Los preliminares: “Llamamiento al afecto” y no “efecto llamada

El 28 de agosto de 2015 fue un día muy caluroso en Barcelona. Muchas personas estaban en la playa, otras descubrían la ciudad por primera vez con mirada de turista y otras llegaban en busca de refugio. Los diarios de aquel día destacaban que la guerra en Siria había expulsado a cuatro millones de personas del país. 

En este contexto, la alcaldesa de Barcelona publicó en su blog personal una reflexión sobre la necesidad de un “llamamiento al afecto”, que establecía las bases de lo que más adelante se consolidaría como el plan “Barcelona, ciudad refugio”.

 

“Los gobiernos deben dejar de amenazar con el ‘efecto llamada’. Lo que necesita Europa, urgentemente, es un ‘llamamiento al afecto’, un llamamiento a la empatía. Podrían ser nuestros hijos, hermanas o madres. Podríamos ser nosotros, como también fueron exiliados muchos de nuestros abuelos (...). Aunque se trata de un tema de competencia estatal y europea, desde Barcelona haremos todo lo que podamos para participar de una red de ciudades refugio. Queremos ciudades comprometidas con los derechos humanos y con la vida, ciudades de las que sentirnos orgullosas”. 

Ada Colau, alcaldesa de Barcelona
28 de agosto del 2015

¿Cómo empezó?

Las ciudades y los municipios son los que acogen e integran a las personas refugiadas, pero en el Estado español no participan en las políticas de asilo ni reciben financiación para poderlas desplegar de manera adecuada. Pese a ello, con la crisis humanitaria internacional y ante la inacción del Estado, en septiembre del 2015 el Ayuntamiento, las entidades sociales y la ciudadanía barcelonesa decidieron movilizarse una vez más. 

El plan “Barcelona, ciudad refugio” se aprobó el 2 de octubre de 2015 en el primer plenario ordinario del gobierno de la ciudad, para preparar Barcelona para acoger y garantizar los derechos de las personas refugiadas. El plan, que se ha tenido que ir adaptando a un contexto cambiante, a la falta de coordinación y a la opacidad informativa del Gobierno central (que a estas alturas todavía no ha hecho pública una estrategia ni un calendario de llegada ordenada para la acogida de las personas refugiadas que se comprometió a reubicar y asentar), ofrece acogida, asistencia y provisión de los servicios necesarios a las personas refugiadas que llegan a la ciudad y garantiza sus derechos. Además, el plan exige a los estados que cumplan las normas más elementales de los derechos humanos.

 

¿Cómo hemos acogido?

Desde que Barcelona se declaró Ciudad Refugio, la llegada de personas refugiadas a la ciudad se ha multiplicado por cinco. Eso ha significado un esfuerzo por mejorar los servicios de acogida a personas solicitantes de asilo e inmigrantes, por medio del refuerzo del Servicio de Atención a Inmigrantes, Emigrantes y Refugiados, el SAIER, y el impulso del programa Nausica. También se han abierto espacios de participación a la ciudadanía para mejorar el reto de acoger, se han establecido canales con el voluntariado y se ha creado una línea específica de subvenciones para sensibilizar en materia de refugio. Se informa de todas las actividades de manera transparente en el web ciutatrefugi.barcelona. Finalmente, se fomenta la acción exterior, se promueve la colaboración entre ciudades y se ayuda a entidades que trabajan sobre el terreno.

 

 

Barcelona, puerto seguro

En los últimos meses, muchos estados y ciudades han cerrado los puertos a las ONG de rescate con la complicidad de la Unión Europea. Organizaciones como Proactiva Open Arms, Médicos Sin Fronteras o Save The Children han denunciado varias veces como se amenazaba la actividad de salvamento marítimo que llevaban a cabo en la zona costera de Libia por la imposibilidad de garantizar la seguridad de la tripulación ante la hostilidad de los guardacostas libios. Además, han chocado con el veto del ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, que ha puesto en marcha una ofensiva contra las ONG que se dedican a salvar vidas en alta mar.

Barcelona se ha reivindicado como puerto seguro y ha representado un precedente que han seguido otras ciudades refugio del Estado, como Valencia. El barco Open Arms llegó a Barcelona con una sesentena de personas rescatadas en la costa de Libia después de la negativa de Malta y de Italia de abrirles los puertos. Barcelona se ofreció como puerto seguro ante la negativa de otros países a acoger el desembarque de la nave.

