El novecentismo en Barcelona

19 abril, 2017 | Barceloneses, Insólito

A principios del siglo XX se desarrolló en Cataluña un importante corriente política, social y cultural: el novecentismo, que cogió fuerza a finales de otro importante movimiento, el modernismo. A partir del último tercio del siglo XX, el modernismo fue recuperado y puesto de nuevo en relieve, gracias, en gran parte, a la arquitectura de personajes como Gaudí, Domènech i Muntaner o Puig i Cadafalch. El novecentismo, sin embargo, no cuenta todavía con este reconocimiento popular. Un libro recupera la presencia de este importante movimiento en la ciudad.

Aleix Catasús y Bernat Puigdollers son los autores del libro El noucentisme a Barcelona, coeditado por Àmbit y el Ayuntamiento de Barcelona, y ya desde el principio explican: “A pesar de su importancia dentro de la historia y la cultura catalanas, el novecentismo es todavía en muchos aspectos un terreno por estudiar en profundidad.”

En el prólogo del libro, Francesc Fontbona afirma: “Queda claro que el novecentismo —exactamente igual que lo que había pasado antes con el modernismo— no se traducía en el arte como un estilo único u homogéneo, sino como un conjunto de respuestas plásticas, emparentadas pero diferentes, a un estado de opinión surgido del calor del catalanismo y de las ganas de renovar el país de arriba a abajo.”

Y los autores hacen la siguiente definición: “El novecentismo es la culminación del proceso de recuperación nacional de Cataluña desde el punto de vista político, social y cultural que se inició con la Renaixença durante el siglo XIX.” Una vez realizada la definición, los autores sitúan el movimiento en la Cataluña de finales del siglo XIX y principios del XX, y repasan hechos y entidades fundamentales en la aparición del novecentismo. La crisis por la pérdida de los territorios de ultramar por parte de la Corona española, la aparición de reivindicaciones políticas catalanas, la creación de entidades como el Cercle Artístic de Sant Lluc o el Instituto de Estudios Catalanes o la formación de instituciones como la Mancomunidad de Cataluña son hechos ligados directamente a la aparición del novecentismo, que se considera plenamente iniciado con el Glosari que Eugeni d’Ors publicó en La Veu de Catalunya. Él fue también el creador de la palabra novecentismo.

Movimiento político y cultural transversal, en los primeros años involucró a la mayoría de la sociedad catalana en la construcción del país. Y explican los autores: “También se reflejó en el ámbito artístico. A pesar del espíritu clásico de sus creaciones, los novecentistas llevaban a cabo una obra de vanguardia. La actividad artística comprendida aproximadamente entre 1906 y los inicios de los años veinte fue de una gran intensidad y de un gran dinamismo.”

La obra bien hecha, tanto en la forma como en el fondo, es la base del novecentismo, y la ciudad es entendida como uno de sus elementos básicos, como el centro de la razón y del progreso. Sin embargo, dicen Catasús y Puigdollers: “El ideal de la capital barcelonesa no termina en la cuestión estética, funcional y urbanística. Los novecentistas eran conscientes de la necesidad de crear espacios cívicos, dinámicos, de encuentro, cultura y ocio. En este aspecto, es fundamental la tarea ingente de creación de bibliotecas, museos y escuelas. Los grupos escolares, promovidos durante esta etapa, célebres por sus métodos pedagógicos revolucionarios y modernos, son también auténticas muestras de civilidad estética.”

Se considera que el novecentismo llega hasta el año 1923. Los autores explican el porqué del declive: “En 1917 se inició un período de crisis que culminaría en 1923 con el golpe de estado de Primo de Rivera. La inestabilidad política hizo que la burguesía catalana se dividiera entre los que en un principio apoyaban el golpe de estado y los que estaban en contra. Sin embargo, buena parte de la burguesía se sentiría cómoda con este nuevo panorama político, que inició un período de decadencia del movimiento y de sus ideales.”

El libro dedica un capítulo a cada una de las disciplinas en las que se hizo presente el novecentismo: la literatura, el arte gráfico, la pintura, las artes aplicadas, la arquitectura, la pintura mural, los jardines y la escultura pública. El texto está profusamente acompañado de todo tipo de imágenes, con reproducciones de cuadros, pinturas y fotografías de personajes de la época y de objetos, edificios y esculturas novecentistas.

Repasando el contenido del libro, se pueden conocer o redescubrir edificios y esculturas que hay repartidos por las calles de la ciudad y que son una buena muestra del patrimonio que dejó el novecentismo. Entre este patrimonio hay jardines, como los de Laribal, en Montjuïc; los diversos edificios escolares proyectados por Josep Goday, como las escuelas Àngel Baixeras, en la Via Laietana, o el grupo escolar Pere Vila, en el paseo de Lluís Companys, o la Casa Company, de Josep Puig i Cadafalch, en la esquina de las calles de Casanova y Buenos Aires. También esculturas como las que hay en el entorno de la plaza de Catalunya, como las alegorías Barcelona, de Frederic Marès; Girona, de Antoni Parera, o Tarragona, de Jaume Otero, u otras situadas en otros lugares de la ciudad, como el Monumento a Mossèn Jacint Verdaguer, en el cruce del paseo de Sant Joan con la avenida Diagonal.

También hay otros elementos novecentistas visitables en el interior de edificios, como las vidrieras de la sala de plenos de la sede del Distrito de Sants-Montjuïc, en la calle de la Creu Coberta, obra de Francesc Labarta; las pinturas murales que decoran la cúpula de la sede de Correos de Barcelona, firmadas por Josep Obiols, Francesc Canyellas, Francesc d’Assís Galí y Francesc Labarta, o las del propio Galí, que se pueden ver en la cúpula del Palau Nacional de Montjuïc, sede del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC).

Pies de foto: Cabecera del Almanach dels Noucentistes, con dibujo de Josep Aragay (1914). Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona. | Eugeni d’Ors en la época de la publicación del primer Glosari. Archivo Fotográfico de Barcelona. | Una de las vidrieras de la sala de plenos de la sede del Distrito de Sants-Montjuïc, obra de Francesc Labarta (1914). Foto: Laia Serch. | Clase en la escuela del Bosc de Montjuïc, en 1914. Foto: Antoni de Falguera – AFB. | Sala de lectura de la Biblioteca de Catalunya. Biblioteca de Catalunya. | Jardines de Laribal, en Montjuïc. Foto: Laia Serch. | Alegoría de Tarragona en la plaza de Catalunya, de Jaume Otero. Foto: JAF. | Escuela Àngel Baixeras, proyectada por Josep Goday en 1919, en la Via Laietana, esquina con la calle de Salvador Aulet. Foto: Archivo Fotográfico de Barcelona. | Casa Company, de Josep Puig i Cadafalch, en la esquina de las calles de Casanova y de Buenos Aires. Foto: Laia Serch.