Las puertas de la ciudad medieval

2 mayo, 2016 | Insólito

Al principio de la avenida del Paral·lel se encuentra el baluarte y un tramo de muralla con el portal de Santa Madrona. Es el único tramo que queda de la muralla medieval que rodeó Barcelona. Una muralla que fue construida para defender la ciudad y que terminó encorsetándola e impidiendo que pudiera crecer.

Barcelona, de hecho, ha sido una ciudad amurallada durante casi toda su historia, porque al principio de nuestra era, pocos años después de que el emperador romano Augusto la fundara, ya consta que había una primera muralla, que posteriormente se reforzó y mejoró. En algunos tramos de esta muralla aún son visibles los restos de Barcino que hay en el subsuelo de la plaza del Rei y en determinadas calles de Ciutat Vella. A partir del siglo IX, la antigua colonia romana fue creciendo y extendiéndose extramuros y la muralla quedó incluida dentro de la red urbana y tapada por los edificios que se iban construyendo.

La ciudad vivió una etapa sin grandes conflictos y la seguridad no era una de las preocupaciones principales, por eso no se tuvo en cuenta que ya había bastante edificios fuera de las murallas. Con todo, la existencia de algunas puertas en la ciudad está documentada, pero no se han encontrado rastros arqueológicos y parece que era más bien para el control de entrada y de salida de personas y mercancías.

Esta situación cambió radicalmente en 1285 a raíz de una irrupción de las tropas del rey de Francia en territorio catalán que acabó con el sitio de Girona. Este hecho provocó que el rey Pedro II el Grande ordenara la fortificación de Barcelona. En el mismo siglo XIII se había creado el Consejo de Ciento, es decir, el Gobierno de la ciudad, y fue esta institución la que se hizo cargo de la construcción de las murallas y también de su mantenimiento. La obra no era sencilla y menos con las herramientas y la tecnología de la época, por eso se alargó bastante en el tiempo. Así, en el año 1357 la ciudad pidió permiso al rey Pedro III para mejorar las murallas y, una vez obtenida la autorización, el Consejo de Ciento compró algunas canteras de la cercana montaña de Montjuïc para poder extraer piedra.

El Consejo de Ciento ordenó que se derribara cualquier construcción situada a menos de 37 metros de la parte exterior de la muralla y a 3 metros de la parte interior. Esta normativa se mantuvo a perpetuidad y, de hecho, es la causa de la anchura actual de La Rambla, porque aquella primera muralla medieval bajaba desde la actual plaza de Catalunya hasta tocar el mar, siguiendo, más o menos, la acera actual del lado Besòs de La Rambla. En todo este tramo se abrían los portales de Santa Anna, de la Portaferrissa, de la Boqueria, de Trentaclaus y de Framenors. Por la parte superior, la muralla se extendía aproximadamente por lo que hoy son las calles de Fontanella y de Trafalgar, y bajaba, casi en línea diagonal, por el margen derecho del actual paseo de Lluís Companys, pasaba por lo que hoy es el parque de la Ciutadella y giraba en sentido Llobregat a la altura del actual paseo de Isabel II.

La ciudadanía barcelonesa participó directamente en la construcción de las murallas proporcionando herramientas y mano de obra. Una de las cosas que llevaron a cabo fue excavar el valle o foso que rodeaba los muros. El frente marítimo era el más desprotegido, ya que se consideraba que nadie atacaría la ciudad por mar debido a los arrecifes y los bancos de arena que había. Pero el día 9 de junio de 1359 una escuadra de barcos castellanos y genoveses se plantaron frente a la costa barcelonesa con la intención de atacarla. Entonces, se vio la necesidad de fortificar también el frente marítimo. La empresa, sin embargo, no fue fácil, porque había que buscar la manera de compaginar la defensa de la ciudad con el acceso de los barcos de los pescadores y del transporte de personas y mercancías.

