El ascenso del neofascismo
Este noviembre se cumplirán 50 años de la muerte del dictador Francisco Franco. Las generaciones que sostuvieron la lucha antifranquista y construyeron el nuevo régimen democrático poco podían imaginar que, décadas más tarde, la democracia se volvería a ver amenazada por un neofascismo al alza que encuentra su principal apoyo en los más jóvenes. Una combinación de olvido y engaño ha hecho aumentar a la extrema derecha en toda Europa, y en España —que, en un primer momento, pareció que estaba vacunada— vemos ahora cómo estas fuerzas cuentan, también aquí, cada vez con más apoyo electoral. Forman parte de un programa global que ya no aspira a actuar desde los márgenes, sino desde dentro del sistema para destruirlo.
En los últimos años, hemos asistido a un intento de reescribir la historia para falsearla y dar otro significado al franquismo. Ahora vemos con mayor claridad la importancia de preservar la memoria democrática, porque una parte del éxito de la extrema derecha radica precisamente en promover la nostalgia de un tiempo de orden que nunca existió, en idealizar un pasado inventado. Ante esta tergiversación, es necesario explicar quién era Franco, qué significó su golpe de estado y cómo era el régimen que instauró. Cabe recordar, por ejemplo, que, en tiempos del dictador, las mujeres no podían ni abrir una cuenta corriente sin permiso del marido y que una acusación de adulterio podía mandarlas a la cárcel.
Pero tan importante como clarificar el pasado es ver cuáles son los elementos del presente que favorecen este resurgimiento. Caracterizar bien las diferentes formas de posfascismo y tratar de averiguar por qué razón pueden seducir a tanta gente, y especialmente a los jóvenes. Analizar cómo capitalizan la insatisfacción por las necesidades sociales y las expectativas no satisfechas y cómo aprovechan el miedo al futuro derivado de las incertidumbres del presente. Y el papel que juegan las redes sociales. El dossier “Franco: la importancia de no olvidar” incluye varios artículos que aportan valiosas claves de interpretación. Y también algunas reflexiones sobre las diferencias y similitudes entre la Barcelona de 1975 y la de ahora, porque hay aspectos, como el demográfico, que presentan muchos elementos en común.
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