Salón del Prestigio

 

Varios ganadores del Premio Dau Barcelona a una vida dedicada al juego, como Dan Glimne, Tom Werneck o David Parlett, propusieron en el 2019 abrir un espacio dedicado al reconocimiento póstumo de personalidades históricas que han contribuido significativamente a la difusión y al desarrollo del juego y, específicamente, de los juegos de mesa a lo largo de los siglos, dentro de la historia de la cultura. Y así fue: en la gala de entrega de los premios Dau Barcelona 2019 se presentó esta iniciativa, así como a los primeros integrantes de este singular hall of fame.

Dan Glimne presentó así el Salón del Prestigio:

Hemos sido testigos de la entrega de premios esta noche: premios al diseño inteligente de juegos, así como a una vida profesional dedicada al maravilloso, vasto y fascinante mundo de los juegos.

Me gusta pensar que vivimos —en este momento, históricamente hablando— una época dorada de los juegos: con tableros y piezas, con cartas y dados, con fichas y electrónica y mucho más. Nunca antes los juegos habían gozado de una variedad intelectual tan grande y nunca antes su calidad artística y su diseño físico habían sido tan exquisitos y atractivos.

Pero esta agradable coyuntura, por supuesto, no ha salido de la nada. Todos los que estamos aquí, personas galardonadas y diseñadoras de juegos, así como jugadoras, debemos mucho a otros hombres y mujeres que nos precedieron y que en algún momento imaginaron y crearon nuevas ideas y objetos en el mundo de los juegos: algunos de ellos hoy en día incluso nos parecen tan evidentes que a menudo no los consideramos ni invenciones.

En algún lugar de la sabana africana, quizás hace unos cien mil años, un antepasado nuestro tiró un trozo de hueso o piedra al suelo y consideró importante saber qué lado caería hacia arriba, y así nació el concepto de los dados. Hace unos mil doscientos años, algún noble o dama de honor de la corte china echó un vistazo más de cerca al papel moneda y de repente quedó impresionado por la idea de que era posible crear un juego usando esos billetes con varias denominaciones, y así nacieron los primeros naipes. Y hace aproximadamente novecientos años, muy probablemente en Persia o la India, una tercera persona vio esos primeros naipes en acción y se le ocurrió el concepto de las bazas.

Y aquí solo hemos tomado tres momentos únicos en la larga, sinuosa y rica historia de los juegos. Pero, ¿quiénes eran los hombres y mujeres que estaban detrás de estas tres ideas trascendentales que acabamos de mencionar? Por desgracia, sus nombres se perdieron hace mucho tiempo en las tinieblas de la historia. Algo realmente lamentable.

I, per tant, amb aquest objectiu, hem posat en marxa el Saló del Prestigi de Dau Barcelona, que inaugurem aquest vespre. L’objectiu d’aquest Saló del Prestigi és homenatjar les persones que, al llarg de la història de la humanitat, han fet avenços importants en pro del nostre divertiment i de la nostra comprensió del que són els jocs, com funcionen, per què hi juguem... i que han enriquit així el nostre patrimoni cultural.

Pero, a lo largo de los siglos, ha habido muchas otras ideas, inventos, conceptos y pasos creativos, uno tras otro, y por parte de personas cuyos nombres sí conocemos y cuyo trabajo los que hemos venido después hemos aprovechado, ampliado, mejorado e incorporado a nuestros juegos modernos. Es justo y correcto que estos protagonistas de la historia merezcan, aunque con retraso, el reconocimiento por sus creaciones intelectuales y sus importantes contribuciones al proceso continuo e interminable de pensar y disfrutar de mejores juegos.

De modo que, para tal fin, hemos instituido el Salón del Prestigio de Dau Barcelona, que inauguramos esta noche. El propósito de este Salón del Prestigio es rendir homenaje a aquellas personas que en la historia de la humanidad dieron pasos importantes hacia nuestro disfrute y comprensión de lo que son los juegos, cómo funcionan, por qué jugamos... enriqueciendo así un patrimonio cultural que es el nuestro.

Después de muchas deliberaciones entre los que ya hemos recibido el trofeo Dau Premio Especial, para esta inauguración hemos elegido finalmente a cuatro personalidades que se han incorporado al Salón del Prestigio de Dau Barcelona: cuatro personas de diferentes épocas y lugares de la historia, pero que en última instancia compartían el amor por el juego y cuyas contribuciones son la base de los juegos que jugamos y de los que disfrutamos hoy en día. En los próximos años, les seguirán otros.

Johan Huizinga, presentado por Tom Werneck

Johan Huizinga (1872-1945): ‘Homo ludens’

“El juego es una acción o actividad voluntaria que se lleva a cabo dentro de unos límites definidos de tiempo y espacio, de acuerdo con unas reglas voluntariamente aceptadas pero totalmente vinculantes, que tiene su objetivo en sí mismo y que va acompañado de un sentimiento de tensión y alegría y de la conciencia de ‘ser diferente’ de la ‘vida cotidiana’.” Esta es probablemente la definición más común y atractiva de lo que es el juego. Fue desarrollada por el historiador cultural holandés Johan Huizinga, quien la publicó en 1938 en su libro Homo ludens, que en alemán se publicó con el subtítulo Vom Ursprung der Kultur im Spiel (“Los orígenes de la cultura en el juego”).

