Maria-Mercè Marçal en presente continuo

Tras veinte años de su muerte, la obra de la poeta y narradora “tres veces rebelde”, según sus propias palabras, conoce una vitalidad renovada en el aire político y cultural de los tiempos.

A los veinte años de su final, demasiado joven, la obra de Maria-Mercè Marçal (1952-1998) sigue viva y conoce una nueva etapa, penetrante. En estas dos décadas se han publicado más materiales de un legado que toca las fibras sensibles y agudas de un presente continuo. El cuerpo, la identidad sexual y la libertad creativa. El arte de las mujeres y su invisibilidad sistemática, pero también su continuidad y energía. La maternidad contemporánea, de una consciencia renovada y distinta de la de las generaciones anteriores al feminismo clásico. El amor y las normas que acatamos o no en este terreno complejo. Una obra que tiene como eje imaginativo y de creación la fortaleza y las trabas de una lengua oprimida en paralelo con las dificultades de las mujeres en la vida cultural y política. La resistencia a la misoginia, en definitiva, como clave de bóveda de una verdadera transformación social y como herramienta de creación, la revuelta como instrumento creativo. En este año del 8M valiente y de vida catalana intensísima, Marçal resuena.

Radical en el arte y en la vida, en su forma de entender el estar en el mundo y cómo actuar en él, cómo trabajar y a qué precio. Aquella escritora “tres veces rebelde”, según su conocida divisa de juventud, ha dejado una obra intensa y sólida. Vuelve a sonar la enseña entusiasta: “Al azar agradezco tres dones: haber nacido mujer, / de clase baja y  nación oprimida. / Y el turbio azur de ser tres veces rebelde”. Una divisa que en los últimos años miraba como si no fuese suya; a veces con el orgullo de la poesía que ha dejado de tener autoría y se convierte en poesía popular; otras veces, con la extrañeza que proyectan los años sobre el fervor antiguo y las esperanzas. Lo que nunca cambia en Marçal es la mirada de mujer: ella se presentaba sobre todo como mujer que escribe.

Aboliciones y silencios de la historia de las mujeres

Vivió cuarenta y cinco años de creación sólida. Su poesía, reunida ya en 1989, lleva el título polivalente de Llengua abolida [Lengua abolida], una expresión que reúne de forma precisa unas preocupaciones e inquietudes culturales, estéticas y políticas que se pueden formular diciendo que Marçal es una poeta que se interroga sobre las aboliciones y los silencios con los que se construye la historia de las mujeres, la personal y la colectiva, y cómo lo refleja la creación. Su única novela, La passió segons Renée Vivien [La pasión según Renée Vivien], de 1994, es una indagación extrema y bellamente escrita sobre dichas aboliciones y dichos silencios en la historia literaria, una polifonía, una exploración tenaz y valiente que ilumina el mundo de la poeta lésbica Renée Vivien, quien vivió de 1877 a 1909, entre Londres y París, y que también ilumina el mundo de Maria-Mercè Marçal, que vivió entre 1952 y 1998, casi siempre en Barcelona.

Durante estos veinte años desde su muerte han aparecido textos inéditos y se han publicado los ensayos de crítica cultural y una documentada biografía. La poesía marçaliana vive entre las poetas contemporáneas, que la recitan a menudo: Mireia Calafell, Blanca Llum Vidal, Míriam Cano, Maria Cabrera y Maria Sevilla la dicen y la viven. Tenemos su obra mejor editada y recuperada. Llengua abolida reúne ahora la poesía completa realizada entre 1973 y 1998, es decir, que incluye también el poemario póstumo Raó del cos [Razón del cuerpo]. Los escritos críticos de literatura, cultura y feminismo están recogidos en Sota el signe del drac [Bajo el signo del dragón]. Otros textos están reunidos en los volúmenes colectivos de Cartografies del desig [Cartografías del deseo], recopilatorio de conferencias del Comité de Escritoras del Pen Club. Maria-Mercè Marçal. Una vida, biografía largamente investigada por Lluïsa Julià, es una buena guía de su personalidad y de su obra, así como de la intervención política de Marçal en el independentismo de izquierdas. El dietario póstumo El senyal de la pèrdua [La señal de la pérdida] recopila los escritos inéditos de sus años de enfermedad. Existe un disco grabado de catorce poemas de la mano de otros músicos e intérpretes, y se ha realizado un filme, Ferida arrel [Herida raíz], coordinado por Fran Ruvira, con cortos de veintidós mujeres cineastas. La Fundación que lleva su nombre (http://fmmm.cat) tiene ahora su sede en la Biblioteca de Catalunya y organiza de manera bianual unas jornadas de lo más interesante.

En suma, tenemos ahora más al alcance la posibilidad de dialogar con esta creadora mordaz en cada obra que publicaba, cada conferencia que daba, cada escrito crítico. Marçal fue una voz atendida en un momento significado de nuestra historia reciente, la transición y los años ochenta, cuando el feminismo hizo suya su poética. Fue también significativa en el terreno del nacionalismo y el independentismo de izquierdas en aquellos mismos años. Cuando publicó la novela, la obra dio mayor visibilidad al lesbianismo. Estos mismos elementos, dichos así, uno tras otro, indican hasta qué punto sería escuchada hoy su voz si estuviera todavía: feminismo – independentismo de izquierdas – razones de género y de preferencias sexuales. Indagaciones y obras creativas sobre la identidad que hoy están vivas.

