Tres días de bombas sobre Barcelona

7 marzo, 2018 | Barceloneses, Insólito

Pasaban ocho minutos de las diez de la noche del día 16 de marzo de 1938 cuando sonó la alarma de bombardeo en la ciudad. Acababa de empezar una pesadilla que se alargó durante más de 41 horas. En este lapso de tiempo Barcelona sufrió hasta 14 incursiones aéreas de la Aviación Legionaria italiana, que tenía su base en Mallorca. El caos y el terror se adueñaron de la ciudad. Al finalizar el episodio, habían muerto más de 500 personas, y 1.500 habían resultado heridas de diversa consideración. Además, 76 edificios quedaron totalmente destruidos, 97 sufrieron daños graves y otros 273 tuvieron afectaciones de diferente magnitud.

Las bombas que cayeron sobre Barcelona aquellos tres días de marzo de 1938 no eran las primeras, pero sí constituyeron el episodio más intenso y prolongado de bombardeos, hasta el punto de que el propio Franco mandó a Mussolini que redujera su intensidad. Porque era este último quien los había ordenado. Sin embargo, el hecho de que una bomba acertara de lleno un camión militar cargado con explosivos que circulaba por la Gran Via multiplicó los efectos de la explosión, hasta el punto de que los propios pilotos italianos que arrojaban las bombas se sorprendieron de los estragos provocados por el ataque.

Fotografías tomadas desde los aviones que bombardeaban Barcelona muestran los impactos por toda la ciudad y una gran humareda que emerge del cruce de la Gran Via con la calle de Balmes. De hecho, la acera del lado montaña de la Gran Via, entre el Teatro Coliseum y la calle de Balmes, quedó totalmente destruida. En este mismo lugar, en el año 2003 se instaló el monumento Encaje, obra de Margarita Andreu, que recuerda a las víctimas de los bombardeos sobre Barcelona.

Es bien conocido que la Guerra Civil Española fue utilizada como banco de pruebas, sobre todo por parte de los ejércitos italiano y alemán, y Mussolini, aliado de Franco, no tuvo ningún inconveniente en ordenar el ataque indiscriminado sobre Barcelona, en una acción bélica que no se había visto nunca hasta entonces. El objetivo ya no estaba en el frente, se trasladó a la retaguardia, con el propósito de aterrorizar a la población civil y crear el desánimo.

Tras los enfrentamientos del mes de julio de 1936 y una vez contenida la revuelta de los militares, Barcelona volvió a una cierta normalidad. Así se explica en la guía de historia urbana Rereguarda/BCN, editada por el Museo de Historia de Barcelona (MUHBA): “Aun así, la ciudad continuó viviendo, protagonizando ese combate por una normalidad posible que hiciera que los ciudadanos pudieran trabajar, abastecerse, curarse, desplazarse e incluso divertirse.” A pesar de que la gente sabía que había una guerra, el frente y el campo de batalla estaban lejos, y los barceloneses intentaban vivir con la máxima normalidad.

Fue la noche del 13 de febrero de 1937 cuando Barcelona vio que la guerra llegaba a sus calles y plazas. Hacia las diez de la noche de ese sábado, mientras gran parte de la ciudadanía estaba en el cine, el teatro o los bares, escuchando la gramola, o en casa, preparándose para irse a la cama, el crucero italiano Eugenio di Savoia se situó en paralelo a la costa barcelonesa y disparó, de manera indiscriminada, hasta 24 obuses sobre la ciudad. Si bien es cierto que Barcelona ya había sufrido algún ataque, hasta entonces los objetivos habían sido instalaciones estratégicas o militares del puerto. Aquella noche el objetivo fue, por primera vez, la población civil.

Aquel primer ataque evidenció la necesidad de construir refugios para que la población pudiera resguardarse de las bombas. Se habilitaron como refugios los túneles del metro (entonces había solo el Gran Metro y el Metro Transversal), del Ferrocarril de Sarrià y del tren que se estaba construyendo en la avenida Meridiana. Según se explica en la guía de historia urbana Defensa/BCN, 1936-1939, editada por el MUHBA: “Políticos, militares y ciudadanos de distintos sectores se implicaron para evitar las agresiones y sus consecuencias. Uno de los más activos fue el concejal de Urbanización y Obras, el cenetista Manuel Muñoz Díez, responsable del primer Servicio de Defensa Pasiva Antiaérea. Este organismo ofreció asesoramiento y reguló la construcción de refugios vecinales en forma de galería de mina sin revestimiento. Inició la excavación de los 24 primeros y se encargó de la construcción de una decena de refugios más grandes.”

