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Un teatro sin pasado. El nuevo teatro contemporáneo portugués

Vie 31/05/2019 | 09:45 H

Por Andreu Gomila

Poco o nada sabemos de lo que pasa al otro lado de la península Ibérica. Y si hablamos de teatro, aún peor. Pero en la última década el teatro portugués ha tomado posiciones en Europa y ahora mismo Lisboa ya es uno de los polos creativos a tener en cuenta. Los artistas portugueses recorren los principales festivales europeos despertando admiración, interés, gracias a una manera de hacer propia que contiene una poética alejada del mainstream continental. ¿Auténtico? Quizás esta no es la palabra. En el Grec, podremos ver su máximo exponente, Tiago Rodrigues.

Hace unos meses, los lisboetas Teatro Praga aparecieron de la nada en la Sala Hiroshima. Lo hicieron con una pieza de Pedro Penim llamada 'Before', con un dinosaurio en escena que era interrogado por un psicoanalista. Nos dejaron boquiabiertos. ¿Como es que no habíamos visto nada antes de un colectivo tan bueno, tan original, que hace más de una década que recorre mundo? Lo mismo podríamos decir cuando Tiago Rodrigues pasó por Temporada Alta 2016 con 'António e Cleópatra'. Por suerte, este año, aparte de los Teatro Praga, podremos ver Rodrigues en el Grec con 'By Heart', donde él mismo sube a escena.

UN TEATRO AUTÉNTICO
"La diversidad del teatro portugués es fortísima en los últimos veinte años. Hay una generación de artistas y programadores que han abierto las instituciones y ahora, además, los autores tenemos más apoyo que nunca y muy buena relación con el exterior. Tenemos por delante un bonito horizonte de esperanza". Quien dice esto es el mismo Rodrigues. Él sabe de qué habla. Tiene 42 años, hace cinco  que dirige el Teatro Nacional D. Maria II de Lisboa, trabajó muchos años en Bélgica y ha vivido en carne propia el boom.

Pero, ¿en qué consiste todo esto? Sigue Rodrigues: "Portugal es un país periférico del gran circuito europeo, lo que ha hecho que predomine un teatro muy cercano a las urgencias de los autores. No es un teatro secuestrado por las modas, por lo que seguro que gustará en los grandes festivales. Esto ha hecho que el teatro portugués sea auténtico. Y que tenga una gran vitalidad personal. En la última década, además, se ha hecho un gran trabajo sobre la memoria y nuestra historia. Tenemos un teatro muy inclusivo, con muchas mujeres y muchos artistas negros que están haciendo un trabajo magnífico como autores. La relación con el África lusófona parte de una mirada contemporánea muy libre".

LA 'SAUDADE'
Antes de actuar en Barcelona, el pasado febrero, hablé con Penim, que me remarcaba la mirada atrás que está centrando buena parte del trabajo artístico de muchos directores y autores portugueses. Él, de de hecho, cree que el pasado está sobrevalorado, sobre todo si hablamos de teatro. "El pasado es como los filtros Instagram, que no son siempre reales", dispara. Y la 'saudade', aquella nostalgia de los tiempos pasados tan tópica de los portugueses, no es nada más, según él, que una manera de "justificar el mal de vivir el presente".

Como aquí, la crisis económica en Portugal ha sido catastrófica, lo que ha provocado, dice Penim, "una relación muy esquizofrénica con la 'saudade'". "Nos ha crecido el sentido del humor y nos hacen gracias las propias desgracias: vivimos dramas posdramáticos", remata. Tiene claro, sin embargo, que la risa les ha permitido salir adelante: "No te dejas matar tan fácilmente".

Son difíciles de definir, los Teatro Praga, ya que cambian de estética a menudo, en cada espectáculo (son además un colectivo). Pero sí tienen ciertas líneas maestras, afirma el director: inspiración en las artes visuales y el cine más un lenguaje no formalista e introvertido. "Tratamos de mezclar la forma política de hacer teatro con una estética muy determinada", añade.

SIN UNA GRAN TRADICIÓN
Los artistas portugueses te remarcan constantemente que ellos no han tenido el recurso de poder ir a Shakespeare, Calderón, Molière o Goethe. Que sí, que tienen grandes autores si hablamos de poesía o de narrativa -no olvidemos los insuperables Eça de Queirós, Pessoa, Saramago o Lobo Antunes-, pero de literatura dramática no van sobrados. Nos lo dice Rodrigues: "Contrariamente a lo que se podría pensar, esto nos ha ayudado muchísimo. No tenemos encima este peso lapidario; en teatro, todo está por inventar. Y esto es algo liberador. Seguramente, nos ha limitado, pero nos ha permitido, a los artistas de ahora, escribir nuestro camino".

No disponer de un pasado floreciente también ha provocado que los teatros portugueses y sus festivales hagan una clara apuesta por el teatro contemporáneo. Sí, hacen Chéjov o Shakespeare como nosotros, pero siempre lo pasan por los ojos de ahora. La prueba de ello era el 'António e Cleópatra' de Rodrigues, en el que reducía la pieza a una sola pareja de amantes, vestidos de calle, que se cuchicheaban el nombre constantemente, prueba de un amor intenso y devoto.

Aparte de Teatro Praga o Rodrigues, debemos hablar de Inês Barahona, Miguel Fragata, Vera Mantero, Mónica Calle, Marlene Monteiro Freitas, Tânia Carvalho y Nuno Carinhas. Poca broma con esta tropa.

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