Cien años educando en un entorno privilegiado

8 julio, 2014 | Barceloneses, Insólito

Solo hay que cruzar la reja que funciona como entrada, conservada durante cien años, para ver que nos adentramos en un entorno privilegiado, marcado por la naturaleza. Una vez en el interior, la escultura de Josep Llimona Amor a la infància nos da la bienvenida a la Escuela de Bosc de Montjuïc, el primer centro municipal desde sus inicios que celebra su centenario.

A lo largo de su historia, esta escuela no ha dejado de educar a los niños en unos valores basados en el amor por la naturaleza, la igualdad y la solidaridad. Así lo afirma su directora, Eva Chacón, quien rememora los orígenes del colegio: “Se aprovechaba el entorno para leer y hacer muchas actividades. Eso era muy revolucionario para la época”. Incluso, como explica Chacón: “Alumnos y maestros recorrían el camino hasta la escuela juntos aprovechando para estudiar las plantas que iban encontrando”.

La Escuela de Bosc de Montjuïc se fundó el 8 de mayo de 1914, bajo la dirección de Antolí Monroy y Rosa Sensat, icono de la pedagogía moderna, siguiendo los principios de la Waldschule de Charlottenburg (Alemania), las escuelas plein air de Francia o las open air schools de Inglaterra, basadas en una educación en contacto con la naturaleza.

Sus primeros alumnos fueron los hijos de los trabajadores de las fábricas de Barcelona, sobre todo niños con problemas respiratorios, que estudiaban por prescripción médica. “Además, en aquel momento aquellos niños no tenían la oportunidad de ir de colonias, de manera que también se creó para las personas más desfavorecidas.”

La Guerra Civil y la dictadura franquista, sin embargo, hicieron estragos en este proyecto educativo. “Aun así, siempre hubo algún maestro que conservó el espíritu de la escuela, que se acabó recuperando en los años setenta con la Escuela de Verano, la revolución pedagógica y la democracia”, explica la directora.

Desde entonces, la Escuela de Bosc ha vuelto en buena medida a sus orígenes y, además de hacer responsables a los alumnos de su huerto, no son pocos los días en los que alguna actividad se desarrolla en el exterior.

Montse Ortigosa, cotutora de quinto de primaria que lleva cuarenta años trabajando en el centro, recuerda: “No solo está la intención de que los niños sean educados, sino enseñados”. Y explica que no son pocos los exalumnos que, a pesar de haber pasado solo un curso aquí, recuerdan esta escuela “como suya”.