¿Cuándo empieza Europa de verdad? 
Me lo preguntó un refugiado sirio que dormía sobre el lodo en la frontera entre Croacia y Serbia. Era octubre del 2015, pocas semanas después de que la fotografía de Alan Kurdi, el niño muerto en una playa turca tras un naufragio, diera la vuelta al mundo. Era el momento de la etiqueta #welcomerefugees, del despertar de una parte de la opinión pública: parecía que mucha gente abría los ojos, se indignaba, exigía responsabilidades. Aquel año llegaron a Europa un millón de personas a través del mar. La ruta Turquía-Grecia-Balcanes-Europa del norte se convirtió en una yincana plagada de humillaciones para las personas refugiadas. Trenes abarrotados, gases lacrimógenos, taxistas que los timaban, cierre temporal de fronteras, centros de detención.

¿Cuándo empieza Europa de verdad?
Las familias sirias, afganas, iraquíes o pakistaníes temblaban de frío. No había tiendas de campaña porque Serbia no quería que se quedaran allí, quería que avanzaran lo antes posible, pero el flujo hacia el norte se estaba reordenando y Croacia decidió cerrar la frontera por el momento. Bajo la lluvia había ancianos en sillas de ruedas, niños protegidos por enormes impermeables azules, gritos de desesperación. 

¿Cuándo empieza Europa de verdad?
La bandera de la Unión Europea ondeaba al otro lado de la frontera, en Croacia. Pero la pregunta del refugiado sirio no era, obviamente, geográfica: lo que me preguntaba era cuándo, a partir de qué latitud, de qué kilómetro, sus derechos humanos serían respetados. Europa como sueño, Europa como refugio del humanismo y de la humanidad, Europa como la imagen idílica que muchas personas en Oriente Medio y África pueden tener en la cabeza: la Europa que durante estos últimos años se está desvaneciendo ante nuestros ojos. 

¿Cuándo empieza Europa de verdad?
Seguía lloviendo, la basura afloraba por todas partes y se mezclaba con el barro. Una señora afgana me tomó del brazo. No entendía lo que decía, porque no hablo dari ni pastún: al final nos empezamos a comunicar en urdu, la lengua oficial del país vecino, Pakistán. Tenía cuatro hijos que se agarraban a ella, empapados. Y me dijo: “Ayúdame a cruzar la frontera”. Me agarró de la mano, lloró, imploró. Tú puedes hacerlo, me decía. No me dejes aquí. 

¿Cuándo empieza Europa de verdad?
Al día siguiente, Croacia abrió la frontera y las tres mil personas agolpadas allí la cruzaron en un santiamén: su salida coincidió con el cese de la lluvia. También pasó la señora afgana con sus hijos. Recuerdo un animal de peluche multicolor que se quedó allí tirado, en el barro, con las patas abiertas: un testigo de los días de sufrimiento que se quedó atrás para siempre. Me quedé mirándolo un rato, como si tuviera algún tipo de poder simbólico, como si me dijera algo sobre lo que se estaba viviendo allí. 

¿Cuándo empieza Europa de verdad?
En aquel viaje conocí también a Adham, un joven que escapó del campo de refugiados palestinos de Yarmuk, en las afueras de Damasco. Su abuelo había huido de Palestina tras la partición de 1948 y se refugió en Siria. Era, pues, refugiado por doble partida. “Soy profesor de matemáticas. El ejército sirio mató a mi hermano y a mi padre. En Yarmuk también está Estado Islámico. La vida allí es imposible. Decidí huir con mi pareja”. Pagó 1.000 dólares a la rama siria de Al Qaeda para cruzar los puestos de control: pagar por huir de su propio país. Ya en Turquía, pagó otros 1.000 para que lo metieran en un bote inflable con destino a la isla griega de Lesbos. Lo acompañé durante buena parte de la ruta: el ferri a Atenas, el autobús hacia la frontera entre Grecia y Macedonia… Él quería llegar a Alemania. Y consiguió sortear todos los obstáculos de la yincana instalada por los estados europeos hasta llegar a su destino. Poco después de asentarse en Alemania, tras los atentados de París de noviembre del 2015, Adham me escribió un mensaje: “Me miran con odio. Me han gritado ‘vete a Siria’. Soy un fugitivo de los crímenes del régimen sirio y del terrorismo islámico. No lo entienden”. 

