Chiqui de la Línea: maestro de ‘cantaores’

Retrat de José Miguel Vizcaya, Chiqui de la Línea © Albert Armengol

Rosalía siguió la estela del profesor y también cantaor Chiqui de la Línea hasta la ESMUC, donde El mal querer, trabajo de final de carrera, le valió una matrícula de honor. Hablamos con este transmisor del canto flamenco, “mi maestro”, como lo llama la artista.

Entre el anonimato y el éxito siempre hay un maestro. Entre aquella Rosalía Vila adolescente que se enamora del flamenco cuando oye a Camarón por primera vez desde el coche de un amigo con las puertas abiertas y la Rosalía convertida en fenómeno de masas que sacude el arte gitano a fuerza de sample con la publicación de El mal querer (2018), hay alguien que ha tenido un papel clave en la modulación de su talento: Chiqui de la Línea. José Miguel Vizcaya, a quien Rosalía presenta como “mi maestro”, aparece en los agradecimientos del álbum justo después de la familia. “Ya era hora de que me lo reconocieran”, dice sobre el estatus de maestro de referencia que el éxito de Rosalía ha dado a conocer.

Profesor titular de cante flamenco en la Escola Superior de Música de Catalunya (ESMUC), donde transmite esta tradición desde 2002, Chiqui es el motivo por el que Rosalía deja el Taller de Músics —donde se conocieron—, para seguirlo. Nacido en la Línea de la Concepción, en Cádiz, cantaor de atrás en los grandes tablaos de Barcelona, reclamado como intérprete o como compositor por Cristina Hoyos, Albert Pla, Sara Baras, Calixto Bieito y Duquende, entre otros, la metodología de Chiqui como maestro —que también ha formado a Alba Carmona, Alba Guerrero y María José Llergo—se basa en “testar los recursos técnicos y estéticos del alumno, desde la pura fisiología hasta las expresiones emocionales, y aplicarlo al universo del flamenco”, explica. “Implica sacar a la luz mecanismos que el estudiante tiene, pero de los que no es consciente.”

Sin ninguna inflexión que advierta que está a punto de hacer un elogio, define Rosalía como una alumna “fuera de lo común”. “Tiene una factura muy atractiva, un perfil de voz inusual por la rapidez de su vibrato”, afirma, y destaca el oído musical “muy sensible” y “facultades intelectuales que le permiten asimilar las cosas muy rápidamente”.

Miembro del tribunal que otorgó a El mal querer una matrícula de honor como proyecto de final de carrera, lo define como “un proyecto como pocos”: “Antes solo me había encontrado un par con esta calidad. Pero así de transgresor, ninguno”. “Revolucionario” por mezclar electrónica y flamenco: “Pocas cosas hay tan antagónicas”, sentencia.

Se tuvo que poner al día con la electrónica y los samples, la técnica de “recorta y pega” prestada de la cultura hip-hop que Rosalía aplica al flamenco. Y si bien hay cosas que le parecen “menos conseguidas”, otras le parecen “puras genialidades”: “Encontró ideas efectivas como vehículo para transmitir lo que quería, sonidos estridentes para evocar un clima sórdido de maltrato”, del que la protagonista de El mal querer se libra a lo largo del viaje que propone el álbum. “Me sorprendió muy gratamente, porque Los ángeles —el disco de debut de Rosalía, publicado el 2017—no me había gustado mucho”, y acusa de ello el acompañamiento de Refree. “Así se lo manifesté a ella en su día.”

Retrat de José Miguel Vizcaya, Chiqui de la Línea © Albert Armengol © Albert Armengol

Lo tiene claro en la cuestión del carácter flamenco o no de la música de Rosalía. “Evidentemente no es el flamenco clásico de antes de los ochenta”, reconoce, pero para él hay cosas que son flamenco al cien por cien, y, en otras, lo es la melodía, el compás, el acompañamiento. En cuanto a la acusación de apropiación cultural lanzada por un sector del colectivo gitano, a Chiqui le parece fruto de la envidia. “No ha hecho nada que no se haya hecho desde el inicio de los tiempos. De toda la vida, con mis compañeros de profesión payos, hemos usado palabras propias del pueblo gitano.

¿Le hace sufrir el éxito fulgurante de Rosalía? “Es ambiciosa, pero sabe mantener la cabeza fría y los pies en tierra”, dice, pero también admite que su juventud y la velocidad de su ascenso comportan riesgos. “Yo confío en que su capacidad para aprender deprisa también le servirá con las experiencias de la vida”, desea. “Cuando la ves tan ajetreada, trabajando con tantos frentes abiertos, en el ojo del huracán, no sabes si se la llevará. Pero espero que se mantenga como una diosa, en pie, controlando los vientos”. Y le gusta tanto esta imagen que se le acaba de ocurrir que dice que se la quedará. Tendrá ocasión de usarla la próxima vez que le pregunten por Rosalía.

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