Rocksound

Fotos: Ferran Sendra

Rocksound

C/ Almogàvers, 116 (El Parc i la Llacuna de Poblenou)

Concert de Joe King Carrasco

¡Viva ‘Barceloca’, cabrones!

El lunes es el día menos rockero de la semana. Las calles de Barcelona están desiertas y las del Poblenou, aún más. Pero en el cruce de las calles Almogàvers y Pamplona hay una puerta que no para de abrirse. Es la de la sala Rocksound. Un tipo con sombrero vaquero conversa con tres personas a la entrada. Es Joe King Carrasco, veterano apóstol del tex-mex, esa música fronteriza que salta de Estados Unidos a México a la misma velocidad con que cambia de idioma.

Para muchos espectadores, su visita es todo un acontecimiento. Hacía décadas que no se le veía en Barcelona. Robert Mills, el veterano promotor que lo ha convencido para actuar un lunes en el Poblenou, es el mismo que lo trajo en 1990 a Zeleste 2, a apenas cien metros de donde toca hoy. El tejano anda de cháchara, explicando a sus fans que en México actúa seis noches por semana y que a sus 63 años aún surfea para mantenerse en forma. Y vaya si lo está. Aún no lo sabemos, pero nos esperan dos horas de espectáculo.

Joe King Carrasco ya se dedicaba al rock mestizo antes de que naciese Mano Negra. De hecho, los franceses publicaron en su día una versión de su ‘Pachuco hop’. Cuenta el rockero tejano que escribió un email a Manu Chao para invitarle al concierto, pero este le ha contestado que anda de gira.

Un portero con cresta punki

Rocksound es la antítesis de la sala de conciertos ultraprofesional. En la puerta no tienen al típico portero uniformado que pone mala cara si llega alguien con cresta punki. Aquí la cresta punki la lleva el portero. Una vez cruzas la puerta, crees haberte teletransportado a un bar de carretera a las afueras de Laredo o cualquier otra ciudad del sur de Estados Unidos. Las paredes están forradas con fotos de glorias del rock añejo. La más imponente es la de un Johnny Cash desafiando a cámara con su dedo corazón. Hay un póster gigante del concierto de Johnny Winter de 1990 que aún luce el logotipo de ‘Barcelona Posa’t Guapa’.

Casi tres décadas después, la ciudad sigue poniéndose guapa, pero ya solo para los que puedan pagar el alquiler. A la izquierda del Rocksound hay un solar de futuro incierto. Detrás de la sala, otro. Enfrente ya han construido un edificio que acoge consultorías de ingeniería. Tras él relucen varios hoteles para estudiantes extranjeros. Si alguno entrase hoy al Rocksound se llevaría un sorpresón. El local no se llenará, pero el ambiente es de los que no se olvidan.

Una placa de la calle de AC/DC y otra del bulevar Elvis Presley decoran el escenario. Son elementos fijos a los que Joe King Carrasco ha añadido hoy un retablo portátil de cartón con la imagen de la virgen de Guadalupe. Al fondo de la barra, un hombre de pelo blanco contempla el panorama sentado en un taburete. Frente al escenario se mezclan fans de treinta y pocos a sesenta y muchos. Hay un tipo con gorra y chaqueta de cuero, tejanos con dobladillo y un pañuelo sobresaliendo del bolsillo trasero. Lleva una bolsa con vinilos. Otro viste de riguroso negro. Ojo al broche plateado en el último botón de la camisa.

El guitarrista de Los Secretos

El Rey Carrasco se ha cambiado de ropa en el camerino anexo al escenario cuyo hermético cierre es una cortina negra raída. Su entusiasta y desdentado escudero, el bajista Chuggy Hernández, ya está a su derecha. Al otro lado hoy tiene a Ramón Arroyo; sí, el guitarrista de Los Secretos. Un batería completa la formación. Parece poco arsenal, pero no le hace falta más. El propio Carrasco suplirá la falta de teclados con un pedal de efectos conectado a la guitarra.

“Jo parlo catalán!”, exclama Joe en cuanto toma el micro. Y empieza la fiesta del ‘spanglish’ fronterizo. De la polka pachuca al rocanrol tex-mex y del ‘who put the p in pendejo?’ al ‘my baby se fue al DF‘. Este hombre es una mina de expresiones memorables: del ‘hasta mañana, iguana’ hasta ese ‘nuevo wavo‘ que vendría a ser una enchilada traducción de new wave. No tarda en publicitar Nacho Daddy, el restaurante de comida tex-mex que regenta en Puerto Vallarta. Poco después entona su clásico gastronómico: ‘Jalapeños con Big Red’.

La peña jalapeña lo está pasando en grande. El tejano dispara su frase estrella: “¡Viva ‘Barceloca’, cabrones!”. Una de polka, dos de ranchera, tres de cumbia, cuatro de blues, cinco de mambo, seis de corrido, siete de sixties: rocanrol. El Rey Carrasco baja de la tarima con su guitarra en el cogote a hacer malabarismos. Vale la pena insistir: es lunes y este señor tiene 63 años. Pero mientras la banda sostiene la canción, él cruza la sala Rocksound con la guitarra en equilibrio sobre la cabeza. Dentro de un rato tocará de rodillas entre el público.

Es hora de prender la velada con el incendiario ‘96 tears’ de Question Mark & the Mysterians. El tipo del broche plateado ya se ha arrancado a bailar como John Travolta en ‘Pulp fiction’, pero sin su Uma Thurman. Y ahora, ‘Arriba Sandino’, un twist latino en homenaje a los luchadores nicaragüenses. También hay espacio para las baladas. Una pareja que ha venido desde Granollers para ver actuar al tejano baila abrazada. Chuggy Hernández, el bajista, lanza los coros más desafinados y entusiastas de la historia del rock. Ramón Arroyo, el guitarrista ‘secreto’, es el único de la sala que no sonríe. Anda concentrado en sus cuerdas.

A la paz por el tex-mex

Cuando la mánager de la gira no tiene que vigilar las escapadas de Joe por la sala, vuelve al puesto de merchandising. Allí tiene a la venta una quincena de cedés distintos, camisetas del restaurante y hasta bolsas de rejilla. La camiseta de la gira española tiene como lema ‘A la paz a través del tex-mex’. También podría ser ‘A la felicidad a través del tex-mex’, pues el chute de vitalidad que proporciona su música un lunes te carga las pilas para el resto de semana.

El promotor anda algo decepcionado porque la asistencia de público no ha sido la esperada, pero en cuanto oye sonar el clásico ‘Hey baby, qué pasó’ olvida las preocupaciones y alza el brazo mientras corea la pregunta en spanglish. Su mujer abandona la taquilla y se marca unos bailes con varios espectadores. Isabel Penalba, la telonera, hace rato que ha subido a hacer coros y bailar junto a Chuggy, el Sancho Panza de nuestro Quijote tex-mex. En un último arrebato, el Rey Carrasco y el seriote Arroyo bajan a tocar entre el público para sacar las últimas chispas de sus guitarras al son del ‘Little Queenie’ de Chuck Berry.

Todo es posible si Joe King Carrasco es el rey del lugar. Incluso en lunes.

(Publicat el 24 de setembre de 2017)