre ha luchado mucho para abrirse camino en este sentido. Y tiene una gran capacidad para crear imágenes a través de las palabras".

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