Repensar la ciudad inteligente

Il·lustració d'un senyor i una bossa, sembla la figura del Monopoly

La infraestructura de la ciudad ofrece nuevas oportunidades de beneficio y poder que las hace muy deseables para las plataformas privadas como Google, Uber o Baidu. El resultado del crecimiento de los modelos de negocio basados en la extracción de datos es el diseño de un espacio urbano pensado para los intereses lucrativos de los monopolios de las plataformas actuales. Barcelona y Preston realizan un interesante esfuerzo para repensar la ciudad inteligente desde una perspectiva ciudadana.

En el año 2007 se produjo un acontecimiento transcendental: por primera vez en la historia de la humanidad, más del 50 % de la población mundial vivía en un espacio urbano.[1] Las ciudades se han convertido en el entorno primordial de la existencia humana, a medida que la migración del ámbito rural al urbano ha ido tomando impulso en todo el mundo. Esta tendencia va acompañada de la llegada de un nuevo modelo de negocio cada vez más dominante: la plataforma. Mientras que la primera década del nuevo milenio se llenó de esperanzas sobre las oportunidades que ofrecía la Web 2.0 y su nueva relación con los usuarios, en los años posteriores se ha visto que esos sueños de una internet abierta se han ido limitando cada vez más a las plataformas privatizadas.

Estas plataformas son un nuevo modelo de negocio basado en la intermediación, que reúne diferentes grupos de personas y les permite interactuar de diversas maneras. Facebook, por ejemplo, reúne a usuarios, anunciantes, desarrolladores y empresas que pueden utilizar la plataforma para crear perfiles, anuncios, aplicaciones y páginas, y para interactuar entre sí de una infinidad de maneras. Del mismo modo, la plataforma Uber conecta pasajeros y conductores. Un aspecto importante de estos modelos de negocio es que, al posicionarse entre diferentes grupos, ocupan un lugar privilegiado para registrar y extraer datos sobre los comportamientos de estos grupos. Todo lo que pasa en la plataforma está sujeto a la extracción, y en una economía cada vez más impulsada por los datos, esta posición ofrece una ventaja competitiva importante. Pero, para mantenerse en primera línea, estas empresas tienen que extraer cada vez más datos. Y, puesto que nunca saben qué datos pueden llegar a ser importantes en el futuro, sus ambiciones de absorber datos conocen pocos límites. Este deseo insaciable de más datos es básico para estas empresas y fundamental para entender sus acciones.

En los últimos años se han unido las tendencias hacia una mayor urbanización y unas plataformas más expansivas. Unas plataformas que ya hace tiempo que ofrecen diversos servicios urbanos: aplicaciones de mapas, trayectos en coche compartidos, bicis compartidas y sistemas logísticos, entre otros. Las empresas tecnológicas empiezan a establecer acuerdos para utilizar las ciudades como bancos de pruebas de sus programas de coches sin conductor. Uber, por ejemplo, ha llegado a acuerdos con Arizona y Pittsburgh para operar con coches sin conductor, mientras que Baidu ha establecido acuerdos para experimentar con la nueva tecnología en Pekín. Además, se están implementando sistemas de vigilancia basados en el aprendizaje automático en todo el mundo. Recientemente, los Sidewalk Labs de Google se han asociado con la ciudad de Toronto para rediseñar experimentalmente la zona de la orilla del lago siguiendo el modelo de ciudad inteligente. Todos estos experimentos son las primeras estrategias de la guerra territorial entre plataformas por el futuro urbano.[2]

Como es el proyecto más ambicioso y conocido, la colaboración entre Toronto y Sidewalk Labs es la iniciativa más reveladora de la estrategia de fuentes de estos proyectos. La revitalización de la zona de la orilla del lago que propone Google incorpora calles diseñadas expresamente para vehículos sin conductor, con la conectividad integrada desde un principio, viviendas modulares y toda una serie de servicios basados en los datos.[3] La meta final en este caso es, como señala Evgeny Morozov, ni más ni menos que lograr que compañías como Google se conviertan en la plataforma digital del resto de la ciudad.[4] Las ciudades se están reimaginando, literalmente, como una extensión del aparato de extracción de datos de las grandes plataformas.[5] El objetivo en este caso es posicionarse dentro del paisaje urbano de una manera que les permita obtener datos de los ritmos y flujos de la vida cotidiana. Por otro lado, las inquietudes en el ámbito local en torno a las características y el alcance de esta extracción de datos se han recibido mayoritariamente con reticencia por parte del proyecto.[6]

[1] “Urban population (% of total)”. The World Bank.

[2] Aquí también podemos añadir el enfrentamiento que Amazon ha provocado entre ciudades, cuando las autoridades municipales intentan desesperadamente llevarse la segunda sede de Amazon, o també podemos fijarnos en las ciudades totalmente nuevas de China que se construyen desde cero para ser inteligentes.

[3] Sidewalk Labs, “Project Vision”.

[4] Morozov, “Google’s Plan to Revolutionise Cities Is a Takeover in All but Name”.

