Eduard B. Alentorn, un escultor barcelonés injustamente olvidado

6 febrero, 2015 | Barceloneses, Insólito

Todo el mundo conoce el parque de la Ciutadella, es bien sabido que ocupa los terrenos en los que estaba la antigua ciudadela militar que el Estado borbónico mandó construir, después de la derrota de 1714, sobre gran parte del antiguo barrio de la Ribera, que tuvieron que derribar sus propios habitantes. Seguro que mucha gente sabe que la ciudad recuperó estos terrenos con la Exposición Universal de 1888, y las personas que han paseado más de una vez por este parque han visto su cascada y admirado sus esculturas. No obstante, muchas menos saben el nombre de los escultores que lo hicieron posible. Uno de ellos fue Eduard B. Alentorn, que tiene numerosas obras en las calles de la ciudad. Sin embargo, a pesar de ser uno de los mejores escultores de su época, no es muy conocido.

El espacio público barcelonés está lleno de esculturas de Eduard B. Alentorn. El parque de la Ciutadella, el monumento a Colón y el Palacio de Justicia son algunos de los lugares en los que pueden verse sus obras; también hay algunas fuentes artísticas en varios puntos de la ciudad; y en la Catedral de Barcelona, una de sus esculturas corona el cimborrio y en la fachada, hay alguna otra creada por sus manos.

Eduard Batiste Alentorn nació en Falset (Priorat) el 4 de diciembre de 1855. Era hijo de una familia humilde, su padre era carpintero, y desde muy joven ya se interesó por el mundo de la arquitectura. Con tan solo 14 años se matriculó en la Escuela de Bellas Artes Llotja para cursar los estudios de Dibujo Antiguo, Escultura y Anatomía Pictórica. Estudió hasta 1874 y recibió varias menciones honoríficas. Los desacuerdos con su padre hicieron que decidiera obviar su apellido paterno y firmara como Eduard B. Alentorn; por eso, se le conoce más por su segundo apellido.

En la Llotja, fue discípulo de Joan Roig i Solé, en cuyo taller habría entrado como aprendiz a los 13 años, antes de empezar en la escuela. En Un escultor oblidat: Eduard B. Alentorn (1855-1920), un trabajo publicado en el Boletín de la Real Academia Catalana de Bellas Artes de Sant Jordi, Eloi de Tera explica que al acabar los estudios en la Llotja, el escultor: “en torno a 1874-1876 podría haber trabajado con Rafael Atché y después, con Andreu Aleu, pero a partir de 1879-1880, y quizá incluso antes, entraría en el taller de los hermanos Vallmitjana, en el que permanecería, por lo menos, hasta 1882”.

La década de 1880 fue una buena época para los escultores de aquel entonces, pues recibieron muchos encargos gracias a las obras que se llevaron a cabo para la Exposición Universal de 1888. Autores como Rafael Atché, Joan Flotats, Manuel Fuxà, Josep Gamot, Rossend Nobas, Francesc Pagès o los hermanos Agapit y Venanci Vallmitjana, además del propio Alentorn, tienen varias obras en el parque de la Ciutadella, que fue el espacio central de esta exposición. Uno de los legados de la Exposición de 1888 en el recinto de la Ciutadella es su gran cascada, cuyo elemento central es el Nacimiento de Venus, que inicialmente se habría encargado a los hermanos Vallmitjana, pero lo habrían declinado a favor de Alentorn. En este mismo parque, hay otras obras de este escultor, como las dos esculturas sedentes de Jaume Salvador y de Félix de Azara en la entrada del Museo Martorell, con las que el escultor fue galardonado con la medalla de bronce de la Exposición Universal de 1888.

Eduard B. Alentorn participó también, con otros escultores, en la creación del monumento a Cristóbal Colón, otro de los legados de la Exposición Universal. Son suyos el medallón dedicado a fray Juan Pérez y la escultura del capitán Margarit. Una vez terminada la Exposición, se construyó el Palacio de Justicia, que se convirtió en la última gran oportunidad de acceder a encargos públicos para los escultores de la época. Concretamente, Alentorn es el autor de tres relieves y cuatro esculturas en este edificio. Otras obras que realizó por encargo para el Ayuntamiento y que pueden verse en el espacio público de la ciudad son la Font de la cigonya i de la guineu, en el parque de la Ciutadella; la Font de la pagesa, en la plaza de Letamendi; la Font de la tortuga, en la plaza de Goya; y la Font del Negret, en el cruce de la avenida Diagonal con la calle de Bruc.

La Administración pública no fue la única que hizo encargos a Alentorn, que también trabajó para particulares, como el propio alcalde Rius i Taulet. Asimismo, el escultor dedicó parte de su obra a la imaginería religiosa. En este sentido, cabe destacar una imagen de santa Eulalia en la fachada del edificio de la esquina de las calles del Cardenal Casañas y de la Boqueria, y varias esculturas en las fachadas de la iglesia del Sagrat Cor y de la Catedral, en la que, además, una obra suya, Santa Elena, corona el cimborrio de este templo.

En setiembre de 2012, el Ayuntamiento puso su nombre a unos jardines ubicados en la rambla del Carmel, entre las calles de Dante Alighieri y de Lisboa.