Crecida en Ivars d’Urgell, estudió primero en Lérida con una beca. Corrían los años de alegría económica que siguieron a la posguerra y al inicio de la Guerra Fría y que, en el caso del franquismo, eran alimentados, además, por el incipiente turismo y las divisas de la emigración. Ir a la universidad se hizo posible incluso para las chicas de campo. Se trasladó luego a Barcelona para estudiar lenguas clásicas, decisión que le daría exigencia lingüística y que, con el tiempo, sería su puntal y referencia cuando, ya en la madurez, estudia a fondo los mitos de la feminidad y su exclusión de la historia cultural.

Franco muere en noviembre de 1975 y, el año siguiente, Maria-Mercè Marçal gana el premio Carles Riba con Cau de llunes [Guarida de lunas]. A partir de entonces será una presencia real, una mujer que se hacía escuchar, preñada de sentido. Formaba parte del Grup del Mall, editora de poesía y espacio de revitalización cultural donde se dieron a conocer muchos poetas jóvenes. Era también políticamente activa, siempre lo fue, aunque dejase de militar en las filas del independentismo y del nacionalismo de izquierda cuando, con los años, se decidió por actuar solamente desde estructuras culturales y en relación con la cultura de las mujeres, contra su olvido y su invisibilización sistemática.

Culturas en permanente estado de autovindicación

La “situación lingüística” le preocupó hasta el final. Me dolía el verla sufrir por un debate que, a mi entender, está planteado casi siempre de forma farisaica, sin verdaderas ganas de hacer las cosas como es debido. Hasta que comprendí que sus arrebatos lingüísticos eran, además de un ejercicio constante de análisis por parte de una inteligencia siempre activa, su forma de protesta contra la enfermedad. No bastaba con luchar contra todo tipo de intemperancias editoriales y culturales para realizar el trabajo que debía llevar a cabo: escribir. Ni continuar en la enseñanza pese a que le tomara tanto tiempo de escritura. Llevó el cáncer con entereza y luchó hasta el final. Tan solo soltaba su rabia al leer el periódico y a menudo era debido a la tal “situación lingüística”. “Si salgo de esta –decía–, me haré eslovena”. Quería decir que no podía soportar que una cultura deba existir una vez tras otra siempre en proceso de autoafirmación, de protesta, de vindicación. Algo similar a lo que sucede con la cultura de las mujeres, en un persistente estado de autovindicación que a menudo impide a sus creadoras el avance en la obra propia. No fue este su caso. Maria-Mercè Marçal es, en este sentido, remarcable por el tiempo que dedicó a rescatar y pensar la obra de escritoras del pasado, dedicación que dotó a su propia obra de una coherencia extraordinariamente rica y polivalente.

Las poetas la buscan hoy como interlocutora. Se rencuentran con ella especialmente en los dos últimos poemarios, Desglaç [Deshielo] y Raó del cos, así como en los poemas de maternidad. Es la Marçal más profunda. El poema “Triar” [Escoger], que la poeta dedica a su hija para decirle que ella, la madre, eligió tenerla, es uno de los que me cita Blanca Llum Vidal, quien se ampara también en la condición política de toda la poesía marçaliana, “poesía comprometida con la libertad y con la humanidad; poesía política desde el cuerpo y desde las propias experiencias de vulnerabilidad, de exclusión y de valentía”, me escribe. Maria Sevilla se centra en la novela sobre Renée Vivien y será un placer leerla cuando llegue el momento, pues se trata de una novela aún poco estudiada. Maria Cabrera, Mireia Calafell y Míriam Cano también la siguen. ¿Y los poetas, pregunto? Por lo visto la leen menos. No así los lectores comunes, que no son todos mujeres. Marçal cuidó con generosidad la expresión amorosa, sus adjetivos y sus imágenes, de forma que estos puedan ser dichos por mujeres y por hombres. Las sextinas más eróticas pueden ser recitadas por todos y cada uno de los géneros. Sus poemas de amor son de una intensidad poderosa que se prolonga en un género universal y múltiple, poliédrico.

Este año cumpliría los sesenta y seis años y sería maravilloso debatir con ella el presente. Rabiaría constantemente y le echaría mucho humor. El humor que también cultiva, irónica, en tantos de sus versos y escritos.

Publicaciones recomandadas

Poesía

Cau de llunes, 1977. Premi Carles Riba 1976
Bruixa de dol, 1979
Sal oberta, 1982
Terra de mai, El Cingle, 1982
La germana, l’estrangera 1985
Desglaç, 1997
Raó del cos, 2000

Narrativa

La passió segons Renée Vivien, 1994. Premi Carlemany 1994
Uf, quin dissabte, rateta Arbequina! 2012

Antologías

Llengua abolida. Poesia completa, 1989
Contraban de llum. Antologia poètica, 2010