En los últimos tiempos en el debate público se ha asistido a una larga y detallada disquisición en torno a las diferencias entre migrantes y refugiados. No hay duda de la relevancia de la distinción en términos jurídicos, pues el derecho internacional define a una persona migrante como aquella que se desplaza de su lugar de origen por motivos esencialmente económicos y, en cambio, se refiere a una persona refugiada como aquella que se desplaza huyendo de una situación de persecución o de guerra. La distinción es relevante en la medida en que los acuerdos internacionales marcan unas normas claramente más restrictivas para lo que se refiere a las primeras y unas normas más favorecedoras para lo que se refiere a las segundas. 

Sin embargo, es evidente que elementos como una crisis económica global, el impacto del cambio climático que se manifiesta con excepcional virulencia en determinadas zonas del planeta, así como la consolidación de conflictos —no siempre considerados como guerras, pero igualmente mortíferos—, generan contextos de vulneración de los derechos humanos que acercan y entremezclan de manera destacada la experiencia de vida de estos dos colectivos.

Es necesario atender a las especificidades de género vinculadas a las experiencias de desplazamiento forzoso y de acogida, ya que la vulneración de los derechos humanos afecta de manera específica y diferenciada a las mujeres refugiadas y migrantes. Tanto es así que el propio convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica subraya en su artículo 4, dedicado a los derechos fundamentales, igualdad y no discriminación, como la condición de migrante o refugiada no puede ser motivo de un trato desigual en la aplicación de las medidas de protección, reconociendo así una vulnerabilidad específica de estos colectivos. Por otra parte, el mismo convenio reconoce la violencia de género como uno de los requisitos para pedir asilo (art. 60) y prohíbe la adopción de políticas de devolución en los casos de violencia de género (art. 61)

En este sentido, se puede hablar de unas condiciones específicas ligadas al género, tanto en lo que atañe a las causas de huida como a los riesgos intrínsecos a un proceso de desplazamiento, o, finalmente, cuando se refiere a los contextos de llegada y acogida.

En lo que se refiere a las causas de huida, las mujeres se enfrentan a una multiplicidad de adversidades específicas: desde las formas de violencia de género que proliferan en contextos de guerra, hasta la clara feminización de los procesos de empobrecimiento ligados a las crisis y a las convulsiones económicas. En este marco, la división sexual del trabajo, a la que asistimos en la economía globalizada, hace que las mujeres siempre se encuentren en la posición social y económica más débil y, por tanto, sean más susceptibles a tener que recurrir al desplazamiento como forma de supervivencia. Se calcula que entre 1960 y el 2005 el porcentaje de mujeres entre los migrantes internacionales se incrementó en casi 3 puntos porcentuales, del 46,7 % al 49,6 %, hasta llegar a un número total cercano a los 95 millones. En los últimos quince años, el porcentaje de mujeres llegadas a Europa, especialmente desde África y Asia, ya supera el número de hombres. Por otra parte, en el 2016 la mitad de los 19,6 millones de personas refugiadas del mundo eran mujeres.

En cuanto a los procesos de desplazamiento propiamente dichos, las mujeres se convierten pronto en objetivo específico para los traficantes y las mafias de trata de personas. Los riesgos de sufrir explotación económica y sexual se multiplican en los países de tránsito, básicamente a causa de la multiplicación de los actores que controlan la llegada a las fronteras y el cruce de estas: desde los propios refugiados y migrantes hasta las autoridades, la policía o los residentes locales. Todo ello en un contexto de desprotección jurídica que afecta al conjunto de las personas desplazadas, pero que se hace especialmente peligrosa y discriminatoria para las mujeres refugiadas o migrantes. 

En el momento de la llegada, permanecen los riesgos asociados al proceso de tránsito por las fronteras, a los que se añaden todas las problemáticas de unas políticas de acogida que no incorporan la perspectiva de género, lo que impide poner en marcha respuestas efectivas a circunstancias específicas como, por ejemplo, la presencia de menores que merecerían una atención especial en los ámbitos de vivienda, sanidad y seguridad en general.

Por ello, una acogida que supere la resolución de los problemas inmediatos también debería introducir una perspectiva de género: los motivos que llevaron a las mujeres a desplazarse merecerían respuestas específicas. Una buena acogida es la que es capaz de incorporar instrumentos para reparar los daños, proteger de los peligros y proveer de recursos, pero también dotar de autonomía y derechos a las mujeres. 

En este marco, hace falta un cambio sustantivo en la perspectiva con la que se encaran los procesos de desplazamiento forzoso. Es necesario el desarrollo de instrumentos de protección internacional en los procesos de tránsito, llegada y acogida que se sustancien en la obtención de derechos. Garantizar vías seguras y garantizar ciudadanía es la forma de proteger a quien se desplaza y a quien acoge. Hacerlo con una perspectiva de género es atender al conjunto de la población.

 

Paola Lo Cascio (Roma, Italia, 1975). Profesora del Departamento de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Barcelona. Entre sus publicaciones cabe destacar Nacionalisme i autogovern (Afers, 2008) y La guerra civile spagnola (Carocci, 2012). Es miembro del Centro de Estudios Históricos Internacionales y del proyecto “La crisis de los refugiados y los nuevos conflictos armados” (ICIP). 

Óscar Monterde Mateo (Terrassa, España, 1977). Es autor de El impacto humanitario en los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania. Los programas de socorro y servicios sociales de la UNRWA. Es miembro del Centro de Estudios Históricos Internacionales y es coordinador del proyecto “La crisis de los refugiados y los nuevos conflictos armados” (ICIP). 

Autor: 
Paola Lo Cascio / Òscar Monterde Mateo