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El laberinto

Perderse en la biodiversidad

Un paseo por el Parque del Laberint d’Horta, un jardín-museo a caballo entre el estilo neoclásico y el romántico.

Por encima de la ronda de Dalt, en el barrio de Montbau justo en la falda de Collserola, un cuidado espacio verde invita a perderse entre su vegetación. Tómese esto de perderse al pie de la letra, ya que su principal atractivo es un precioso laberinto hecho con cipreses podados que ocupa el centro de este jardín de influencias neoclásicas y románticas. Se trata del Parque del Laberinto de Horta, uno de los más antiguos de la ciudad que desde 1994 cuenta con la categoría de jardín-museo.

Su historia remonta a 1808, año en que el arquitecto italiano Domenico Bagutti finalizó la obra que le encargó Joan Antoni Desvalls, marqués de Llupià y propietario de los terrenos, pero no fue hasta 1971 que la finca pasó a manos del Ayuntamiento y se abrió a la ciudadanía en calidad de parque público. Desde el punto de vista arquitectónico y artístico muestra numerosos elementos comunes del estilo neoclásico como una estructura simétrica y armoniosa, templetes, escalinatas y esculturas de seres mitológicos, con el laberinto como principal protagonista, el cual evoca el mito de Teseo, Ariadna y el minotauro. Esto contrasta con el ambiente sombrío, acuático, musgoso y asilvestrado de otros rincones del parque de aire más romántico que juegan un pulso constante con la perfección de la vertiente clásica del parque.

Como jardín-museo, el parque traza un recorrido museográfico que muestra precisamente esta dualidad entre lo clásico y lo romántico, al tiempo que invita a adentrarse en una frondosa vegetación. La cubierta verde incluye especies típicas de nuestra región mediterránea como el laurel, la encina, el pino blanco, el pino piñonero, los robles, el tejo, el fresno, el durillo, el boj, la hiedra o el rusco. Asimismo, también se pueden encontrar plantas propias de otras floras del mundo, como los boneteros y los agracejos de Japón, los pitosporos del este asiático, el cedro del Himalaya, la flor del amor sudafricano o, incluso, un ejemplar de secuoya californiana.

Un entorno idílico que combina arte, arquitectura y naturaleza, al que vale mucho la pena acercarse con cierta frecuencia. Más información en este enlace.

Fecha de publicación: Miércoles, 23 Diciembre 2020
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