Católicos y protestantes en Europa y Barcelona entre los siglos XVI y XVIII

2 noviembre, 2017 | Barceloneses, Insólito

En febrero de 1564 Barcelona recibió la visita del rey Felipe II. El monarca fue recibido, en el portal de Sant Antoni, con una representación en la que santa Eulàlia le entregó las llaves de la ciudad. Durante esa misma visita, la plaza del Rei fue el escenario del espectáculo L’assalt al castell dels luterans, en el que soldados católicos asediaban la fortaleza de los herejes. Aún antes de irse, Felipe II asistió, el 5 de marzo, a un acto de fe en el que se quemó a ocho hombres y dos en efigie, acusados de luteranismo. Todo ello había sido preparado para demostrar que la ciudad era un bastión católico, totalmente alejado de la herejía luterana que se extendía por la próxima Francia y gran parte de Europa.

El continente vivía conflictos religiosos y los bandos enfrentados utilizaron todos los elementos a su alcance para conseguir el control del tejido social. Y no dudaron en utilizar un avance tecnológico importante, la imprenta. Porque, si hoy la aparición de internet y las nuevas tecnologías han supuesto una revolución en los ámbitos de la comunicación y el conocimiento, la Europa del siglo XV vivió una situación similar con la aparición de la imprenta. Hasta entonces, en el mundo occidental, la difusión del conocimiento se hacía a través de la copia de manuscritos, que generalmente se realizaban en los monasterios católicos. La imprenta facilitó la producción y difusión masiva de libros y de todo tipo de grabados y de hojas impresas. Era mucho más fácil difundir las ideas y el conocimiento. Pocos años después de la aparición de esta innovación tecnológica, Barcelona ya disponía de centros de impresión. Y a principios del siglo XVIII los impresores y los libreros eran numerosos.

A mediados del siglo XVI Barcelona vivía bajo el control de la Inquisición, que vigilaba a las personas que llegaban a Cataluña escapando de las guerras civiles entre católicos y protestantes que afectaban Europa. La ciudad estaba muy cerca de la frontera y había que controlar que no se esparcieran por el territorio las ideas que proliferaban más allá de los Pirineos. Las acusaciones de herejía se realizaban con mucha facilidad y la Inquisición censuraba obras y revisaba con frecuencia librerías e, incluso, bibliotecas particulares en busca de libros censurados o prohibidos.

Todas estas situaciones vinieron dadas por los enfrentamientos religiosos surgidos a partir de la reforma protestante impulsada por personajes como Lutero o Erasmo de Rotterdam.

En época medieval ya habían aparecido algunos movimientos reformadores en el seno de la Iglesia católica, como los cátaros, los husitas o los valdenses, pero no habían encontrado las condiciones necesarias para tener éxito. A principios del siglo XVI, sin embargo, sí que se dieron estas condiciones: el descubrimiento de América amplió el horizonte, cada vez había más interés por el mundo clásico grecorromano e incluso había quien empezaba a hablar de la separación entre el Estado y la Iglesia. La llamada Reforma protestante tuvo éxito gracias a los cambios socioculturales y al apoyo de algunos príncipes alemanes, que vieron la posibilidad de sacarse de encima la fiscalidad y la tutela papal. Todo terminó con la ruptura con Roma y con enfrentamientos y conflictos bélicos en Europa.

La exposición “Imágenes para creer”, organizada por el Museo de Historia de Barcelona (MUHBA) en el Saló del Tinell, explica cómo fueron aquellos tiempos de luchas y de reformas religiosas en Europa y cómo repercutió esta situación internacional en la ciudad. Mediante grabados y pinturas de la época, principalmente, se puede ver cómo los diferentes bandos utilizaron las nuevas herramientas que el avance tecnológico que suponía la imprenta puso a su alcance para hacer prevalecer su posición, lo que hoy se llama imponer su relato.

