Las masías barcelonesas

13 noviembre, 2015 | Insólito

Barcelona ocupa un llano de casi cien kilómetros cuadrados que queda delimitado por el río Llobregat en el sur-oeste, por el Besòs en el noreste, la sierra de Collserola en el noroeste y el mar en el sureste. La colonia romana fundada por Augusto que dio origen a la ciudad ocupaba un pequeño espacio muy cerca del mar. El resto del llano estuvo ocupado durante siglos por masías, algunas fortificadas, que explotaban la riqueza agrícola del territorio. La mayoría de estas construcciones han ido desapareciendo, pero paseando por los barrios aún se pueden encontrar algunas masías que dan testimonio del pasado rural de la mayor parte de la ciudad actual.

Los hallazgos arqueológicos de los últimos años en Barcelona permiten entrever que la Barcino romana no era una población aislada y alejada de otros núcleos de población. Villas romanas como la situada bajo la avenida del Estatut de Catalunya, en Horta, o la que se ha encontrado a raíz de las obras de la estación de La Sagrera permiten afirmar que en los primeros años de nuestra era ya había explotaciones agrícolas importantes en el llano de Barcelona. Algunas de estas villas romanas fueron evolucionando hasta convertirse en masías medievales, aunque en algunos casos cambiaron de ubicación. El caso de Horta sería un buen ejemplo de este fenómeno, porque al lado de la citada antigua villa romana se encuentra Can Cortada, una de las masías que han sobrevivido y que mantuvo su uso agrícola hasta los últimos años del siglo XX. La villa romana se encontró y se documentó en los años previos a la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992 y se volvió a enterrar.

En la ciudad se han llegado a documentar hasta 603 masías, según explica Joan Maluquer i Ferrer, presidente de la Fundación Mas i Terra, en la introducción del libro Masies de Barcelona, coeditado por Angle Editorial y el Ayuntamiento de Barcelona en 2009. De estas masías, 497 han sido derribadas y 106 siguen existiendo, aunque con usos diferentes para los que fueron construidas. Según este mismo estudio, el distrito con más masías fue Sants-Montjuïc, con 150, aunque solo se han conservado 9, mientras que el distrito que mantiene más de pie es Sarrià – Sant Gervasi, que conserva 32 de las 90 que hubo. Pero el distrito que ha mantenido un porcentaje más alto de sus edificios agrícolas es Horta-Guinardó, donde han aguantado 31 de las 80 masías que se han llegado a documentar.

A principios del siglo XX autores como Francesc Carreras Candi, en el volumen dedicado a Barcelona de la Geografia general de Catalunya, o Francesc Curet, autor de Visions barcelonines. 1760-1860: Muralles enllà, con ilustraciones de Lola Anglada, ya citaban en sus obras algunas de las masías existentes en Barcelona, y en los últimos años han aparecido varias monografías que recuperan la memoria de este pasado rural de la ciudad y de sus barrios. El primer libro en aparecer fue Les masies d’Horta, de Desideri Díez, editado en 1985 y del que se han publicado hasta cuatro ediciones, la última en 2003; Masies de les Corts, de Imma Navarro, apareció en 1993; en 2006 se publicó Les masies de Gràcia: Vestigis d’una ruralia històrica, de Elsa Castellà, y en 2014 se editó Les masies de Sant Andreu de Palomar: Inventari de cases de pagès andreuenques, de varios autores. Antes, en 2009, se había editado el libro citado Masies de Barcelona, también de varios autores. Actualmente hay proyectos similares en otros barrios y distritos de la ciudad.

Toda esta bibliografía permite saber de dónde vienen algunos de los nombres presentes en el nomenclátor de la ciudad, como Can Dragó, en Nou Barris; Can Berdura, en el barrio de los Indians; Can Cuiàs, en Les Corts; Can Baró, en el distrito de Horta-Guinardó; Cal Notari, en Horta, o Can Caralleu, en Sarrià, por citar solo algunos ejemplos.

Algunas de las casas derribadas aguantaron hasta no hace muchos años, como Can Toda, junto al Park Güell, o Ca l’Alegre de Dalt, en el barrio de la Salut, que fueron derribadas en 1981. Otras se mantuvieron como explotaciones agrícolas y como islas en medio del ruido urbano hasta hace pocos años, como la citada Can Cortada o Can Miralletes, en el Camp de l’Arpa, muy cerca del Hospital de Sant Pau.

Entre las que han sobrevivido, hay unas cuantas que se han convertido en equipamientos municipales, como centros cívicos, como Can Basté o Can Verdaguer, en Nou Barris; ludotecas, como Ca l’Arnó, en Sant Martí, o bibliotecas, como Can Mariner, en Horta. Otras, como la citada Can Miralletes o Can Cortada y Can Travi Nou son restaurantes.

Pies de foto: Can Verdaguer, en Nou Barris, actualmente un centre cívico. Autor: JAF. | Ca l’Arquer, en la Travessera de Gràcia. Autor desconocido – Archivo Municipal del Distrito de Gràcia. | Masía de Can Baró, que dio nombre al barrio, en la década de 1890. Autor: Jaume Anglada (atribuida) – Archivo Fotográfico de Barcelona (AFB). | Can Solà en el año 1934. Estaba situada en el actual paseo de Fabra i Puig, en Sant Andreu de Palomar. Autor: Ramon Codina – AFB. | Ca l’Arnó, en Sant Martí, hoy convertida en ludoteca. Autor: JAF. | Can Travi Nou, en Horta, es un restaurante. | Autor: Equipo de Audiovisuales de Ecología Urbana. | Can Miralletes, en el Camp de l’Arpa. Autor: JAF.