

Slavedown y Lipstick, en la sala Wolf
Los grupos de Girona y Barcelona prometen un concierto con guitarras de alto voltaje con el estreno de los álbumes ‘The enemy inside’ e ‘Inner City’, respectivamente.
La escena underground está de enhorabuena. Y por partida doble. El 13 de noviembre, dos bandas que forman parte de la Familia Revolución, Lipstick y Slavedown, tocarán en la sala Wolf. Su actitud sobre el escenario forma parte de una forma de entender y vivir la música, sincera, visceral y romántica a la vez. La misma que les lleva a editar sus trabajos únicamente en vinilo.
Slavedown es el embajador del hardcore y el metal contemporáneo en nuestro país, con tótems como Motörhead, Black Sabbath o Alice In Chains. El grupo nació en el 2014 en tierras gerundenses, pero sus componentes son cuatro músicos de larga trayectoria. El cantante, Marc Corso, pasó antes por Sangtraït, Áspid y Rockzilla. El proyecto lo completan Andreu Runo (guitarra), Sue Gere (bajo y ex de Warrior Soul) y Jordi Big Villano Vila (batería). Desde que en el 2018 debutaron con el disco homónimo, han ido pulido y actualizado la base hard rock de los años 70, 80 y 90. Son cinco décadas de rock condensadas: “El primer misil que disparamos cayó cerca, hemos corregido la trayectoria y acabamos de disparar el segundo”. Su nuevo trabajo, The enemy inside, profundiza en ese sonido agresivo y contundente que les caracteriza. ¡El misil ha dado en el blanco!
A su lado actuará Lipstick, una de las bandas míticas de Barcelona. Sugar Kane (voz y guitarra), David Lipstick (guitarra), Dave Escalona (bajo), Franck Castillo (batería) crearon el grupo cuando iban al instituto y en el 2000 volvieron a ponerse: “Es el mismo nombre que adoptamos en 1989, pero en realidad es como si nunca nos hubiéramos separado”. Son unos entusiastas del punk-rock americano y el glam, y sienten verdadera devoción por The New York Dolls, Kiss, Roxy Music o David Bowie. Para ellos, “la verdadera actitud punk es aprender a decir que no”. Valoran la autenticidad y el pasarlo bien por encima de todo. Sus discos son obras de orfebrería: “Sólo grabamos las canciones que tienen calidad suficiente para pasar a la posteridad, canciones de las cuales estamos 100% orgullosos, así que podemos pasar tiempo sin publicar nada”. A sus espaldas acumulan un EP –Feedback Destroyer– y tres discos –A kind of self-destruction (2007), Anthems for life… and death (2013) e Inner City (2021)–, el último de los cuales ve la luz justo ahora, después de que el estallido de la pandemia truncó su lanzamiento.
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