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'Ivanov', 'Vania' y 'La gaviota'. Àlex Rigola en tres Chéjov

Mar 22/09/2020 | 23:30 H

Por Andreu Gomila

No sería aventurado afirmar que el redescubrimiento del dramaturgo ruso Anton Chéjov a Àlex Rigola le ha cambiado la vida. De hacer espectáculos en grandes salas, con muchos espectadores, a levantar montajes lo más íntimos posibles, hasta el punto de limitar su aforo a 30 personas encerradas en una caja de madera. El 17 de octubre estrenará en Temporada Alta la versión en catalán de 'La gaviota' que tenía que poner de largo el pasado marzo en La Villarroel y que la pandemia obligó a cancelar. Forma parte de la programación de Grec a Grec y estará en Barcelona el próximo verano.

LA EPIFANÍA
Algo pasó la primavera de 2017. En abril de aquel año, Rigola tenía que estrenar en el Lliure su primer Chéjov, 'Ivànov', pero días antes de la primera función cambió radicalmente de idea. Tenía el vestuario y la escenografía a punto. Y lo tiró todo. Decidió que los actores vistieran con su ropa y que se llamaran por su nombre. Nada de Nikolai, Anna o Sasha. Sino Joan (Carreras), Sara (Espígul) o Vicky (Luengo). Encima del escenario, solo estaban los actores y unos gatitos chinos. Aquí comenzó todo.

'IVÀNOV' EN EL LLIURE
Rigola montó aquella obra como si fuera Jan Lauwers, atrevido, sin complejos, cargando los aspectos íntimos de la pieza, lo que exigía un trabajo extra a los intérpretes, obligados a actuar sin teatralidad. Trasladó el conflicto exterior al interior de los personajes. Cuando se enfrentaban, cuando se acercaban, saltaban chispas reales en escena, en diálogos que azotaban al espectador a la vez que le hacían entender la magnitud del drama. Aquel montaje abrió al director el melón de una nueva teatralidad. Pero necesitaba dar un paso más.

"Vamos a buscar la proximidad, tratamos de establecer una relación más cercana entre actor y espectador"

LA CAJA
Y el paso lo dio con 'Who is me. Pasolini (Poeta de las cenizas)', una pieza para un solo actor (Gonzalo Cunill) y 30 espectadores que se estrenó en el Grec 2017. Esto fue la prueba de fuego, el test que le permitía comprobar si podía convertir el espacio escénico en un artefacto artístico. "Lo importante es que los espectadores entren dentro de un territorio neutro ‒decía entonces el director‒. Estás dentro de una caja donde hay un actor suspendido en el vacío. Queríamos que el público entrara en un espacio aséptico totalmente para poder conservar estas palabras. Hacemos que el espacio sea una pieza de arte. Y aquí lo que estamos buscando es centrarnos en los actores, ir a la esencia. No todos los textos permiten hacerlo... Vamos a buscar la proximidad, tratamos de establecer una relación más cercana entre actor y espectador".

'VANIA' EN EL GREC 2018
La experiencia de la caja con Pasolini fue la previa para el 'Vania' que pudimos ver en el Grec 2018. Amplió el aforo hasta 45 personas, le quitó el techo y pasó de un actor a cuatro (Cunill, Irene Escolar, Ariadna Gil y Luis Bermejo), que tampoco se llamaban Astrov, Yelena, Sonia o Ivan. Los intérpretes apenas se movían, vestían con su ropa y no dejó que se aprendieran el texto de memoria. Cada función era diferente. No había nada fijado. Le pregunté a Escolar que le pedía la función: "La sensación de estar. Parece muy sencillo, pero es lo más complicado para un actor. Simplemente estar allí, con tu ropa, con todo lo que eres tú, sin ninguna capa más. Allí. Esto genera una sensación de desnudez, de fragilidad, de humanidad, tan grande que es como si todo te influyera. Es de las pocas ocasiones que he vivido en la vida en que tengo la sensación de que no me sé el texto. Que el texto sale de mí".

LA EXPERIENCIA ITALIANA
El 2019, Rigola comenzó a fijar su método y a probar de ponerlo en práctica con actores que no eran de su círculo íntimo. Por eso hizo 'Tío Vania' en Italia, en el Teatro Stabile del Veneto, con una importante gira por el país. "Quiero que aparezca la verdad y, para que esto sea así, lo más importante es no mentir. Ya sé que todo es una ficción, pero si hay juego, juego a muerte. Tenemos que estar vivos en el escenario, independientemente de que haya gente o no", aseguraba Rigola.

"El teatro es un espacio de debate, de confrontarse con el público, de hablar con este público directamente, mirando la gente a los ojos"

'LA GAVIOTA' EN EL GREC 2021
Después de cuatro años haciendo Chéjov, Rigola constataba, mientras ensayaba 'La gaviota' la pasada primavera, que el ruso le había permitido interrogarse a sí mismo: "Ponerme en duda y, por tanto, de alguna manera, poner en duda el espectador. Quiero que se haga preguntas, que vea huellas de vida, trozos de vida y eso le lleve a recordar paralelismos de sí mismo". Con 'La gaviota' volvía a subir de escala para hacerlo para más de 200 espectadores en La Villarroel y reescribiendo la dramaturgia para adaptarla a sus intérpretes. "Es una pieza que habla mucho del teatro y tiene esta huella dura, de encontrar nuestra existencia ‒decía Rigola‒. Usamos su historia y sus preocupaciones, rodeados de mis inquietudes, sobre esta profesión. Yo me pongo en el lugar de una persona que tiene 30 años y se enfrenta a una persona que tiene quince más. También me pongo en el lugar de Pau Miró. Y también en cómo quisiera cambiar las cosas". Para el director, "el teatro es un espacio de debate, de confrontarse con el público, de hablar con este público directamente, mirando la gente a los ojos".

TROZOS DE VIDA
Aquel 'Vania' de 2018 llevaba un subtítulo definitivo: 'Escenas de la vida'. Rigola lo cuenta respecto a 'La gaviota': "Llevo cuatro años encerrado en eso. Hay momentos en que suceden cosas muy bonitas. No nos estamos inventando nada, pero a veces están, estas verdades. Me interesan más las personas que los personajes, que se expliquen mediante el texto de Chéjov".

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