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Gabriel Calderón. Ricardo III, tradición e interpretación

Sáb 07/11/2020 | 00:30 H

Por Andreu Gomila

Gabriel Calderón (Montevideo, 1982) admira a Bernhard y a Shakespeare. No sabemos por quéorden. Lo descubrimos en 2008 cuando llevó a Temporada Alta 'Mi muñequita' y hace dos años nos sorprendió con 'Que rebentin els actors' en el TNC. Ahora, en el De Grec a Grec, estrena 'Història d'un senglar (o alguna cosa de Ricard)' en Temporada Alta, un monólogo interpretado por Joan Carreras en el que da nueva vida al personaje de Ricard III, el malo de manual creado per Shakespeare. Si la pandemia lo permite, hará temporada en Madrid y Barcelona.

RICARDO III, UN ICONO
“El origen de este texto no nace de un interés particular, sino que fue un encargo. Tenía a un actor a quien yo apreciaba mucho y a quien quería hacerle un monólogo. Y él quería hacer de Ricardo III. Y esa es la idea original, la del actor buscando su proyecto. Podía entender eso, que Ricardo III es un personaje de Shakespeare que los actores quieren hacer. Claro que Shakespeare es muy rico en esto: Macbeth, Hamlet, el rey Lear... Incluso Calibán, Próspero, Puck... Pero Ricardo III es un icono y un lugar común, del malo, del malo inteligente, seductor”.

LA OPORTUNIDAD
“Para un actor, esta obra significa todo esto. No es hacer solo un personaje, que es alguien que no existe, de quien no podemos ver una foto. Es una oportunidad, una responsabilidad”.

"El autor debe poner algo o mucho de sí cuando hace un clásico. Para ser redundante, incluso parasitario de la tradición, no tiene mucho sentido enfrentarse a un clásico"

EL JABALÍ
“El jabalí, al principio, estaba insinuado, porque es el animal heráldico de la casa de los York: un jabalí blanco. Es un animal que no es muy bello, que es salvaje y peligroso. Habían varias analogías muy cercanas que me permitían trabajar con el jabalí. También estaba esta tradición, la 'animal impression', a partir de la cual algunos actores eligen a un animal para trabajar sus personajes... Yo no iba a contar la historia de Ricardo III, que ya está contada, sino la de ese animal, que quiere ser rey, y la del actor, que es el rey de la escena y que tiene algo de salvaje, de feo, que cuando es herido se vuelve peligroso”.

EL ORIGINAL
“Es una reelaboración. Así es como creo que se deben agarrar los clásicos. Los clásicos ya están hechos y fueron hechos muchas veces. El autor debe poner algo o mucho de sí cuando hace un clásico. Para ser redundante, incluso parasitario de la tradición, no tiene mucho sentido enfrentarse a un clásico. Estás obligado a elaborar. La mía tiene varios ejes. Una es la contención, asumir que un actor puede hacerlo todo, puede contener en su alma todo el poder de la obra de shakespeariano. Otra es que nosotros podemos entender perfectamente todos los lazos de poder que están en la obra, traduciendo las muertes, los engaños, las traiciones, a las jerarquías de la escena, que las hay. El director tiene una jerarquía, y la actriz, las productoras... Yo podía reelaborar una suerte de palimpsesto, reescribir, sobre la obra de Shakespeare, la historia del actor que hace de Ricardo III”.

DE SHAKESPEARE A BERNHARD
“Soy un gran admirador de los textos de Bernhard. Son textos que respiran un ritmo y una intensidad que me gustan mucho. En las 'Tres dramolettes', Peymann le dice a Bernhard: 'Por una vez, ponga todo su asco en el texto, no solo la mitad'. Este eco me atormenta y me seduce”.

"Al escribir la obra en primera persona, como un actor que es la metáfora o la analogía de Ricardo III, tenía que salir lo oscuro, tenía que ser veneno, tenía que transformarse poco a poco en el lodo del resentimiento"

EL ACTOR
“Dirijo esta obra como dirijo otras, con mucha alegría, con la alegría de compartir un proyecto. Sobre todo en estos tiempos que no nos permiten estar juntos mucho rato. Estar en una sala de ensayo horas con un actor tratando de descubrir los mecanismos misteriosos de la escena, para mí es un honor y un privilegio. Son cosas que se dicen así como así, pero no se viven así como así. Quien las vive, las comprende. Hay mucha contundencia... Antes de trabajar con Joan me entrevisté con él, ya que era importante caernos bien, ya que íbamos a pasar mucho tiempo juntos. Nos divertimos mucho: es muy divertido, muy talentoso y tiene una energía descomunal”.

EN CONTRA DEL ACTOR
“Tengo mucho más en contra del resto de los roles. Deseo que se quede un actor en escena y que eche a todos los demás. No tengo nada en contra de los dramaturgos y en la obra les llamo “monjes oscuros de la palabra”, “mercaderes del aire”. No tengo nada en contra de los directores y las directoras y les digo “tontos y estúpidos”. No tengo nada en contra de los grandes actores y les digo que simplemente tienen una carrera por haber permanecido tiempo en un sistema que no los echa. Ni contra los productores, de quien dependo, incluso emocionalmente, y en la obra les llamo “llorones”... No es que sea yo, pero al escribir la obra en primera persona, como un actor que es la metáfora o la analogía de Ricardo III, tenía que salir lo oscuro, tenía que ser veneno, tenía que transformarse poco a poco en el lodo del resentimiento. Margarita Xirgu hablaba de las miradas oblicuas del teatro”.

SHAKESPEARE HOY
“Shakespeare es una liberación. Ver como Shakespeare escribía, los mecanismos que ofrecía para hacer poesía. Y ver que la poesía está ahí para mover el drama. Son grandes lecciones... Hoy uno no se enfrenta a aquel Ricardo III del First Folio del 1600, se enfrenta a cuatro siglos de cultura, a varias tradiciones teatrales que lo han representado. Al cine, a la literatura, a la academia. Es riqueza. Como creador, ves que Shakespeare es muy solidario”.

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