Umbral surge en un lugar y un tiempo concretos. Nace en el espacio urbano, en el seno de la ciudad. En un tiempo, el presente, en el que estamos obligados a pensar en la migración y en los flujos de personas refugiadas como condición de cualquier sociedad contemporánea. Hay que asumirlo desde la responsabilidad para con el otro y para con nosotros. Una responsabilidad que se resuelve como necesidad de primer orden, sobre todo, por un motivo importante: saber que todos hemos de nacer, vivir y morir en un territorio que garantice nuestros derechos humanos. 

Se trata de una necesidad que en nuestros días forma parte de un espacio utópico e irreal. Una necesidad que se enmarca, desde su propia falta, en un sinfín de reacciones racistas y xenófobas. Las actitudes racistas señalan a ese otro como responsable del mal contemporáneo, como si su mera presencia fuese la causante de las múltiples crisis económicas, políticas, sociales, pero, sobre todo, de valores en las que nuestras sociedades se ven envueltas, sin asumir que el sistema que las justifica es generador del conflicto.

Umbral nace desde la conciencia de saber aceptar un problema que nos atañe a todos, pero que sufren solo unos pocos. Esa diferencia abismal, desigual e injusta es la que provoca querer crear un espacio común, un espacio desde el que unos y otros nos agrupemos para alzar la voz de forma conjunta, incidir en la necesidad de hacer visible el problema y exigir la necesidad de reformular la legislación que debe asegurar que todos somos iguales. Sabemos que no está en nuestras manos modificar las estructuras de Estado o las leyes territoriales. Y, aunque puede presentarse como obvio e incluso ingenuo, desde el lugar que genera la acción artística y social, así como desde el espacio municipal, sí apelamos al potencial simbólico de nuestra propuesta con el fin de generar este espacio común, de todos. Desde aquí, invitamos a todos los ciudadanos a acompañarnos para reivindicar que, mientras existan desigualdades entre seres humanos, no podemos hablar de libertad, bienestar e igualdad. 

Nuestra voluntad es la de anunciar y afirmar que es responsabilidad de todos: por ello, pretendemos generar un cambio. No queremos seguir engañándonos con palabras, el reto es común, sí. Pero tenemos que dejar de pronunciar que nosotros “nos ponemos en el lugar del otro” cuando es aquel que está desprovisto de derechos. Por más que se desee, nadie puede ponerse en el lugar del otro. En cambio, sí podemos situarnos a su lado, sí podemos generar un espacio de refugio, reconciliación y lucha común. 

Desde este marco contextual, invitamos a que un colectivo amplio de personas que son o han sido migrantes, así como quienes no lo han sido nunca, señalen las contradicciones y los conflictos que caracterizan a nuestras sociedades. A su vez, damos visibilidad a las consecuencias de dichas contradicciones. 

El problema no es la presencia del otro en un territorio ajeno, sino que el conflicto proviene de la falta de una legislación que facilite la integración de personas de otras nacionalidades en el lugar de acogida. Esta falta de estructura legal provoca que millones de personas queden relegadas en un espacio en el que muchos derechos básicos son violados. Un espacio que se posterga en el tiempo y que, además, no permite que estas personas puedan modificar su situación. 

Como apuntábamos, Umbral reflexiona sobre el fenómeno de la migración como característica de cualquier sociedad contemporánea y, especialmente, futura. Plantea no solo las diferentes realidades en las que podemos hablar de migración a nivel global, sino que incide en la necesidad de crear nuevas estructuras desde las que pensar e integrar el flujo de seres humanos que, por motivos políticos y sociales, deben dejar sus hogares y emigrar a otras latitudes. Una decisión que, en la gran mayoría de los casos, es cuestión de supervivencia. En ese sentido, queremos ofrecer un espacio de reflexión y comprensión en torno a la situación de desigualdad en la que se encuentran millones de personas en todo el mundo. El objetivo es acercar una problemática común a la ciudadanía, buscando responsabilidad y empatía entre los diferentes grupos de personas, independientemente de su origen, cultura, edad o sexo.

El título, pues, no es gratuito. El umbral es un espacio transitorio entre un lugar y otro. Umbral, en cambio, apela al espacio que generamos y, sobre todo, a una actitud: aquella que hará que nos agrupemos en este emplazamiento físico y mental. Ese saber está relacionado con no convertir los límites en un no lugar de espera. Por el contrario, hay que generar simultáneamente un espacio simbólico y físico, precisamente porque se desarrolla en el espacio público de la ciudad. Nos sitúa en un lugar intermedio entre la persona que llega a un país ajeno y aquella que vive de forma regular en ese mismo territorio. Nos sitúa en un espacio donde tomamos conciencia de la falta de recursos, ayudas y estructuras con las que se encuentran las personas desplazadas y la falta de empatía y solidaridad de algunas de las personas del país de acogida. Umbral es el lugar de encuentro y acercamiento desde el que se aborda la situación. Situarnos juntos nos ayuda a percibir la falta de sensibilización general hacia las personas que llegan, pero también nos coloca un paso por delante, queriendo ver esta realidad, queriendo pensar en la diáspora como una consecuencia de las sociedades desequilibradas donde los derechos humanos no siempre son respetados.