A partir del ataque del 13 de febrero de 1937, el sonido de las alarmas de bombardeo se oía con cierta frecuencia. Pero no siempre que sonaban las alarmas caían bombas en Barcelona. Esto no quiere decir que no hubiera algún bombardeo en un punto u otro. La aviación italiana tenía su base en Mallorca, y desde allí atacaba todo el litoral peninsular, desde Andalucía hasta Portbou. Hay que tener en cuenta que el radar aún se estaba experimentando, y en ese momento la única forma de detectar los aviones era por el sonido o por observación visual directa. Por eso se podía saber, más o menos, que se acercaban aviones, pero no se podía determinar con exactitud si acabarían lanzando las bombas en Barcelona, Castelldefels o Mataró.

Durante los primeros meses de 1938 Barcelona sufrió algunos de los bombardeos más mortíferos. El 30 de enero de ese año, cinco minutos antes de las nueve de la mañana, 6 aviones Savoia S-79 de la Aviación Legionaria italiana bombardearon el centro de la ciudad. Uno de los puntos más afectados fue la plaza de Sant Felip Neri. Dos horas y media más tarde, cuando los equipos de salvamento trabajaban para rescatar a las víctimas, se produjo un segundo ataque. De las 216 víctimas mortales que hubo ese día, 42 murieron en Sant Felip Neri, y de estas, 30 eran niños que estaban refugiados en un sótano de la iglesia, en la fachada de la cual aún son visibles los impactos de la metralla. En el 2007 se colocó en el edificio una placa que recuerda a las víctimas de aquel día.

El segundo gran ataque fue el de los días 16, 17 y 18 de marzo. Las alarmas se sucedían, y las del final de un bombardeo se solapaban con las de un nuevo ataque. Aquellos días hubo personas que se quedaron a vivir en los refugios antiaéreos y las estaciones de metro; algunas incluso se trajeron de casa colchones para dormir y hornillos para cocinar la comida que habían podido traer consigo. Después, y hasta la entrada de las tropas franquistas por la Diagonal, el 26 de enero de 1939, las bombas siguieron cayendo sobre la ciudad, pero ya no hubo ningún otro episodio con la misma intensidad y virulencia que los de aquellos primeros meses de 1938.

A lo largo de la historia ha habido muchas guerras, muchas poblaciones han vivido ataques, pero nunca antes se había bombardeado a la población civil en la retaguardia. Barcelona fue la primera ciudad en la historia que no se encontraba en el frente de guerra y que fue bombardeada de forma indiscriminada y sistemática.

El MUHBA tiene editadas, en la colección “Guies d’Història Urbana”, dos guías que permiten recorrer la historia de aquellos años en la ciudad: Rereguarda/BCN, que explica cómo se vivía durante los años de conflicto bélico en la ciudad, y Defensa/BCN, 1936-1939, que explica cómo la ciudadanía hizo frente a los ataques aéreos.

Pies de foto: Aspecto de la Gran Via, entre la calle de Balmes y la rambla de Catalunya, el día 29 de marzo de 1938, dos semanas después del bombardeo. Autor: Pérez de Rozas – AFB. | Guardias retirando objetos personales del interior de un edificio afectado por una bomba en el Poble-sec, mientras miembros de los servicios sanitarios contemplan la escena. Autor: Pérez de Rozas – AFB. | Evacuación de personas heridas, atrapadas en una vivienda afectada por un bombardeo, en mayo de 1937. Autor: Pérez de Rozas – AFB. | Cola en la entrada de un cine a principios de agosto de 1936. Autor desconocido – AFB. | Fachada de la iglesia de Sant Felip Neri hoy en día, aún con las marcas de la metralla de los bombardeos de enero de 1938. Autor: JAF. | Tareas de desescombro de un edificio afectado por una bomba durante el mes de mayo de 1937. Autor: Pérez de Rozas – AFB. | Tareas de salvamento tras un bombardeo. Autor: Pérez de Rozas – AFB. | Dos guardias vigilando una pila de libros y objetos diversos después de los bombardeos, el 17 de marzo de 1938. Autor: Juan Lapuente. – AFB. | Escultura Encaje en recuerdo de las víctimas de los bombardeos de Barcelona, en la Gran Via, junto al Teatro Coliseum. Autor: JAF.