 

“Todas las vidas humanas importan, lleguen de dónde lleguen, tanto si es por el Mediterráneo, como si llegan por Italia o por la frontera sur”. 

Ada Colau, alcaldesa de Barcelona
04 de julio del 2018

 

Además, el Gobierno municipal ha colaborado con Proactiva Open Arms y con Save The Children para apoyar la labor humanitaria de salvamento marítimo que llevan a cabo en el Mediterráneo, y también ha ofrecido apoyo económico e institucional. Así, se ayuda a los que ayudan, que es, en definitiva, una de las máximas del plan “Barcelona, ciudad refugio”.

 

El SAIER

El SAIER es el centro de atención de referencia para las personas inmigradas y refugiadas que llegan a la ciudad. Es un servicio municipal que ofrece información y asesoramiento en materias de inmigración, refugio, emigración y retorno voluntario a cualquier ciudadano que viva en Barcelona. El SAIER ofrece de manera personalizada y confidencial orientación y asistencia jurídica y social para solicitantes de protección internacional. El servicio se puso en marcha en 1989 y se ha tenido que adaptar en vista del cambio de flujos migratorios.

 

 

El programa Nausica

Nausica se puso en marcha a finales del 2016 como prueba piloto. A través del programa, se atiende de manera integral a personas refugiadas que han quedado excluidas de la cobertura del Estado para mejorar los procesos de inserción social y autonomía y garantizar que, una vez acabada la estancia en el programa, las personas estén en situación de incorporarse al mercado laboral y empezar una vida por su cuenta. Para conseguirlo, el programa incluye, aparte de la cobertura de necesidades básicas con un dispositivo de plazas de estancia temporal, un plan de trabajo integral individualizado con todo un abanico de servicios, desde el apoyo profesional, social y psicológico y el aprendizaje de idiomas hasta la orientación jurídica, formativa y laboral y la escolarización de los niños.

 

“Impulsar este programa no es solo una manera de ofrecer una atención integral y adecuada a las personas refugiadas en situación de más vulnerabilidad. Es también una forma de señalar las insuficiencias y la rigidez del programa estatal de acogida y demostrar que con voluntad política se puede acoger mucho más y mejor”.

Jaume Asens, teniente de alcaldía de Derechos de Ciudadanía, Cultura, Participación y Transparencia
Septiembre del 2016

 

El espacio ciudadano

El plan “Barcelona, ciudad refugio” ha desarrollado estos años un espacio ciudadano para coordinarse con las entidades y colectivos de la ciudad y vehicular las ofertas de recursos y los servicios que se han recibido. El espacio ofrece actividades, formaciones y recursos pedagógicos para las personas que quieren implicarse activamente en la acogida, y también redirecciona las fuerzas de los voluntarios hacia organizaciones y espacios que ya trabajan en tareas de acompañamiento que ayudan los recién llegados en el proceso de incorporación a la ciudad y a la vida social cotidiana. 

En esta misma línea, se ha dado apoyo a iniciativas ciudadanas como “Refugiados Bienvenidos”, una plataforma que pone en contacto a personas refugiadas que necesitan una vivienda con vecinos y vecinas que quieren alquilar una habitación y mentores que quieren dar apoyo en el proceso de acogida. Con el apoyo municipal, este proyecto se ha consolidado en Barcelona y ha permitido que haya una cuarentena de convivencias en domicilios particulares.

 

La Oficina para la No Discriminación

El pasado mes de mayo se puso en funcionamiento la nueva Oficina para la No Discriminación. Esta oficina actúa en situaciones de discriminación en razón de edad, género, orientación sexual, origen, religión, idioma, nacionalidad, salud, discapacidad o condición socioeconómica, y ofrece información, apoyo psicosocial y asesoramiento jurídico gratuito. El impulso de la nueva oficina ha permitido dotarla de más recursos para ofrecer un servicio más completo, tanto de asesoramiento a las víctimas de discriminaciones como de información y formación para la ciudadanía en general.

