Retrato de los pescadores del mar barcelonés

26 mayo, 2017 | Barceloneses, Insólito

Barcelona es una ciudad de costa. Tiene playas, tiene un gran puerto industrial, tiene puerto recreativo; pero durante muchos años se dijo que la ciudad vivía de espaldas al mar. La vía de tren en superficie y las actividades industriales y comerciales que ocupaban el Moll de la Fusta eran una barrera poco permeable. Esto cambió a partir de las transformaciones urbanísticas relacionadas con los Juegos Olímpicos de 1992, cuando la fachada marítima se liberó de toda aquella actividad industrial y se abrió a la ciudadanía. Sin embargo, todavía queda un sector económico, poco conocido por la mayor parte de la ciudadanía, pero con mucha tradición. Es el mundo de la pesca, porque en Barcelona aún quedan pescadores.

Un libro que se ha publicado recientemente, Barcelona mar viva, explica las experiencias de las personas que viven todavía de la pesca en la ciudad y de su día a día. Las autoras, Ada Castells y Mireia Mateo, las han entrevistado, han convivido con ellas y les han hecho un retrato literario e ilustrado. De alguna manera, el origen del libro se encuentra en un proyecto que ha contribuido también a darle un nombre. Así lo explican las autoras en la presentación: “Con estos textos y dibujos queremos explicar cómo es y cómo trabaja esta gente que vive —malvive— de la pesca. La excusa —si se nos permite la expresión— para hacerlo ha sido el proyecto Marviva, que a su vez nos ha ayudado a poner título al libro […]”

Las once embarcaciones participantes en Marviva estuvieron un año depositando en un contenedor toda la basura que pescaban con sus redes, para poder clasificarla después y conocer así qué hay en el mar de Barcelona, además de peces. Así explican las autoras cuál ha sido el resultado de la experiencia: “Se ha encontrado de todo: pacas de paja, carritos de supermercado, una máquina de gimnasio, montones y montones de botellas de plástico, toallitas, pañales…”

El libro está organizado en cinco capítulos: “Retratos de día”, “Retratos de noche”, “Retratos del entorno”, “Un día de pesca” y “Una noche de pesca”. Los tres capítulos de retratos incluyen entrevistas con más de veinte personas: pescadores, patrones, rederos, marineros, mecánicos, propietarias del bar donde desayunan y comen los pescadores, subastadores de pescado… Cada uno explica sus razones, sus vivencias y anécdotas. El conjunto de retratos dobles, literarios y gráficos que las autoras realizan de cada personaje ayudan a entender cómo es esa parte de la población barcelonesa, la única que aún vive de una actividad del sector primario en la ciudad.

Las dos crónicas de las salidas a pescar, una de día y otra de noche, permiten que el lector pueda ver, casi minuto a minuto, cómo es una jornada de trabajo de los pescadores barceloneses vista con ojos profanos. Los preparativos, la salida de puerto, el paso de la bocana, los trabajos a bordo mientras se llega al punto de pesca, las relaciones entre la tripulación y con las otras barcas, la alegría por las cajas llenas, el trayecto a otro punto para lanzar la red, el regreso a puerto. Son dos largas jornadas de trabajo. Nueve horas y media de la salida nocturna, preparativos a partir de las 21.30 horas y regreso a puerto a las 7.00 horas del día siguiente, y once horas y cuarto el día de pesca, con revisión de las redes desde las 5.00 horas y la llegada a puerto a las 16.15 horas.

Tantas horas en una barca dan para mucho, y las autoras aprovechan el tiempo de viaje entre el puerto y los puntos donde se tiran las redes para conversar con el patrón y la tripulación y que les expliquen cómo es su vida y algunas anécdotas e historias no siempre agradables.

El muelle de pescadores de Barcelona está en proceso de remodelación. Así lo explican Ada Castells y Mireia Mateo: “Cuando escribimos estas líneas, las instalaciones de este rincón de puerto están a punto de modernizarse. Todo lo que hemos estado viendo lo echarán abajo. Desaparecerán los edificios octogonales donde ahora se realiza la subasta de pescado; Samba y sus colegas ya no servirán, bajo esta acústica imposible, el desayuno a los pescadores al volver del trabajo; la antigua fábrica de hielo será substituida por una nueva…”

Barcelona mar viva descubre este reducto barcelonés de personas con un trabajo duro pero muy importante, que viven con orgullo el día a día, tal como explican las autoras: “Todos los marineros, patrones, armeros, rederos, mecánicos que hemos entrevistado para este libro nos han dicho lo mismo: su trabajo es muy duro, pero les entristecería mucho si desapareciera su reducto de puerto.”

El libro explica la dureza de los trabajos relacionados con el mundo de la pesca, así como la importancia que tienen, no solo económica, porque según dicen Castells y Mateo: “Carretadas de sardinas argentadas, salmonetes que destacan por su rojez, galeras que parecen criaturas de otro mundo, merluzas, rapes, boquerones… Esta riqueza depende del cuidado que tengamos de las aguas, y la responsabilidad recae en todos.”

Al final del libro, editado por el Ayuntamiento de Barcelona, se muestran los textos en versión castellana e inglesa.

Las imágenes son algunos de los dibujos de Mireia Mateo que ilustran el libro Barcelona mar viva.