Respuestas de acompañamiento a la fragilidad y la dependencia de las personas mayores: lugares alternativos para vivir la vejez adelantada

27/03/2018 18:13 h

Toni Duarte Blanco

El 12 de febrero de 2018 tuvo lugar en el Museo Picasso una sesión de debate sobre viviendas alternativas a la vejez, que contó con la presencia de la Teniente de Derechos Sociales, la Sra. Laia Ortiz, la participación de la investigadora y Dra. en sociología Cécile Rosenfelder, personas expertas y representantes de entidades sociales. La sesión se desarrolló a partir de una conferencia de la Dra Cécile Rosenfelder y un debate entre los participantes.

La Sra. Laia Ortiz planteó el importante peso de las personas mayores en la ciudad y el esfuerzo municipal por prestar servicios de calidad que den respuesta a las necesidades reales de la población mayor. En su intervención, la Dra Cécile Rosenfelder expuso diferentes modelos habitacionals para personas mayores que se han desarrollado en Europa desde los años 70.

Los diferentes proyectos comparten el objetivo común de dar respuesta a las necesidades de apoyo a la fragilidad huyendo de la lógica institucionalitzadora y residencial apostando por lugares de vida que favorezcan una vida comunitaria.

El envejecimiento de la población es un éxito social que comporta la necesidad de dar una respuesta real a las diferentes necesidades de atención que aparecen a lo largo del proceso de envejecimiento personal. La solidaridad familiar y la atención domiciliaria son los pilares del envejecimiento satisfactorio para muchas personas mayores pero tienen limitaciones y no siempre pueden dar una respuesta efectiva a las necesidades reales de atención. Los diferentes modelos de viviendas alternativas quieren dar una respuesta anticipada a estas necesidades siendo una alternativa a la opción residencial.

A lo largo de los años, han aparecido diferentes propuestas de formas de viviendas alternativas a países como Francia, Dinamarca, Alemania y los Países Bajos. Desde viviendas residenciales de lujo, pequeñas unidades convivenciales, hogares compartidos o viviendas autogestionadas de alquiler o compra, más o menos abiertas e integradas en la comunidad que los rodea. Partiendo de principios diferentes, todos se encuentran con el mismo límite: las posibilidades reales que ofrecen para dar apoyo en la dependencia y la fragilidad de sus habitantes.

Vivir en un hábitat autogestionado no es un compromiso sencillo, la vida colectiva puede ser fuente de tensiones y conflictos. La continuidad de los vínculos relacionales con la familia es otro de los retos que se plantean. Y finalmente, la figura y las relaciones convivenciales de los y las cuidadores.

Los diferentes modelos de viviendas alternativas reflejan la necesidad social de dar una opción habitacional diferente a la residencial para las personas mayores.

A pesar de la heterogeneidad de las fórmulas todos coinciden en:

  • La preservación del concepto de hogar
  • La participación e integración en la vida de la ciudad
  • El vínculo social, la solidaridad y la ayuda mutua entre los habitantes o con el vecindario

El reto en lo que tienen que dar respuesta también es común, ser una alternativa que ofrezca apoyos y cuidados a las personas en situación de dependencia y fragilidad.

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