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Los Jardines de Laribal

Es una de las perlas del Parque de Montjuïc y pasearse por ellos es un autentica delicia. La riquísima vegetación, junto con el agua que baja por cascadas y se escurre delicadamente en medio de amplias barandillas, los bancos de ladrillo y las placetas, crean un conjunto de una belleza excepcional. Es un lugar en el que estar, para contemplarlo e ir descubriendo los miles de detalles que lo configuran, con una armonía difícil de superar.

Los Jardines de Laribal, de gran valor histórico, están formados por terrazas, caminos, placetas, pequeños estanques y una vegetación lozana y consolidada. Una serie de terrazas sobrepuestas están unidas entre si por caminos y atajos de gran pendiente, con tramos de escaleras intercalados de diseño siempre diferente. Pérgolas de ladrillo visto, piedra y pilares blancos dan sombra a las zonas más llanas. La vegetación, exótica en su mayoría, es rica y variada en especies.

Jardines mediterráneos

Estos jardines, incluidos en el recinto de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, obtuvieron una gran reputación. Sus autores, Jean Claude Nicolas Forestier y Nicolau M. Rubió Tudurí, crearon un nuevo estilo paisajístico de raíz mediterránea.

La vegetación preexistente, desde plantas autóctonas hasta árboles frutales del pasado agrícola de la montaña, se integró en los jardines con un concepto de jardinería renovador y original, que sigue libremente la inspiración de los antiguos jardines árabes y de los "cármenes" de Granada, con una gran presencia de azulejos de cerámica, aguas ornamentales y el cultivo de plantas de flor en macetas colocadas en barandillas y alféizares.

Las escaleras del Generalife

El agua es la esencia del jardín, con pequeños y grandes estanques. Para conectar la parte superior del parque con los Jardines Amargós, actualmente Jardines del Teatre Grec, Forestier diseñó una escalera inspirada en la de los jardines del Generalife, con cascadas en los pasamanos, estanques con fuentes en los rellanos y bancos de piedra para reponerse y disfrutar del frescor y el sonido del agua.

Los jardines de la Font del Gat

Unas pérgolas mirador llevan de unos jardines a otros, unidos por ejes de rampas, escaleras y cascadas que desembocan en la Font del Gat desde donde se pueden contemplar unas magníficas vistas de Barcelona.

Ocupan la pendiente que va desde la parte más alta de los jardines Laribal hasta el paseo de Santa Madrona e integran la popular Font del Gat y un edificio decimonónico. Se trata de un conjunto de caminos, terrazas y rincones que se adaptan al relieve con escaleras, rampas y una cascada monumental con cuatro secciones separadas por caminos y canales, que van conectando los diferentes tramos.

Todo está cubierto por un espeso follaje mediterráneo y árboles frutales, como nísperos e higueras y palmeras de enormes copas. Si lo miramos desde abajo, junto al paseo de Santa Madrona, vemos que los altísimos cipreses situados al inicio de la cascada acentúan la verticalidad del conjunto.

La rosaleda de la Colla de l'Arròs

Una glorieta de cipreses, con una pequeña fuente en el centro, marca el inicio de un recorrido que, debajo de una pérgola con pilares de terracota, conduce a un patio ovalado y recluido también rodeado de cipreses: la rosaleda de la Colla de l'Arròs

El jardín se configura en diferentes planos, con aire de patio, que están rodeados de cipreses e hileras de aligustres. En diferentes parterres rectangulares se han plantado antiguas variedades de rosales. En el centro destaca un pequeño estanque cuadrangular con azulejos esmaltados, presidido en la parte superior por Estival, una escultura de un desnudo femenino en mármol que contempla la rosaleda y, más allá, Barcelona.

La plaza del Claustre

De hecho se trata del jardín de Sant Miquel, junto al paseo de Santa Madrona, en el que destacan tres grandes plataneros que ya existían antes de que Forestier diseñara los jardines. Al fondo, los muros de lo que antes había sido una antigua cantera confieren a esta parte de los jardines Laribal un aire recluido y claustral. Y de aquí viene su nombre. A la derecha encontramos un corredor que comunica con los jardines del Teatre Grec. Una conexión que se resuelve con un pasillo que sale de la plaza del claustro, un espacio recluido que como el teatro griego aprovecha los muros de una antigua cantera y donde podremos ver tres ejemplares de plátano (Platanus X Hispanica) que ya estaban en el momento de la construcción de los jardines.

Vegetación

La vegetación madura y mediterránea da sentido a los jardines. Así, entre otras especies, hay pinos carrascos (Pinus halepensis), pinos piñoneros (Pinus pinea), laureles (Laurus nobilis), naranjos amargos (Citrus aurantium) y cipreses (Cupressus sempervirens). Como exponentes de la vegetación autóctona encontraremos también pinos australianos (Casuarina cunninghamiana), eucalipto (Eucalyptus globulus), cipreses de Lambert (Cupressus macrocarpa) y cedros del Himalaya (Cedrus deodara).

Las escaleras del Generalife están rodeadas de grandes acacias (Robinia pseudoacacia) y arbustos como el aligustre (Ligustrum lucidum) y el pitosporo (Pittosporum tobira), una especie de arbusto muy abundante en los jardines, junto con la adelfa (Nerium oleander) y el evónimo del Japón (Evonymus japonicus).