 

El memorial

El memorial “Somos y seremos ciudad refugio” es una forma de recuerdo y denuncia de las víctimas muertas en el Mediterráneo en busca de refugio. Es un monolito situado en la playa de la Barceloneta que incorpora el “contador de la vergüenza”, que también se puede consultar en el web de Ciudad Refugio. La cifra refleja el número de personas muertas o desaparecidas en el Mediterráneo desde el comienzo del año. El recuento lo lleva a cabo el proyecto “Missing Migrants Project”, de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM). La OIM obtiene los datos de varias fuentes: oficiales, ONG, prensa y entrevistas con los supervivientes. El contador se actualiza periódicamente.

 

Tres años de Ciudad Refugio en cifras

Los tres últimos años, el refuerzo del SAIER ha sido clave para dar una respuesta adecuada al incremento de las personas usuarias. Se ha pasado de atender a 11.370 personas en el año 2015 a 19.264 en el 2018 (cifra provisional estimada, teniendo en cuenta las 16.517 personas atendidas hasta octubre). Con respecto a las familias refugiadas atendidas este año por el SAIER, figuran 1.445 menores, una cifra que ya supera los 846 de todo el año 2017.

Hoy en día se están haciendo obras en un nuevo equipamiento para ampliar el espacio de atención del servicio en más de 300 m2

 

Nausica tiene una capacidad de aproximadamente 80 personas. Durante los primeros 20 meses del programa, 124 personas han sido usuarias, 98 de las cuales han accedido al dispositivo residencial. El programa ha contribuido a hacer posible que un 43 % de las personas atendidas consigan trabajo, aunque solo el 5 % lo obtienen con contrato indefinido. El programa reorienta el perfil profesional con cursos de formación en los sectores de actividad con más capacidad de empleo y en el aprendizaje de idiomas: el 90 % de las personas mejoran el nivel de castellano, pero un 7 % empiezan el programa sin entender nada de castellano y en solo ocho meses lo escriben. Los datos también revelan que las personas beneficiarias incrementan en un 18 % su autonomía personal y en un 48 % su autonomía social.

Con respecto al origen de las personas usuarias, hay una gran diversidad. Venezuela sigue siendo el país de origen de la mayoría de las personas que solicitan protección internacional, y, junto con las provenientes de Colombia, Honduras y Georgia, suman el 60 % del total. Por otra parte, desde el mes de marzo del 2018 se ha registrado una caída del número de personas refugiadas de origen ucraniano. 

 

Retos de futuro: por una acogida humana, integral y afectuosa

La migración es un fenómeno estructural que va en aumento en los últimos años en todas las ciudades y países de nuestro entorno. En los últimos meses se han incrementado las llegadas al Estado español a través de la costa a causa del cierre de las rutas migratorias por el este de Europa. Lejos de tratarse de un fenómeno nuevo, los indicadores se sitúan en niveles similares a los del 2006. 

 

El futuro de la acogida: un reto multinivel

Es competencia exclusiva del Estado no solo conceder el estatus de asilo —ofreciendo vías legales y seguras—, sino también ofrecer una atención adecuada a aquellas personas que lo solicitan. A pesar del incumplimiento de las cuotas de reubicación y reasentamiento por parte del Estado español, miles de personas han conseguido llegar a Barcelona. La mayoría lo han hecho con sus propios medios y, a pesar de todas las dificultades en que se han encontrado, han hecho de Barcelona su ciudad. La ciudad afronta el reto de acogerlas con la dignidad que se merecen. Deben reforzarse los recursos que se destinan a la acogida: aumentar el número de plazas de alojamientos, reforzar los servicios de orientación e información y promover la autonomía para que puedan reconstruir su vida. La implicación de todas las administraciones es clave para acoger de manera efectiva.

 

“Chocamos con dos límites claros que nos recuerdan que no podemos ser autocomplacientes y que queda mucho camino por recorrer. En primer lugar, la falta de competencias en asilo y extranjería impide que podamos dar una respuesta digna a los centenares de personas que llegan a la ciudad y que no pueden trabajar de manera legal porque no tienen permiso de trabajo. Si no tenemos herramientas para regularizar a estas personas, es muy difícil trabajar en su acomodación en la ciudad. En segundo lugar, la falta de recursos suficientes para poder atender con condiciones óptimas a las personas que buscan refugio en Barcelona”. 