El concepto de umbral, de origen latino, señala hacia tres ideas que asientan el movimiento que desde dentro se genera. Por un lado, apunta a la idea de límite o frontera (liminaris), algo que es inevitable y necesario, pues la frontera es la que establece el límite entre un territorio propio y ajeno. Es la exclusión de un sujeto que ha llegado a un espacio que lo expulsa. La segunda acepción hace referencia a la luz (lumen), una luz que encontramos en la voluntad que desde Umbral queremos mostrar. Uno de los objetivos del proyecto es iluminar el conflicto y hacerlo visible. En tercer lugar, señala a la idea del hogar (lumbre), de algún modo, reclamando ese espacio de lucha común para reivindicar la necesidad no solo de tener un hogar para vivir, sino de devenir espacio de acogida siendo territorio habitable. 

De una manera metafórica, pretendemos dar visibilidad a este límite y frontera, pensando en iluminar el conflicto y proyectando la ciudad como un espacio que pertenece a sus habitantes. 

¿Cómo se estructura Umbral? A partir de la intervención directa en el espacio público de Barcelona, diferenciando dos naturalezas distintas de este. Por un lado, el espacio subterráneo del metro como una metáfora en torno a la realidad del problema: un espacio que no se ve, que es invisible, pero que forma parte de la ciudad, una intervención de doce artistas (Leila Alaoui, Yto Barrada, Banu Cennetoğlu, Ramón Esono, Eulàlia Grau, Daniel G. Andújar, Hiwa K, Rogelio López Cuenca & Elo Vega, Teresa Margolles, Estefanía Peñafiel Loaiza y Dan Perjovschi) y tres entidades con proyectos locales (Sueños Refugiados, Frontera Sur y Un Regalo para Kushbu) que actúan directamente en trece estaciones de metro. 

En aquellos lugares donde habitualmente encontramos publicidad, ahora se generarán otros discursos, creando una suerte de contrainformación. El hecho de ocupar el espacio público provoca que eliminemos las fronteras que a menudo producen proyectos similares dentro de instituciones culturales. El espacio público nos permite eliminar cualquier filtro y acceder o facilitar que cualquier ciudadano (sea su estado regular o no) participe en Umbral.

En segundo lugar, en el espacio público abierto trabajamos por igual con los diez distritos de la ciudad, a partir de cuatro proyectos pedagógicos: “Rescates póstumos”, generado por el colectivo La Llista Oblidada; Radio Afrika, plataforma dirigida por Tania Adams desde la que damos difusión a través de otros medios generando una nueva serie de contenidos; Equipo Rizoma, dirigido por Anita García, en colaboración con Edo Bazzato y Susan Kalunge, quienes inciden directamente en el ámbito educativo, y, por último, Diom-Coop en colaboración con Fundación Quepo, quienes a través de la proyección del documental Diom, proponen un diálogo con los asistentes, acercando una problemática municipal a la ciudadanía.

Esta publicación da visibilidad a las diferentes intervenciones de Umbral, y se suman Amadou Bocar Sam, Carmen Juares, Babiche Kampote, Paola Lo Casio, Óscar Monterde, Agus Morales, María Eugenia Palop, Carmen Pardo, Javier Pérez Andújar, Stop Mare Mortum y Antonio Valdecantos, mediante diferentes artículos y entrevistas que profundizan en las migraciones y en las ciudades contemporáneas.

El objetivo último es señalar en nuestra comunidad cualquier atisbo de racismo, intolerancia o xenofobia. Como anunciábamos al principio, sabemos que no siempre podemos ponernos en el lugar del otro sin caer en una impostura, pero sí podemos reivindicar de forma conjunta un mayor impulso para atender a esta situación de desigualdad e injusticia. A pesar de saber que el uso del término racismo es relativamente reciente, su práctica nos remite al origen de nuestra historia. Por ello, nos situamos en el tiempo actual, donde cada una de las situaciones y contextos generados nos son contemporáneos y familiares. 

Umbral es en su totalidad una iniciativa para todos que quiere y exige generar un lugar comunitario y asume que, para superar la desigualdad presente, hay que luchar por la igualdad futura.

 

Imma Prieto (Vilafranca del Penedès, España, 1975), comisaria independiente y crítica de arte, y profesora de arte contemporáneo y nuevos medios en la Escuela Universitaria Eram (Universidad de Girona). Ha realizado diferentes exposiciones en el ámbito nacional e internacional, como “Beyond the tropics”, “Prophetia” o “Hic et nunc”, relacionadas con las paradojas del capitalismo y las sociedades democráticas. Colabora en diferentes medios. Es autora del documental Eco de Primera Muerte. Ha obtenido el Premio GAC a la Crítica de Arte (2018).

 

Autor: 
Imma Prieto