Huizinga realizó dos audaces saltos de pensamiento. Uno fue ampliar la clasificación común del Homo sapiens como persona que piensa y del Homo faber como persona que trabaja, para incluir al Homo ludens, la persona que juega. De ahí extrajo posteriormente la conclusión lógica de que el juego tiene que ser algo más que aquello que el espíritu, la razón o la actividad producen. La primera frase de su libro comienza así: “El juego es más antiguo que la cultura”. Sin embargo, el juego en sus más variadas manifestaciones no precede a la cultura, sino que es el vínculo de conexión a través del cual se crea inicialmente la cultura. 

Según Huizinga, el juego carece de un propósito práctico inmediato como actividad mental o física; se juega únicamente por el placer de jugar. El juego también es siempre una acción voluntaria. Tan pronto como una actividad se vuelve obligatoria, deja de ser un juego.

El juego se aparta de lo cotidiano. En contraste con las acciones cotidianas, necesariamente vinculadas a un propósito, el juego carece de él. Huizinga llega incluso a describir el juego como superfluo, porque puede ser interrumpido o pospuesto en cualquier momento.

Además, el juego se sitúa siempre dentro de un marco delimitado temporal y espacialmente. Tiene un principio y un fin y se desarrolla en un área o espacio acotado. Puede ser un lugar sagrado, un estadio o incluso un campo de batalla, así como una mesa de juego o un escenario teatral. Siempre incluye unas reglas o leyes que todas las personas participantes aceptan. El juego es una interacción entre personas. Los jugadores asumen un papel; actúan “como si” y son conscientes de ello cuando están representando o reproduciendo algo. Y, finalmente, el juego es un conflicto. Es una competición, un ponerse a prueba, exhibirse. También contiene azar y apuesta, lo que hace posibles dos resultados: ganar y perder.

Con estas características, Huizinga expone el terreno que llenará con su teoría del juego. Para hacerlo, parte del ámbito de lo religioso, porque lo sagrado también crea un espacio separado de la vida cotidiana con su propia realidad autónoma. Huizinga, con su experto conocimiento, fundamenta esta tesis aludiendo al carácter religioso de los juegos píticos, ístmicos y olímpicos en tiempos precristianos, así como al de las procesiones y sacrificios en Roma. Con sistemática meticulosidad, examinó otros aspectos de la vida y los situó también dentro de su marco de referencia.

Con estas características, Huizinga expone el terreno que llenará con su teoría del juego. Para hacerlo, parte del ámbito de lo religioso, porque lo sagrado también crea un espacio separado de la vida cotidiana con su propia realidad autónoma. Huizinga, con su experto conocimiento, fundamenta esta tesis aludiendo al carácter religioso de los juegos píticos, ístmicos y olímpicos en tiempos precristianos, así como al de las procesiones y sacrificios en Roma. Con sistemática meticulosidad, examinó otros aspectos de la vida y los situó también dentro de su marco de referencia.

Huizinga es uno de los historiadores culturales más importantes del siglo XX. A él le debemos el haber reorientado nuestra visión del juego. No se interesó en el juego dentro de la cultura, sino en la cultura como juego en sí misma y, por lo tanto, entendió el juego no como un fenómeno cultural entre muchos otros sino como una rama de la antropología filosófica. ¡Y así se ha ganado su lugar en el Salón del Prestigio!

Salón del Prestigio de Dau Barcelona

Saló del Prestigi


Alfons X el Savi (1221-1284)
Gerolamo Cardano (1501-1576)
Stewart Culin (1858-1929)
Lizzie J. Magie (1866-1948)

Y estos fueron los cuatro primeros miembros del Salón del Prestigio:

El rey de Castilla Alfonso X el Sabio (1221-1284), al final de su reinado, encargó a varios sabios y dirigió el Libro de axedrez, dados e tablas, una obra primordial que recoge la descripción más antigua del ajedrez y de otros juegos de dados y de mesa, algunos originarios de reinos musulmanes. Es uno de los documentos más importantes para la investigación de los juegos de mesa, y se considera la primera enciclopedia de juegos de mesa de la humanidad.

El italiano Gerolamo Cardano (1501-1576) era un sabio especializado en diferentes disciplinas, entre otras, las matemáticas, la astronomía, la física y la medicina. También era un gran aficionado a los juegos de azar; solía apostar dinero. Además de varias publicaciones sobre álgebra, filosofía y medicina, escribió el primer tratado de probabilidad y juegos de azar, Liber de ludo aleae.

El etnógrafo estadounidense Stewart Culin (1858-1929) se especializó en el mundo del juego. Fundó la American Anthropological Association y la American Folklore Society y dirigió diferentes museos e instituciones culturales. Después de escribir varias publicaciones sobre los juegos de distintas partes del mundo, como Corea, China, Hawái y Filipinas, publicó en 1907 su monumental obra Games of the North American Indians, que todavía hoy es una referencia.

La también estadounidense Lizzie J. Magie (1866-1948), además de escritora, actriz y periodista, de religión cuáquera, fue la creadora de The Landlord’s Game, el juego del que bebió, treinta años después, el autor del Monopoly. La primera versión la patentó en 1904 como un juego para demostrar lo negativo y desigual que podía llegar a ser el acaparamiento de tierras, ¡muy diferente al espíritu del Monopoly que conocemos ahora!