[5] GoogleTechTalks, Sidewalk Labs.

[6] “More Info Sought on Sidewalk Labs’ Proposed Waterfront Neighbourhood”.

La carrera por el predominio mundial

La ventajas para Google como empresa centrada en los datos (que, además, ahora prioriza explícitamente la inteligencia artificial o IA) son obvios. Puesto que el aprendizaje automático actual requiere grandes cantidades de datos y, de hecho, mejora cuantos más datos hay disponibles, cualquier empresa que quiera competir en inteligencia artificial necesita acceso al máximo número de datos posible. Más datos permitirán a Google crear nuevos servicios y productos, mejorar los servicios existentes y entrenar sus algoritmos para que superen a sus competidores. Se trata de una carrera en la que todo vale para convertirse en la compañía de IA dominante del mundo.

Un aspecto crucial es que también existe un imperativo geopolítico, ya que las plataformas chinas tienen una ventaja competitiva importante sobre sus homólogas norteamericanas. Mientras que las plataformas norteamericanas se han construido a partir de servicios basados en internet y se han expandido desde aquí, las plataformas chinas tienen una integración mucha más profunda y previa con las interacciones fuera de línea.[1] En China, por ejemplo, los pagos por móvil son casi omnipresentes y tienen una tasa de adopción mucho mayor que en EEUU o Europa. El resultado es que plataformas como Alipay y Ten Pay registran las transacciones financieras cotidianas de un modo que Apple Pay y Android Pay solo pueden soñar. Igualmente, las denominadas superaplicaciones como WeChat conectan pagos móviles, reservas de restaurantes, citas médicas, comer a domicilio, bicis compartidas, etc., en una única aplicación, lo que ofrece a empresas como Tencent un acceso inigualable a la vida fuera de línea de los ciudadanos chinos. Por el contrario, las plataformas norteamericanas no disponen de la profundidad y la extensión de este tipo de conocimientos. La digitalización de servicios fuera de línea apenas está empezando en el mundo occidental y la adopción es lenta en muchos casos. En cambio, las plataformas occidentales se basan en las redes sociales o en los motores de búsqueda en línea para agrupar los perfiles de los usuarios. La plataformización de la ciudad promete cambiar todo esto, incrustando en el tejido urbano el mismo aparato extractivo que se encuentra en las plataformas en línea.

Pero existe un tercer motivo, más allá de la extracción de datos y la competencia geopolítica, por el cual las plataformas de hoy buscan acceso a la infraestructura de la ciudad. La infraestructura de la ciudad ofrece unas nuevas oportunidades de beneficio y poder muy importantes. Aunque empresas como Google y Facebook parezcan hoy poderosas, la verdad es que dependen del sector de la publicidad (Google debía el 86 % y Facebook el 99 % de sus ingresos totales a la publicidad en el tercer trimestre de 2018),[2] y el sector publicitario es relativamente pequeño en comparación con el resto de la economía mundial. Por el contrario, la infraestructura inmobiliaria y energética de la ciudad ofrece unos nuevos sectores inmensos para que las compañías de plataformas se impliquen en ellos.[3] Si Google puede obtener dinero de estos sectores y de sus grandes agentes actuales, la frágil dependencia de los caprichos de un mercado publicitario pequeño podría empezar a desaparecer.

El resultado final de todo eso es un espacio urbano que no está diseñado por y para la gente, sino que está diseñado por y para los datos y los intereses lucrativos de los monopolios de las plataformas actuales. Como pregunta Jamie Powell, “¿la planificación urbanística satisface las necesidades de una población diversa o sirve para obtener la mejor información de comportamiento?"[4] Lejos de ser una mejora de la libertad de abajo a arriba, se trata de una estrategia dirigida por las plataformas (y facilitada por los gobiernos) para convertir a los habitantes de las ciudades en fábricas de datos.

¿Qué alternativa hay? Una solución podría ser simplemente rechazar de plano el uso de tecnologías digitales y datos masivos. En lugar de transformar las ciudades con la última tecnología, podríamos mantener enfoques más sencillos y tradicionales. Esta solución tiene la virtud de ofrecer una respuesta sencilla: rechazar totalmente la tecnología. Pero también implica renunciar a las oportunidades que ofrecen estas nuevas tecnologías. No tenemos que dejar que el capitalismo de las plataformas monopolice nuestros imaginarios sobre cómo se puede utilizar la tecnología. No solo tiene que utilizarse para la acumulación de capital y el extractivismo de datos.


[1] Lee, AI Superpowers, 56.

[2] Fuente: documentación presentada a las autoridades de EEUU (formulario 10-K)

[3] La sanidad es el otro gran sector en que se están introduciendo plataformas como Google, Amazon y Microsoft. Amazon ha mostrado un gran interés para obtener una parte de los grandes contratos públicos de adquisición para finalidades militares, como por ejemplo proveer a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de computación en la nube y proporcionar herramientas de vigilancia para la Agencia de Inmigración y Aduanas (ICE).

[4] Powell, “Embracing Waterfront Google-Fication in Toronto”.

