Natación sincronizada más allá de los 80 años

27/03/2015 11:40 h

Regina Navarro

El Club Natación Kallípolis tiene un grupo de veteranas entre las que se encuentran algunas de las pioneras de la natación sincronizada en Cataluña.

Vídeo ‘Sincro más allá de los 80 años’

Dos días a la semana, la piscina del Centro Deportivo Municipal Can Caralleu recibe la visita de unas leyendas de la natación sincronizada catalana. Son el grupo de veteranas del Club Natación Kallípolis, formado por unas nadadoras que hace más de 50 años que practican la natación sincronizada.

Algunas de ellas fueron las pioneras de esta modalidad y recuerdan cómo, al principio, nadaban boca abajo sin utilizar pinzas: “Nosotras no teníamos pinzas. No sabíamos ni que existían, hasta que vinieron unas americanas a realizar una exhibición en Barcelona y nos dieron una. El padre de una de las chicas fabricó unas parecidas para que las pudiéramos utilizar”, recuerda Cristina Aguilar, una de las nadadoras del grupo.

“Yo empecé con 18 añitos, y después, a los 30, lo dejé porque me quedé embarazada. Tras divorciarme, a los 54, volví a ello. ¡Y así hasta que el cuerpo aguante! ¿Y cuándo será eso? ¡Pues a los 93!”, explica Rosa Maria Marcé, la más veterana de todas, de 82 años.

Pioneras y fundadoras

Algunas de ellas hace más de 50 años que realizan figuras, apneas y brazadas bajo el agua. De hecho, “son el alma fundadora del CN Kallípolis, de 1968”, asegura la exitosa entrenadora Anna Tarrés, directora deportiva del club. “Para nosotros es un orgullo ver que, a pesar de la edad que tienen, siguen viniendo y haciendo lo que hacen”, añade.

Nunca es tarde

A pesar de la dureza física de la natación sincronizada, no existe ninguna limitación de edad para iniciarse. Una muestra de ello es una de las nadadoras del grupo de veteranas, que comenzó con 48 años: “Veía a mi hija entrenar y me despertó la curiosidad. Pregunté si podía probar y me enganchó. Al principio me costaba, porque no es lo mismo aprender las figuras a los 10 años que a los 48, pero ellas me ayudaron”, relata Montse Grifoll, que ahora tiene 57 y que, como el resto de las nadadoras, no los aparenta.