Curiosidades históricas del Raval

19 agosto, 2014 | Insólito, Tu Ayuntamiento

Las paredes de la ciudad explican muchas cosas. Y las de un barrio con tanta historia como el Raval, muchas más. En la calle del Carme, por ejemplo, en la entrada del antiguo Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, alguien dejó plasmada su queja contra el conde-duque de Olivares: “Fuerese luego Oliveros”, se puede leer claramente en un sillar. En este muro hay otras inscripciones, como una que dice: “Fuego que se apaga”, y que podría hacer referencia a alguno de los incendios que sufrió la zona en época medieval. Esta es solo una de las curiosidades de la historia que las rutas de Raval Cultural ponen de manifiesto.

Una de las joyas del patrimonio barcelonés, el monasterio de Sant Pau del Camp, une dos estilos tan diferentes como el románico y el cubismo, y el nexo es un joven pintor llamado Pablo Picasso que, durante su estancia en Barcelona, a principios del siglo XX, iba a menudo a dibujar y tomar apuntes allí. Y se inspiró en la figura de Eva de uno de los capiteles del claustro para una de las figuras del cuadro Las señoritas de Aviñón. Un claustro que, por otra parte, es único, porque en sí mismo une el románico con elementos arquitectónicos de clara tradición musulmana, como es el caso de los arcos lobulados. Esta es otra de las anécdotas que explica Jesús Floro, historiador y guía de las rutas de Raval Cultural.

Estas y otras historias curiosas se incorporan a las rutas que forman parte de Raval Cultural, aprovechando el primer año de vida de este proyecto. Además, su web añade información puntual para poder construirse un itinerario a medida. Solo hace falta buscar el apartado “¿Sabías que…?” para encontrar un listado de puntos visitables con los que organizar el itinerario a medida.

Otros espacios que se proponen son el edificio de la calle de Sant Pau, 116, hoy residencial, pero que había sido la fábrica Clavé i Fabra, una de las 74 que existieron en este barrio a mediados del siglo XIX. La película En construcción, de José Luis Guerín, recoge las obras del actual edificio.

Otro punto de interés relacionado con el pasado industrial del barrio es el edificio de la calle del Carme, 106, levantado por Erasme de Gònima, un magnate de la industria textil catalana que llegó a la ciudad con once años, analfabeto y sin recursos y que poco a poco fue mejorando hasta convertirse en uno de los principales productores de indianas. Enfrente mismo de ese edificio se encuentra una tienda que todavía conserva el cartel de una antigua vaquería, una de las quinientas que llegó a haber en Barcelona. Y no muy lejos está la capilla de Sant Llàtzer, que había formado parte de un hospital de leprosos. Una especie de ventana interior, hoy tapada, recuerda cómo los enfermos de lepra tenían que seguir la misa detrás de una celosía para no mezclarse con el resto de fieles y evitar, así, el riesgo de contagio. Esta capilla está situada en la plaza del Pedró, un punto estratégico de la Barcelona medieval.

¿Las propuestas de “¿Sabías que…?” también nos llevan a la calle de la Riereta, que en una época fue conocida como calle del Soroll a causa del ruido de las numerosas fábricas que la poblaban. Todavía se puede ver el cartel de alguna de las fábricas. En el número 8 de esta misma calle se encuentra el actual Restaurante Guixot, que ocupa el local que en la década de 1970 acogió el Bar Feminista La Sal y la editorial La Sal Edicions de les Dones. Frederica Montseny, la líder anarquista catalana que durante la República llegó a ser la primera mujer ministra de España, ofreció allí una de sus primeras charlas al volver del exilio.

Y si antes hemos visto una antigua vaquería, un buen punto para acabar la ruta es la Granja M. Viader, de la calle de Xuclà, 4-6, donde personajes como Mossèn Cinto Verdaguer o el ya citado Picasso iban a tomar una jícara de chocolate. Este local, con más de 125 años de historia, está regentado por la cuarta generación de la misma familia, que es también la creadora del Cacaolat.