Il·lustració amb bosses que contenen monedes © Albert Tercero

Repensar la ciudad inteligente

Barcelona presenta una alternativa diferente, con los esfuerzos del proyecto DECODE para repensar la ciudad inteligente desde una perspectiva ciudadana. Aquí vemos unos esfuerzos impresionantes para dar voz a la gente sobre sus datos, pero también para construir proyectos que les influyan y beneficien su vida cotidiana de modos significativos. Sin duda, hay mucho que aprender de este experimento. Pero también existe un modelo intrigante, aunque quizás más tradicional, que surge de la ciudad británica de Preston y que recuerda los ideales del socialismo municipal. Podría ser provechoso concebir conjuntamente los dos modelos, Barcelona y Preston, para pensar cómo podría ser una ciudad inteligente para las personas orientada hacia cambios estructurales mayores.

En el corazón del modelo Preston se encuentra la idea de la creación de riqueza comunitaria, con el objetivo de utilizar y desarrollar recursos locales en lugar de depender de grandes monopolios como Google. En este caso, es crucial la contratación desde el gobierno y las “instituciones de anclaje”, es decir, aquellas grandes instituciones locales que difícilmente abandonaran la ciudad (hospitales, universidades, museos y otros centros culturales, etc.).[1] El paso inicial del modelo Preston es conseguir que estas instituciones destinen una proporción mayor de su contratación a los proveedores locales. De esta manera, en lugar de enviar dinero en los bolsillos de Larry Page o Sergey Brin, el poder adquisitivo de estas instituciones se puede utilizar para ayudar a desarrollar alternativas locales. La ciudad de Preston ha utilizado este modelo para revitalizarse (y de paso convertirse en la ciudad que más ha mejorado de Gran Bretaña),[2] pese a que hasta ahora se ha centrado en negocios bastante tradicionales. No obstante, es fácil imaginar una versión de este proceso dirigida a la ciudad inteligente, encabezada por los habitantes de la ciudad, y destinada a desarrollar alternativas a la visión extractivista de datos que tiene Google de la ciudad inteligente. Eso podría permitir que los proveedores de servicios inteligentes de la ciudad crecieran mucho más rápidamente y fuesen más allá de los pequeños proyectos.

El riesgo de todo ello es fetichizar lo local (y hay literatura sobre la construcción de riqueza comunitaria que lo hace, invocando la comunidad local como una virtud exenta de problemas): una postura que intenta efectivamente construir un enclave aislado del capitalismo global, al mismo tiempo que borra o niega sus propios vínculos constitutivos con el exterior.[3] Por este motivo, cualquier proyecto de ámbito municipal también tiene que orientarse más allá del ámbito local, hacia el regional, estatal e internacional (y no necesariamente en este orden). Las mejoras alcanzadas a escala local deben utilizarse no solo como un fin en sí mismas, sino también como pasos hacia un cambio de conciencia y, finalmente, un cambio social y económico más amplio. Esto significa establecer conexiones con ciudades afines del mundo, compartir recursos, crear bienes digitales comunes y planificar estrategias contra las absorciones por parte de los monopolios de las plataformas. Si más de la mitad del mundo vive ahora en las ciudades, estas se han convertido en un instrumento de poder crucial y en un espacio desde el cual construir un mundo mejor. Barcelona y Preston ofrecen lecciones esenciales de cómo podemos empezar.


[1] Hanna, Guinan, i Bilsborough, “The ‘Preston Model’ and the Modern Politics of Municipal Socialism”.

[2] Partington, “Preston Named as Most Improved City in UK”.

[3] Srnicek i Williams, Inventing the Future: Postcapitalism and a World Without Work.

 

Bibliografia

GoogleTechTalks. Sidewalk Labs: Reimagining the City as a Digital Platform.

Hanna, Thomas; Guinan, Joe, y Bilsborough, Joe. “The ‘Preston Model’ and the Modern Politics of Municipal Socialism", openDemocracy, 2018.

Lee, Kai-Fu. AI Superpowers: China, Silicon Valley, and the New World Order. Boston: Houghton Mifflin Harcourt, 2018.

“More Info Sought on Sidewalk Labs’ Proposed Waterfront Neighbourhood”. Toronto Sun, 2 de mayo de 2018.

Morozov, Evgeny. “Google’s Plan to Revolutionise Cities Is a Takeover in All but Name", The Observer, 21 de octubre de 2017, Sec. Technology.

Partington, Richard. "Preston Named as Most Improved City in UK". The Guardian, 1 de noviembre de 2018.

Powell, Jamie. “Embracing Waterfront Google-Fication in Toronto”. Financial Times, 12 de marzo de 2018.

Sidewalk Labs. “Project Vision”, 17 de octubre de 2017.

"Urban Population (% of Total)". World Bank.

Publicaciones recomendadas

  • Capitalismo de plataformasCaja Negra, 2018
  • Inventar el futuroMalpaso, 2017
  • Inventing the Future: Postcapitalism and a World Without WorkVerso, 2015

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