¿Cuándo empieza Europa de verdad?
La misma pregunta se debió de hacer en aquel momento Adham. Pero Adham aguantó. Se instaló al este de Berlín. Tuvo un hijo con su pareja, tal y como se propusieron. La última vez que hablé con él me dijo que le encanta Cataluña y que le gustaría que nos viéramos otra vez. 

¿Cuándo empieza Europa de verdad?
Desde aquel octubre del 2015, de vez en cuando, la pregunta de aquel sirio en la ruta de la vergüenza reverbera en mi cabeza y busco una respuesta. Pienso en todas las personas refugiadas que he conocido —algunas muertas, otras en campos, otras en ciudades europeas— y me pregunto si hay una respuesta. O, al menos, como hay muchas respuestas posibles, me pregunto si alguna, o una mezcla de ellas, es más o menos válida. 

¿Qué tendría que haberle contestado?
Quizá esto. Si te referías a la Europa de las fronteras, a la Europa fortaleza, a la Europa de las manifestaciones xenófobas y de los ataques racistas, a la Europa que mira a otro lado mientras toda una humanidad se ahoga en el Mediterráneo, a la Europa que rechaza barcazas de rescatados, a la Europa que paga a los guardacostas libios para detener las salidas, a la Europa que no le importa que las personas sean humilladas si consigue cerrarse a cal y canto, te tendría que haber contestado que no sigas avanzando, que esa era la Europa de verdad. 

O quizá esto. Si te referías a la Europa de los derechos humanos, a la Europa que te quiere acoger, a la Europa solidaria con los que huyen de la guerra, mi respuesta tendría que haber sido que esa Europa aún está en construcción. 

¿Cuándo empieza Europa de verdad? 
El siglo XXI tiene tres grandes temas: el feminismo, el cambio climático y los movimientos de población. En este último ámbito, tanto el presidente estadounidense, Donald Trump, como sectores oficiales y no oficiales europeos que han abrazado el nacionalpopulismo están construyendo un nuevo enemigo: la población refugiada. Que antes era el inmigrante, que antes era el indocumentado, que antes era el terrorista; la etiqueta cambia, el otro siempre es identificado y demonizado. Se dirá que no es algo nuevo en la historia de la humanidad, pero durante los últimos años hemos entrado en otra dimensión simbólica. Partidos en el poder como la Liga Norte de Matteo Salvini son el máximo exponente de esa Europa que se ha convertido, en muchos aspectos, en un proyecto negativo: que se define en contra de otras personas, que está en contra de todo, pero que no se sabe de qué está a favor. Pequeños núcleos desorganizados —personas, siempre personas— luchan por construir propuestas —aún no se sabe bien cuáles—, por desenterrar o recuperar aquello que llamábamos valores. ¿Qué valores? Los que han sido ridiculizados, menospreciados, denostados. La solidaridad o la empatía son palabras pasadas de moda, que se pronuncian con pudor, con miedo a ser tildado de naif, de buenista. Es cierto: el egoísmo compasivo es otro peligro deshumanizador, porque reduce a las personas que huyen o migran a víctimas. Los refugiados son una herida, no una persona: son alguien a quien compadecer. Pero el cinismo y la indiferencia —formas de violencia directas o indirectas— están ganando la partida. De largo.

¿Cuándo empieza Europa de verdad?
Han pasado ya tres años, pero no sé qué contestarte. 

 

Agus Morales (Barcelona, España, 1975). Escritor y director de Revista 5W. Colabora con The New York Times en Español. Es autor de No somos refugiados (Círculo de Tiza), libro recomendado internacionalmente en el Festival Gabo 2017. Fue corresponsal para la Agencia EFE en la India y en Pakistán (2007-2012). Trabajó para Médicos Sin Fronteras en África y Oriente Medio. 

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Agus Morales