Reportaje Fotográfico

2 Enero

10 Fotografías

Already But Not Yet

El trabajo de Jordi Barreras parte del fotoperiodismo y desemboca en la fotografía documental de autor, bajo la influencia de artistas como Martha Rosler. Con la crisis económica, Barreras dejó de trabajar para periódicos nacionales y emigró a Londres, donde empezó un proyecto gráfico sobre la City of London Corporation, uno de los distritos financieros más importantes del mundo. Su configuración coincide en algunos puntos con el espacio que ocupaba la antigua muralla medieval, y se convierte en el símbolo del dominio económico. Las 22 fotografías recogidas en el libro Already But Not Yet son el fruto de cinco años de trabajo. Con una arquitectura imponente como trasfondo vital, muestran el aislamiento y la vulnerabilidad de quienes viven sometidos a una competitividad extrema y a estrategias de motivación, con promesas de un éxito que nunca llega.

El título de este trabajo, Already But Not Yet, evoca un concepto teológico, el del reino de Dios que es al mismo tiempo presente y futuro: ya formamos parte de él (already), pero no se conseguirá su realización plena hasta el futuro (but not yet). La tensión entre este “ahora” y un “todavía no” provoca una sensación de espera y una atmósfera de suspensión, que el fotógrafo trata de captar del modo en que lo hacen las pinturas da Edward Hopper. La cámara registra un tiempo en el que parece que no pasa nada, en el que los personajes instalados en la pausa buscan un rayo de sol, detenidos en medio de una jornada que se prevé dura y larga. Les han dicho que, aunque las condiciones sean precarias, si persisten en su esfuerzo, lograrán alcanzar los objetivos. Esforzarse significa, en este caso, autoexplotarse, como explica el filósofo Byung-Chul Han en su obra La sociedad del cansancio. Nadie les garantiza que el camino del éxito no se romperá por un expediente de regularización o por un despido repentino. La monotonía del instante solo se ve interrumpida por el anhelo de que la situación mejore, pero hace falta paciencia. Como dicen las bienaventuranzas, “bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra”. El capitalismo se apropia de esta idea para alimentar una nueva religión materialista basada en la promesa de una ganancia futura a la que se debe sacrificar el presente. No es casualidad que, en las metrópolis actuales, los edificios más altos ya no sean catedrales o iglesias, sino las sedes de las grandes corporaciones que compiten entre sí para tener la torre más alta y demostrar, así, su control simbólico sobre el territorio.
 
Los comentarios que acompañan estas imágenes parten de los textos de Flavia Loscialpo y Stephanie Schwartz incluidos en la misma obra.

©Jordi Barreras

Estas imágenes ponen el foco en el sujeto aislado, solo rodeado de los imponentes edificios que simbolizan las estructuras de poder del capitalismo mundial. El propio título del trabajo ya expresa el sentido del mensaje: los trabajadores “ya” (already) forman parte de los mecanismos neoliberales, “pero todavía no” (but not yet) han llegado al fin de su realización, que nunca es completa y siempre se proyecta hacia el futuro. Hay una clara intención política en la composición de las imágenes: el aislamiento del sujeto se inserta en un contexto de fragmentación y atomización de la vida, erosión de la comunidad, creciente desregulación, productividad e inacabable carga de trabajo. Hemos pasado, según el filósofo Byung-Chul Han, de la “sociedad disciplinaria” a la “sociedad del rendimiento”, en la que los individuos, para tener éxito, deben encarnar cualidades como la adaptabilidad, la flexibilidad, la versatilidad, la proactividad y la iniciativa. Impulsados por el imperativo de rendimiento, se exponen a una disponibilidad ilimitada. De hecho, se someten a sí mismos a un régimen de autoexplotación. Las estrategias neoliberales de subyugación funcionan a través de una internalización del poder, y sus manifestaciones son el miedo de no conseguir nada, el agotamiento, el cansancio constante y la depresión.

©Jordi Barreras

Los extraños momentos de aislamiento captados en el ajetreado epicentro financiero de Londres muestran la condición del sujeto neoliberal. En la ciudad, que tiene una función de creación de redes, los individuos están constantemente conectados, orgullosos de estar ocupados, y, sin embargo, se encuentran aislados cuando tienen que enfrentarse a los imperativos de rendimiento y a las estructuras de poder. La presencia imponente y dominante de los rascacielos es una alegoría del peso que tienen los poderes económicos y corporativos, y de la subordinación de las personas. Además de la arquitectura, el otro elemento expresivo es la luz, que muestra sutilmente la posición del sujeto en relación con las estructuras de poder. Mientras que el individuo siempre es captado por esta claridad, los edificios permanecen mayoritariamente en penumbra. Esto sugiere que el poder y sus formas de vigilancia están (habitualmente) ocultos. La posición escogida por el fotógrafo también queda oculta, observando y actuando desde la sombra. Las fotografías de Barreras invitan a reflexionar sobre el papel y la naturaleza de la fotografía documental, e insinúan el hecho crucial de que, como afirma Michel Foucault, “donde hay poder, hay resistencia”.