Jaume Asens, teniente de alcaldía de Derechos de Ciudadanía, Cultura, Participación y Transparencia
Noviembre del 2018

 

Una red de ciudades para la acogida

La colaboración con otras ciudades es fundamental. Desde su puesta en funcionamiento, Barcelona ha compartido este plan con diferentes municipios. Ciudades como Madrid, Valencia, La Coruña, Zaragoza, Sabadell, Sant Boi de Llobregat o El Prat de Llobregat están impulsando iniciativas firmes para acoger refugiados. Paralelamente, y en el ámbito europeo, se ha impulsado la red Solidarity Cities, que aglutina también Atenas, Ámsterdam, Berlín, Copenhague, Nápoles, etcétera. Hay que seguir compartiendo el conocimiento generado en cada ciudad y ver la viabilidad y la adaptación que se pueda hacer en nuestra casa. 

 

“Es necesario que el Estado español abra un espacio de cooperación con las ciudades para garantizar una acogida digna a los millares de personas que arriesgan su vida en el Mediterráneo”. 

Ada Colau, alcaldesa de Barcelona
Marzo del 2017

 

Esta es la principal clave de los retos de futuro: más allá de acoger, hace falta mejorar cómo acogemos y hacerlo con dignidad. En este sentido, el pasado mes de noviembre tuvo lugar el cuarto encuentro de ciudades refugio del Estado en el Congreso de los Diputados, donde se expusieron todas las demandas concretas para mejorar y dignificar la acogida de las personas migradas y refugiadas: ampliar y reforzar los protocolos de recepción en los puntos de llegada; crear un protocolo de comunicación entre la Secretaría de Estado de Migraciones y las ciudades; generar un espacio de coordinación entre el Gobierno del Estado, las comunidades autónomas y los municipios; poner fin a las listas de espera para entrar en el programa estatal de asilo, y flexibilizar el acceso a permisos de residencia y trabajo. 

 

Y yo, ¿qué puedo hacer?

Las administraciones son clave para canalizar ayudas y prestar asistencia con inmediatez. Pero la implicación del vecindario debe hacer de Barcelona la ciudad abierta que queremos. En Barcelona se ha sabido canalizar la preocupación de miles de ciudadanos que veían con frustración la nefasta respuesta de los líderes de la Unión Europea a la crisis de las personas refugiadas y se ha sabido convertir esta preocupación en propuestas de acción y movilización. A escala institucional, se ha impulsado este plan y se ha promovido una red de ciudades que ha sido un agente global de peso para exigir el cumplimiento del derecho de asilo. Con respecto a la ciudadanía, en Barcelona se impulsó una de las manifestaciones más grandes de la historia de Europa con el lema “Queremos acoger”. 

Conviene continuar con este esfuerzo colectivo para seguir construyendo una sociedad de acogida y mejorar la convivencia en una ciudad diversa e intercultural. Hay que atender las llegadas, pero también es necesario incluir a las personas recién llegadas en la ciudad, en los entornos laborales, escolares y sociales. También se tienen que generar las condiciones para que se sientan parte de Barcelona y contrarrestar los prejuicios y el discurso racista contra las personas refugiadas e inmigradas. El primer paso es, pues, entender que detrás de la mal llamada “crisis de refugiados” se esconde una profunda crisis de valores en Europa, que, en lugar de mostrar solidaridad y respeto por los derechos humanos, culpabiliza a las personas refugiadas por tener que huir de su casa.

Nos tenemos que acoger mutuamente, respetándonos, entendiéndonos y prodigándonos el afecto que nos hará ser una sola ciudad. ¡Bienvenidas, bienvenidos!

 

“El reto no es solo que las personas recién llegadas puedan aprender nuestra cultura, sino que nosotros también podamos aprender sus idiomas, sus tradiciones y sus formas de entender el mundo, y en este proceso enriquecernos como ciudad. Como ciudad cada vez más diversa, tenemos el reto de incorporarlas a los debates y las reflexiones que configuran nuestra sociedad, en un intercambio de igual a igual”. 

Jaume Asens, teniente de alcaldía de Derechos de Ciudadanía, Cultura, Participación y Transparencia
Noviembre del 2018