Cuando se inició la remodelación de la muralla del año 1357, el barrio del Raval ya existía, pero no debía de tener suficiente entidad y quedó fuera del recinto cerrado. Con todo, posteriormente se hizo una primera fortificación, más sencilla, que lo rodeaba. El trazado iba más o menos por la actual calle de Pelai, la ronda de Sant Antoni, la calle de Joaquín Costa; y desde la esquina con la actual calle del Carme, iba a buscar las actuales calles del Marqués de Barberà y de la Unió, hasta La Rambla. Años después se levantó la muralla definitiva, que iba por las actuales rondas de Sant Antoni y Sant Pau y la avenida del Paral·lel. Según la documentación que se conserva, en el año 1389 la ciudad ya era plenamente cerrada, aunque parece que aún se siguió trabajando en el refuerzo de algunos puntos.

La muralla barcelonesa tenía un grosor de entre 2,20 y algo más de 3 metros, según los tramos. Llegó a tener 14 portales: Además de los cinco citados, que se abrían en La Rambla, hubo los de Sant Sever, los Tallers, Sant Antoni, Sant Pau, Santa Madrona, de los Orbs (también llamado del Àngel ), de Jonqueres, Nou y de Sant Daniel. La mayoría de estos portales estaban protegidos con torres y matacanes. Además, parece que había algunas portezuelas abiertas directamente al muro, que debían facilitar el tránsito de personas en aquellos tramos en los que los portales estaban más separados. Después de 1714 la construcción de la ciudadela militar comportó cambios importantes en las murallas de la ciudad, sobre todo en ese sector.

La evolución de las armas hizo que determinados elementos defensivos, como las torres, perdieran efectividad y, más adelante, las mismas murallas acabaron siendo obsoletas. Los muros que rodeaban la ciudad se convirtieron en un estorbo que la encorsetaba y ahogaba, pero Barcelona no consiguió derribarlas hasta el verano de 1854. Las ganas de verla desaparecer eran tan grandes que fue el Ayuntamiento el encargado de derribarlas, y lo hizo con el apoyo directo de muchos ciudadanos; así, la muralla barcelonesa terminó como había empezado, en manos del Gobierno de la ciudad y de las personas que la habitaban.

Hoy en día, aparte del tramo de muralla medieval que hay en las Drassanes, con el portal y el baluarte de Santa Madrona, hay vestigios arqueológicos que han aparecido en diversos puntos del antiguo trazado. Así, desde el interior del ascensor de la parada de Catalunya de la línea 3 del metro, que está en la esquina de la calle de Pelai con La Rambla, se pueden ver parte de los basamentos del portal de Sant Sever. Más fáciles de contemplar son los restos del baluarte de Migdia, que formaba parte de la muralla de Mar, y que ahora se pueden ver integrados en una zona urbanizada recientemente situada entre la estación de França, las calles del Doctor Aiguader y de la Marquesa y el Pla de Palau. Otro lugar donde han aparecido restos de muralla es el Mercado de Sant Antoni y el proyecto de remodelación prevé que puedan ser visibles.

En el Nomenclátor de las calles de la ciudad también ha quedado constancia de la existencia de las murallas en algunos nombres como Baluard, Portaferrissa, Portal de la Pau, Portal de l’Àngel, Portal de Santa Madrona, Portal Nou o Sota Muralla.

Pies de foto: Vista de Barcelona rodeada por las murallas y con algunos de los edificios más importantes remarcados. En primer término, las desaparecidas Hortes de Sant Bertran. Fragmento de un grabado de F.V. Hogenberg y Jan Cornelisz. Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona. | Tramo de muralla y portal de Santa Madrona, en la avenida del Paral·lel. Autor: JAF. | Representación de un tramo de muralla y de la Portaferrissa, el panel cerámico, original de Joan Guivernau, en la fuente que hay junto a la Rambla. Autor: JAF. | Las murallas y la puerta de Mar poco antes de desaparecer. Grabado de Alfred Guesdon del 1856. Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona. | Restos del baluarte del Migdia, junto a la estación de França. Autor: JAF. | Dibujo de un tramo de la muralla vista desde la parte del foso. Autor: Pere Màrtir Arraut. Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona. | Vista del baluarte de Santa Madrona, parte de la muralla y la ciudad. Fragmento de un grabado de autor desconocido. Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona. | Plano de la muralla medieval de Barcelona con la situación de los catorce portales, que se puede ver en algunos puntos del trazado de la antigua muralla.