El pregón

El pregonero: Jaume Mateu

La risa es una cosa muy seria, una materia con la capacidad de transformar el mundo, un producto exportable que quizás no detiene guerras pero alivia sus efectos. Lo sabe el barcelonés de nariz roja y corazón de niño que, este año, hace de pregonero de La Mercè.

Además de una arena fina que servía para lavar platos y ollas y que salía de las pedreras de Montjuïc, como el actual Teatre Grec, Terra d’escudella fue uno de los primeros programas infantiles en catalán que se veían en la televisión. Actuaba en este programa Jaume Mateu Bullich, un joven actor y payaso que, en los años setenta, ni siquiera era Tortell Poltrona. Si la vida se nos hubiera torcido, quizás no lo habría sido nunca, porque al principio se puso a estudiar sociología y economía política en el Instituto Católico de Estudios Sociales de Barcelona. Mucha gente en este planeta se habría reído un poco menos. Por suerte, en 1974 se cruzó en el camino del joven Mateu la Gran Orquesta Veracruz, donde trabajó como cantante cómico. De ahí a hacer del humor su vida había una distancia corta que él recorrió con la conciencia de que el oficio de hacer reír, además de una dimensión lúdica, tiene una función escénica y social importantísima.

Trabajando con Claret Papiol, con quien se presentaba ante el público como uno de los Germans Poltrona, se acercó al personaje que haría suyo años después. Solo haría falta un trabajo temporal en la pastelería Foix de Sarrià para acabar de encontrar el nombre de guerra con el cual lo conocemos. Lo ha utilizado para actuar con grandes del género como Oleg Popov o Charlie Rivel, personaje difícil de juzgar que él recuerda centrado en el público infantil. Poltrona le decía en aquel tiempo que el payaso iba mucho más allá y que se tenía que dirigir a los cerebros adultos, preferiblemente inteligentes. Con los años, explica, acabó dando la razón al maestro, valorando como es debido la capacidad de los chiquillos de responder a las provocaciones de los payasos y transmitiendo desde la pista aquella autenticidad tan propia de los niños y niñas.

Rivel, igual que el pintor Joan Miró o el poeta visual Joan Brossa, siguió de cerca la propuesta renovadora de las artes del circo que constituyó la creación, en 1981, del Circ Cric. De 1984 a 1986, Mateu fundó y dirigió el Festival Internacional de Payasos de Cornellà, pero de su talante y de su manera de entender el circo dice mucho también la creación en 1995 del CRAC, Centro de Investigación de las Artes del Circo. Eso solo lo convierte en alguien que se toma el humor con la máxima seriedad y que sabe que el payaso tiene una relación íntima con el mundo que pisan sus zapatones. Es por eso que fue el ideólogo e impulsor del Festival de Payasas de Andorra, un foro dedicado a garantizar que las mujeres tengan el papel que les corresponde en el universo payaso. Su compañera, Montserrat Trias, cofundadora del Circ Cric, la habéis visto muchas veces haciendo de carablanca en sus espectáculos, con la identidad de Titat Craconi. Ella tuvo un papel imprescindible como cofundadora de Payasos sin Fronteras, en el año 1993. Era el año después de los Juegos Olímpicos, pero también de la guerra de Bosnia, un acontecimiento que cambió la manera de ver el mundo de la ciudadanía barcelonesa y que impulsó a mucha gente, como el propio Jaume Mateu, a transformar el mundo donde vivía. Tortell Poltrona se puso la nariz roja, convirtió en cómplices un montón de payasos y payasas y se los llevó de viaje a las zonas en conflicto de medio planeta, donde los niños y niñas necesitaban desesperadamente aquella vitamina que solo se obtiene de las risas más sinceras. El Premio Nacional de Circo otorgado por el INAEM en el 2013 (uno de los muchísimos y muy prestigiosos galardones que ha recibido Mateu) reconocía la trayectoria del artista, con una mención especial a esta tarea solidaria. Unos años antes, en el 2005, el propio artista y Montserrat Trias habían sido distinguidos con el Premio Nacional de Cultura de la Generalitat de Catalunya por su tarea en el Circ Cric.

Montserrat Trias ha sido un elemento imprescindible en la vida personal y profesional de Jaume Mateu. También sus hijos, Roc, Blaï y Luara, que es payasa, se dedican al circo. Blaï Mateu y su compañera, la francesa Camille Decourtye, han dado vida al circo diferente y lleno de poesía de los Baro d’Evel. Ellos montaron el espectáculo inaugural de un Grec sobrevolado por la pandemia. Invitaron al abuelo a participar en él, y la actuación del payaso acabó siendo una de las aportaciones más emotivas, divertidas y sinceras de un espectáculo que fue pura magia convertida en catarsis colectiva. Que bèstia! era el título del espectáculo que Tortell Poltrona había estrenado en el Temporada Alta del 2019, pero la noche inaugural del Grec se convirtió, también, en un lema que el payaso repetía una y otra vez bajo el cielo de Montjuïc. Hoy, mucha gente sorprendida por una realidad con apariencia de ficción todavía no se ha quitado de la cabeza estas dos palabras. ¡Qué bestia!”, dijo Tortell Poltrona. ¡Qué bestia!”, seguimos repitiendo todos.