Vivir en catalán bajo el franquismo

24 octubre, 2014 | Barceloneses, Insólito

Una de las primeras cosas que hicieron las autoridades franquistas al entrar en Catalunya, fue prohibir el catalán. Las escuelas no podían enseñarlo, en el ámbito de las instituciones públicas había que utilizar, a la fuerza, el castellano. Incluso hubo muchas personas que tuvieron problemas porque un policía o una persona afecta al régimen le habían oído hablar en catalán por la calle.

Sin embargo, los esfuerzos del franquismo por hacer desaparecer la lengua catalana no consiguieron tener el éxito que buscaban. Muchas personas conservaron el catalán, aunque fuera en círculos íntimos y entre amistades, y poco a poco, empezaron a aparecer iniciativas que impulsaban la recuperación de la lengua, a pesar de las dificultades que fueron encontrándose por el camino.

Poco a poco y bajo el paraguas de entidades como Òmnium Cultural, que se creó en 1961, muchas personas fueron a dar clases de catalán a las escuelas y a todo tipo de locales. Eran clases prácticamente clandestinas. Según explican algunos testigos de la época, se habían llegado a programar clases de gimnasia y en la última media hora se aprovechaba para dar clase de catalán.

También se dieron clases en las escuelas, pero era en horario extraescolar. Los maestros y los alumnos lo hacia voluntariamente y eran un par de clases hora u hora y media a la semana. Se hacían gracias a la complicidad de las escuelas, que cedían las aulas y de los padres que apuntaban a sus hijos.

El aprendizaje de una lengua no se hace solo a través de la asistencia a clases. Una parte importante pasa también por la lectura, que permite que la persona pueda ir incorporando, casi sin darse cuenta, vocabulario, normas gramaticales o sintaxis. Por esto, entre las iniciativas que se llevaron a cabo en aquella época había la edición de publicaciones infantiles en catalán. Como paso con otras muchas cosas, el amparo de la Iglesia fue fundamental. Entre las publicaciones que consiguieron ver la luz en aquellos años, hay L’Infantil, que editaron los seminaristas de Solsona o la mítica Cavall Fort, que pudo llegar a salir a la calle, no sin grandes esfuerzos, gracias a el aval de tres obispados, los de Gerona, Vic y Solsona.

Una muestra de estas publicaciones puede verse hasta el dia 31 de octubre en el centro cívico El Coll-La Bruguera, que ha organizado el ciclo Viure en català sota el franquisme, con una exposición y tres mesas redondas.