En los paneles de la exposición se explica: “El término mismo de propaganda se difunde cuando la Iglesia católica crea la congregación de Propaganda Fide en 1622. Había muchas formas de persuasión: la prédica oral para todos los públicos, la exégesis bíblica impresa y las artes de todo tipo, como las fachadas católicas de un barroco exuberante —o, al contrario, los interiores austeros de los templos protestantes—, la pintura sacra —retablos, cuadros, exvotos— o el grabado religioso, siempre de circulación más fácil.”

“Tanto en el ámbito católico como en el protestante”, se explica en la exposición, “la cuestión principal era disciplinar a las mayorías, enseñar a creer por la intimidación o, mejor aún, por la persuasión: en este sentido, los grabados constituyeron la primera operación masiva de propaganda impresa de la historia.”

Barcelona quedó en el lado de la reforma católica, también conocida como Contrarreforma. Es en este contexto que se inscribe el recibimiento al rey Felipe II o la pintura Virgen de la Merced de los ‘Consellers’, de 1690, que se conserva en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC). En el siglo XVIII la Inquisición aún perseguía a judíos, luteranos y protestantes en general, y el Santo Oficio barcelonés extremó el control de los libros ampliando la lista de títulos prohibidos. Con todo, las ideas fluían y, poco a poco, fueron erosionando el Antiguo Régimen, aunque las estructuras creadas por la Contrarreforma fueron muy duraderas.

El movimiento intelectual de la Ilustración hizo que, a partir de finales del siglo XVIII, se cuestionara el papel de la religión en la esfera pública, y la separación entre el Estado y la Iglesia se fue acrecentando. “En la Barcelona de principios del siglo XIX”, se puede leer en la exposición del Tinell, “la laboriosa supresión de la Inquisición (1813-1834) marcó un hito en el incipiente proceso de secularización. Un proceso que no fue lineal en ningún lugar y en el que en Barcelona se pusieron de relieve tanto la solidez del entramado eclesial tejido en los siglos anteriores como un poso de malestar popular que tuvo en el anticlericalismo una de sus manifestaciones más visibles.”

La exposición “Imágenes para creer” puede visitarse en el MUHBA hasta el 14 de enero de 2018. Como complemento de la exposición se expone un rollo con un dibujo a la acuarela de 21 metros de largo que representa la Procesión de Domingo de Ramos de la Archicofradía de la Virgen de los Dolores del convento del Bonsuccés de Barcelona, que muestra con detalle todos los elementos y personajes que formaban la procesión, que están plenamente identificados. La obra se puede ver en la Capilla Real de Santa Ágata, a la que se accede por la misma puerta que el Salón del Tinell.

Pies de foto: La ciudad de Barcelona protegida por los santos. Acción de la Real Compañía de Comercio establecida en Barcelona. I. Valls, a partir de M. Tramullas. Barcelona 1750. PA. | Procesión de Domingo de Ramos de la Archicofradía de la Virgen de los Dolores del convento del Bonsuccés de Barcelona. G. Reig, s. XVIII. MUHBA. | Aguafuerte con la representación de la Tierra con zonas de influencia de las confesiones religiosas. Heinrich Scherer. 1702. CGV. | El concilio de la Santa Sede, de J. Amman. Originariamente dentro del libro Catalogus gloriae mundi, de B. de Chasseneuz, 1579. CGV. | Cantoral del día de celebración de la Inmaculada Concepción, anónimo. Siglo XVIII. Archivo del Monasterio de Sant Pere de les Puel·les. | Libro con retrato de Erasmo de Rotterdam censurado. | Cosmographia, de S. Münster, 1554. CRAI-UB. | Virgen de la Merced de los ‘Consellers’, con retratos muy realistas de los seis consejeros de la ciudad, anónimo, Barcelona, 1690. MNAC. Foto Fia. Reproducción en blanco y negro de la Fundación Instituto Ametller de Arte Hispánico| Destrucción de la Inquisición en Barcelona, H. Lecomte. 1820. AHCB. | El mundo en el siglo XVI, S. Münster, C. Ptolomeo y H. Petri; Geographia universalis, 1545. ICC.