En macetas de terracota lucen las elegantes hojas de salón (Aspidistra elatior) y los geranios (Pelargonium sp.), al tiempo que las glicinias (Wisteria sinensis) y los rosales de Banksia (Rosa banksiae) cubren las pérgolas. En diferentes lugares de los jardines encontramos plantas aromáticas, como la lavanda (Lavandula angustifolia), el romero (Rosmarinus officinalis) y otras especies tapizantes como la hiedra (Hedera helix).

En los jardines de Laribal también encontramos pinos australianos (Casuarina cunninghamiana), eucaliptos (Eucalyptus globulus), cipreses de Lambert (Cupressus macrocarpa), cedros del Himalaya (Cedrus deodara) y, en la plaza del Claustre, tres grandes ejemplares de platanero (Platanus X hispanica).

Arte y arquitectura

En estos jardines la escultura es notable, tanto por su calidad como por su belleza. Presidiendo la rosaleda tenemos el Estival, de Jaume Otero (1929), una figura femenina sentada, de estilo art decó y realizada en mármol.

La Noia de la trena, de Josep Viladomat (1928), es otro desnudo femenino, en este caso de bronce, que representa una joven que se recoge el pelo en una trenza. Se encuentra en una placeta sombría muy cerca de las escaleras que comunican con los otros niveles de los jardines.

La tercera escultura también es de una mujer y de Josep Viladomat, que la realizó en base a un original de Manolo Hugué. Se trata de Repòs (1925), un desnudo femenino de piedra, a tamaño natural, situado en una placeta circular muy cerca de la entrada que hay al lado de la Fundació Joan Miró.

Cerca de la rosaleda se encuentra una fuente de cerámica esmaltada con motivos marinos, coronada con un surtidor, obra del ceramista Llorenç Artigas.

La Font del Gat

El agua de la Font del Gat mana desde la cabeza de un felino, esculpido por Joan Antoni Homs en 1918, año en el que se terminaron los jardines Laribal. Esta fuente era una de las muchas que manaban en aquellos momentos en Barcelona y, el lugar en el que se encuentra era muy popular en la ciudad a finales del siglo XIX.

La fuente era tan popular que el periodista y autor teatral Joan Amich escribió una canción: "La Marieta de l'ull viu", que todavía hoy se canta e incluye la estrofa: "Baixant de la font del Gat, / una noia, una noia, / baixant de la font del Gat / una noia amb un soldat...".

Historia

A principios del siglo pasado, en la zona que hoy ocupan los jardines Laribal se celebraban encuentros populares, sobre todo en la Font del Gat, o reuniones selectas, como las que hacía la Colla de l'Arròs, un grupo medio gastronómico medio político que tuvo una cierta influencia en la Barcelona del final del siglo XIX y principio del XX y que se reunía en un pequeño edificio situado donde ahora se encuentra el Museo Etnológico.

La parte alta de los actuales jardines pertenecía a la finca de Josep Laribal, un prestigioso abogado cuyo nombre se ha perpetuado en los jardines. Allí se hizo construir un chalet neoárabe, rodeado de unos jardines eclécticos, con grandes árboles.

Tras la muerte de Laribal en 1908, la finca fue adquirida por el Ayuntamiento que fundó en ella la Escola del Bosc, que todavía existe. Simultáneamente, se iniciaron los estudios para urbanizar y enjardinar la montaña, con un proyecto global que inicialmente se encargó a Josep Amargós.

La Exposición de 1929

Los jardines de Laribal, terminados en el 1922, también están vinculados con un acontecimiento posterior: la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. Este acontecimiento representó la culminación de un proyecto iniciado en 1905 para organizar en Montjuïc una exposición sobre las industrias eléctricas, la energía emergente de aquel momento.

Uno de los comisarios de la Exposición Internacional de Barcelona fue Francesc Cambó, que encargó los trabajos de ajardinamiento al ingeniero y paisajista francés Jean Claude Nicolas Forestier. Su ayudante fue el joven arquitecto Nicolau M. Rubió i Tudurí, que en 1917 se convertiría en el director de la Dirección de Parques Públicos y Arbolado, antecedente del Servicio de Parques y Jardines de Barcelona, del que fue el primer responsable y una de las personas determinantes en el futuro desarrollo de los espacios verdes públicos de la ciudad.

Características

Distrito
Sants-Montjuïc
Dirección
p de Santa Madrona, 2
Accesos
paseo de Santa Madrona, avenida Miramar, jardines del Teatre Grec y Fundación Joan Miró
Superfície
3,16 hectáreas
Horario
de las 10.00 h hasta el atardecer
Cómo ir
Cómo llegar
Servicios
  • Bar y lavabos
  • Conservador/a del parque
  • Recorrido accesible
  • No pueden entrar perros
  • No se puede jugar al fútbol
  • No se puede circular en bicicleta
  • No se puede hacer picnic
Equipamientos
  • Museo Etnológico
  • Ascensor al restaurante
  • Fundación Joan Miró
  • Ascensor (abierto durante el Festival Grec)
Elementos de interés
Esculturas
Fuentes

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