El cuidado es un derecho, en la medida en que es una necesidad básica que articula la vida en común, la convivencia y la solidaridad entre generaciones, y garantiza una vida digna, la participación en nuestras comunidades, en el mercado laboral y en todas las esferas de la vida social.

Para garantizar que todo el mundo pueda ser cuidado y que la provisión del cuidado se dé en condiciones justas y equitativas para el conjunto de la sociedad, se tiene que trabajar para que la forma en que nos cuidamos y somos cuidados a lo largo de nuestra vida sea más justa y democrática.

El objetivo prioritario de la medida de gobierno es transformar las relaciones sociales, económicas e institucionales y los imaginarios que caracterizan cómo está organizado el cuidado hoy en nuestra sociedad. Al mismo tiempo, queremos garantizar que todas las personas puedan cuidar y ser cuidadas en unas condiciones que aseguren la calidad y la universalidad del servicio. Entendemos que un cuidado digno no tiene que ir en detrimento de la diversidad de experiencias, necesidades y trayectorias vitales que encontramos en la ciudad.

Para alcanzar estos objetivos, proponemos cuatro ejes estratégicos de trabajo: dos centrales y dos transversales.

Ejes estratégicos

Los ejes centrales son los siguientes:

Reconocimiento de la centralidad social del cuidado

Hay que realzar el cuidado, sacándolo de la situación de invisibilidad y aislamiento en que se produce y reconociendo la inestimable aportación que representa para el sostén de la economía y del conjunto de la sociedad.

La medida prevé llevar a cabo una encuesta de usos del tiempo en el ámbito de ciudad que contribuya a cuantificar el conjunto de trabajos, saberes y habilidades que caracterizan el cuidado. Asimismo, hay que construir nuevos imaginarios y relatos sobre el cuidado que no estén estereotipados y que contribuyan al empoderamiento individual y colectivo de las personas cuidadoras y cuidadas, y que promuevan la corresponsabilidad del conjunto de la sociedad con el derecho y el deber de cuidar.

Garantizar que el acceso a un cuidado digno no se alcance a costa de los derechos de ninguna otra persona es otro de los objetivos de la medida. Se tienen que visibilizar las situaciones de desigualdad y exclusión social que genera la manera en que está organizado el cuidado actualmente, con independencia de si se hace de manera remunerada o en el marco de la familia. Queremos identificar y visibilizar los impactos sobre la salud, las relaciones y los proyectos vitales que implica la dedicación prolongada al cuidado. Y reducir la precariedad social y laboral que caracteriza al cuidado remunerado. Impulsar un nuevo modelo de organización del cuidado implica denunciar que, en la actualidad, cuando el acceso al cuidado está garantizado, a menudo es a costa de los derechos de otra persona.

Socialización de la responsabilidad de cuidado

Este eje se concreta en el reparto del cuidado entre un mayor número de agentes para ir más allá de las fronteras del ámbito privado, doméstico y familiar, para hacer frente a las altas cargas de cuidado, a los bajos recursos económicos disponibles y a la diversidad de familias existentes. Asimismo, implica abrir espacios desde los que compartir dudas, conocimientos, experiencias y estados de ánimo entre personas y familias cuidadoras, reducir la soledad y el aislamiento en que se encuentran las personas que cuidan y son cuidadas.

Hemos definido dos ejes transversales, que se cruzan con los otros dos y que son los siguientes:

Eliminación de la división social del trabajo en razón de sexo, edad, origen y clase social

El modelo actual de organización del cuidado concentra en el ámbito familiar el grueso de la responsabilidad de cuidar. Hay que afrontar esta sobrecarga de trabajo que viven las mujeres cuidadoras en las familias y que tiene unos impactos muy negativos en la salud, el bienestar y los proyectos vitales a corto, medio y largo plazo en los ámbitos personal, económico y laboral. La medida promueve la incorporación equitativa de los hombres en las tareas de cuidado en el ámbito familiar y comunitario, así como desde las administraciones públicas y el sector privado. Y trabajará para combatir los estereotipos e imaginarios de género, clase y origen derivados de la concentración de las mujeres, pobres y migrantes, en las tareas de cuidado remuneradas.

Empoderamiento de las personas proveedoras y receptoras de cuidado

Queremos generar y facilitar procesos de transformación de la conciencia de las personas y colectivos proveedores y receptores de cuidado, impulsando la valorización personal del cuidado, reivindicando el papel de las personas protagonistas, y facilitando y promoviendo la creación de espacios individuales y colectivos de crecimiento personal y grupal.

Entendemos que todos los ejes se tienen que desarrollar de manera sincrónica, para que haya un verdadero avance en la democratización de la organización del cuidado desde una perspectiva de género.

Reconocimiento de la centralidad social del cuidado: valorar el cuidado y garantizar que el cuidado no se provea a costa de los derechos de ninguna persona
Socialización de la responsabilidad hacia el cuidado: administraciones públicas, mercados, economía social y solidaria, y redes comunitarias.

Eliminación de la división social del trabajo en razón de sexo, edad, origen y clase social

Empoderamiento de las personas proveedoras y receptoras de cuidado

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