©Jordi Barreras

Las situaciones banales de introspección se presentan como un síntoma del mal funcionamiento de un sistema que convierte las aspiraciones de la gente en un señuelo para atraparla. Lo más preocupante es que estas personas, abstraídas en sus pensamientos, se parecen demasiado a cualquiera de nosotros. Con esta propuesta crítica, el autor intenta hacer más legible la realidad.

©Jordi Barreras

En Los no lugares. Espacios del anonimato, el antropólogo francés Marc Augé introduce la idea de los “no lugares” como espacios creados por la “sobremodernidad”. Estos espacios transitorios, por los que pasan los actores humanos de forma anónima, se contraponen con los “lugares”, que tienen un rol profundamente relacional y de conexión entre las identidades sociales e individuales. Aunque la percepción pueda ser subjetiva, los “no lugares” se definirían como espacios con los que el individuo no se relaciona de forma íntima y a los que no se aplica la poética del habitar. En Already But Not Yet, la City londinense es representativa de muchos otros centros financieros, extremadamente concurridos durante las horas de trabajo y particularmente silenciosos cuando las oficinas cierran. A pesar de ser el espacio de trabajo de miles de individuos que se pasan en ella la mayor parte de su jornada diaria, la City es eminentemente un lugar de paso. Foto a foto, este trabajo documental desgrana la enigmática relación entre el sujeto moderno y el entorno urbano, donde la arquitectura no es el único factor imponente. De modo sorprendente, la serie se fotografió íntegramente durante los días laborables previos a la pandemia, en horarios en que la ciudad estaba muy concurrida.

©Jordi Barreras

Las fotografías de la serie no son íntimas ni narrativas: ofrecen una especie de registro de las exigencias a las que están sometidos quienes intentan ganarse la vida en cualquier capital financiera. ¿Qué es, en este medio, el trabajo? ¿Cómo se puede ver o representar? Esta pregunta no es novedad. Los críticos culturales ya la plantearon a principios del siglo xx, cuando los nuevos procesos de industrialización, como el taylorismo, hicieron irreconocible lo que antes se consideraba trabajo. Muchos sugirieron que, al dejar de ser una ocupación o una tarea, ya no se podía representar igual que antes. Varios fotógrafos registraron esta transformación. Un ejemplo icónico de ello es Wall Street (1915), de Paul Strand. De una forma similar, las imágenes de Barreras juegan con el peso de las fachadas arquitectónicas, que delimitan los espacios públicos y privados de la ciudad. En Already But Not Yet se transmite sensación de luz y aire, pero no hay horizonte, los individuos parecen atrapados entre los gigantes acristalados y el haz de luz que los ilumina. No es casualidad: las nuevas ciudades producen trabajadores y los espacios urbanos llegan a funcionar como máquinas para sostener la vida. Strand definió estas máquinas como un “nuevo Dios”.

©Jordi Barreras

En palabras de Allan Sekula, “el género documental había contribuido al espectáculo, la excitación de la retina, el voyerismo, el terror, la envidia y la nostalgia, y tan solo unos pocos trabajos representaban una comprensión crítica del mundo”. Las intenciones políticas de Jordi Barreras sitúan su obra en la línea de estas demandas de los años setenta. Autores como Martha Rosler, Jo Spence y el propio Sekula reivindicaron la necesidad de un cambio radical en el género.

©Jordi Barreras

La revisión crítica del género documental ha puesto de relieve su carácter poco reflexivo y la falta de trabajos que, de forma clara, hagan una crítica a las estructuras de poder. Jordi Barreras disparó esperando que la luz del sol incidiera en las fachadas arquitectónicas que amurallan la City. Este esperar la nada es la antítesis del fotoperiodismo, su antigua profesión.
 
©Jordi Barreras

El interés por la fotografía social que profesa el autor nace de la revista Grama, publicación que en los años setenta representó la voz de las luchas populares y las reivindicaciones obreras. Sus referentes locales son Joan Guerrero, fotógrafo de Santa Coloma de Gramenet; las imágenes de Xavier Ribas en la serie Diumenges (1994-1997); o las conversaciones con Jorge Ribalta sobre fotografía conceptual.

©Jordi Barreras
 

Este trabajo plantea la City londinense como una metrópolis muerta, que se ha vendido a los intereses privados y se ha olvidado de la vida pública, pero alerta porque podría ser cualquier ciudad del mundo. Las fotografías son la metáfora de una sociedad en la que imperan el aislamiento social y el individualismo por encima del sentimiento de comunidad. La City es un ejemplo simbólico de cómo el poder impone su modelo de urbanismo.

©Jordi Barreras

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