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Fiesta de Yule: La Navidad de los vikingos

Festes de Jul

Coincidiendo con el solsticio de invierno, los pueblos del Norte de Europa celebran una fiesta tradicional que ha acabado por ser asimilada con la Navidad, pero que todavía hoy deja ver su huella en la celebración cristiana, imprimiendo un carácter singular a las festividades propias de esta época..

La fiesta de Yule, que originalmente duraba una docena de días, nació en el Escandinavia previa al cristianismo, en un tiempo en que las celebraciones de carácter religioso seguían el ciclo de la Naturaleza. Era el momento en que se acababa un ciclo agrícola y, ya recogido el fruto, los días se hacían más cortos y oscuros, sugiriendo de alguna manera que incluso el sol se tomaba un descanso de sus obligaciones. Por eso los campesinos de la Escandinavia anterior al cristianismo consideraron este periodo como un tiempo de descanso. Y instituyeron una fiesta que tenía como centro la fertilidad, sí, pero especialmente la familia y los amigos. La celebración incluía, pues, no sólo comidas comunitarias sino también recuerdos a los desaparecidos y una buena dosis de hospitalidad si es que había visitantes.

Durante el Yule se hacía un sacrificio de animales que, después, se consumían en grandes banquetes, se bebía una cerveza especialmente elaborada para estas fechas, se comía el juilskinka, o jamón de Navidad y se hacía fiesta y se organizaban juegos en los que participaba toda la familia y los amigos.

La llegada del Cristianismo al Norte de Europa y la estrategia de adaptar las nuevas festividades religiosas a las ya preexistentes acabaron amalgamando en una sola celebración la fiesta de Yule y la Navidad. Eso sí, ha conferido a la Navidad de países como Suecia, Noruega, Islandia o Finlandia algunas características peculiares que tienen que ver con la manera como se celebraba antiguamente el Yule. De entrada, durante la fiesta era tradición quemar un gran tronco del año anterior, prendiendo un fuego en el interior de la vivienda con un parentesco directo con las hogueras que se encienden durante el Solsticio de Verano. La tradición de quemar ese tronco para ahuyentar a los malos espíritus y, esparciendo sus cenizas por los campos, garantizarse buenas cosechas ha acabado derivando en una costumbre gastronómica: el tronco de Navidad, un pastel en forma de tronco que es propio de los países nórdicos pero que cada vez se consume más en nuestras tierras.

Aquí no son muy conocidos, pero los muñecos en forma de cabra (la cabra de Yule) hechos de fibra trenzada son uno de los símbolos navideños por excelencia en los países nórdicos. ¿Y por qué? Se decía que el dios Thor iba en un carro tirado por dos machos cabríos que tenían poderes mágicos. Si tenía hambre, se comía uno de ellos y, colocando nuevamente la piel sobre los huesos y golpeándolos con su famoso martillo, el animal volvía a la vida. En el siglo XIX, se hizo corriente presentar la figura de una de esas cabras como portadora de los regalos navideños, a menudo montada por Santa Claus, también llamado Jultomten (en sueco) o Julenisse (en noruego), según los países.

Del mismo modo, durante la fiesta de Yule era costumbre colocar un árbol perenne (como el abeto) en representación del árbol de la vida o Yggdrasil de la cosmología nórdica, un fresno las ramas y raíces del cual mantenían unidos mundos diversos. Este árbol se decoraba con cuidado... tal como hacemos hoy en tantos países con el árbol de Navidad. También el muérdago, muy utilizado en las tradiciones nórdicas, servía para decorar los hogares durante el Yule igual que, muchos siglos después, sucede durante la Navidad, incluso en los países del área Mediterránea.