Joan Coromines, el filólogo que estudiaba la lengua yendo de excursión

28 noviembre, 2014 | Barceloneses

Barcelona ha dado muchas figuras de renombre internacional, tanto a nivel científico como cultural, que muchas veces han sido más conocidas en el extranjero que en la propia Cataluña. A lo largo del siglo XX se dieron muchos de estos casos, pues numerosos intelectuales tuvieron que hacer carrera en el exilio debido a la dictadura franquista. Uno de estos personajes, que en este caso sí terminó siendo ampliamente reconocido, es el filólogo Joan Coromines. Este año de 2014 se ha publicado un libro con las excursiones que le llevaban por el territorio buscando la palabra viva.

Joan Coromines, hijo del abogado, político y escritor Pere Coromines y de la pedagoga Celestina Vigneaux, nació en Barcelona el 21 de marzo de 1905. Sus hermanos Júlia y Ernest destacaron también como médico y psicoanalista y como matemático respectivamente. Vivir sus años de juventud durante la dictadura de Primo de Rivera le marcó y le hizo desarrollar un intenso sentimiento catalanista que le empujó a formar parte de la Sociedad de Estudios Militares, que llevó a cabo acciones clandestinas, como el Complot de Garraf, en junio de 1925; o los sucesos de Prats de Molló, en noviembre de 1926. Debido a su relación con este grupo y para evitar posibles represalias por parte de la Dictadura, en noviembre de 1925 marchó a estudiar a la Universidad de Montpellier, donde se formó en Lengua y Literaturas Románicas y Lingüística.

Tras licenciarse en Derecho, en 1926, y en Filosofía y Letras, en 1927, se trasladó a Madrid, donde hizo el doctorado con los profesores Américo Castro y Ramón Menéndez Pidal. Posteriormente completó sus estudios en Zúrich y París. De vuelta en Barcelona, colaboró con Pompeu Fabra, quien le incorporó a las Oficinas Lexicográficas del Institut d’Estudis Catalans y al comité de redacción del Butlletí de Dialectologia Catalana. Paralelamente ejercía de profesor auxiliar de filología románica en la Universidad de Barcelona. Fue en esta época cuando se dedicó a la investigación y se especializó en el estudio de la toponimia. Fue también entonces cuando inició un proyecto que no pudo ver publicado hasta 1989, Onomasticon Cataloniae, una recopilación de todos los nombres de lugar del dominio lingüístico catalán que debían ser objeto de estudio etimológico.

En el momento en que estalló la Guerra Civil, Coromines se encontraba en Madrid, donde había ido a hacer unas oposiciones a una cátedra de filología provenzal. Tras participar en la reducción de los grupos insurgentes, volvió a Barcelona, donde se casó con Bàrbara de Haro y se incorporó como voluntario al Cuerpo de Esquiadores de Montaña. En los últimos meses de la guerra hizo de traductor en el Servicio de Información del Estado Mayor. En febrero de 1939 se marchó al exilio. Tras reunirse con su familia en París, se trasladó a Argentina, donde pudo obtener una plaza en la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza.

En 1945 obtuvo una beca de la Fundación Guggenheim y se estableció en Nueva York, y paralelamente se incorporó a la Universidad de Chicago, una de las más importantes de Estados Unidos. A partir del año 1953, la universidad le permitió concentrar la docencia, por lo que pasaba seis meses en Estados Unidos y seis meses en Cataluña, hasta su regreso definitivo, una vez jubilado, en 1967. Desde entonces, se dedicó a trabajar plenamente en sus obras lexicográficas.

Joan Coromines, que en 1944 consiguió publicar Miscel·lània Fabra en Buenos Aires, gracias al apoyo económico de Francesc Cambó y Rafael Patxot, llegó a ser casi un desconocido en Cataluña fuera de los círculos académicos. Esto cambió, sin embargo, cuando escribió un trabajo en inglés con motivo de la celebración de los Juegos Florales de Nueva York, en 1951, que fue publicado en catalán en 1954 por la Editorial Moll bajo el título El que s’ha de saber de la llengua catalana. Entre sus obras, cabe destacar el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, el Diccionari etimològic i complementari de la llengua catalana, El parlar de la Vall d’Aran y el ya mencionado Onomasticon Cataloniae.

La investigación para su proyecto Onomasticon Cataloniae le llevó a recorrer el territorio catalán, aprovechando su pasión por el excursionismo, para hacer encuestas sobre el terreno en búsqueda de la palabra viva. Coromines dejó constancia escrita con bastante detalle de todas esas excursiones, muchas de las cuales hizo en solitario. El relato de estas excursiones ha sido publicado por la Fundación Pere Coromines y la editorial Ara Llibres con la colaboración del Ayuntamiento de Barcelona en el libro Itineraris. Excursions a la recerca del mot, de la paraula viva, con textos inéditos de Joan Coromines y edición a cargo de Josep Ferrer y Joan Pujadas.

Entre otros reconocimientos y galardones, recibió las medallas de oro de la ciudad de Barcelona y de la Generalitat de Catalunya, el Premi d’Honor Jaume I, el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes y el Premio Nacional de las Letras, que aceptó con reticencias. Declinó, en cambio, ser miembro de la Real Academia Española de la Lengua y la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.

Joan Coromines murió el 2 de enero de 1997 en Pineda de Mar, donde estableció su residencia en sus últimos años de vida.

La fotografies han sido cedidas por la Fundació Pere Coromines