Las mujeres de la Fabra i Coats: toda una vida elaborando madejas de hilo de algodón

19 octubre, 2015 | Barceloneses, Insólito

Cuatro de cada cinco trabajadores de la empresa de hilaturas Fabra i Coats eran mujeres. Durante los años de mayor producción, la fábrica textil de Sant Andreu llegó a tener 1.200 empleadas. Coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer, el Consejo de las Mujeres del distrito de Sant Andreu y los Amigos de la Fabra i Coats, entidad formada por extrabajadores de la empresa, rinden homenaje a las mujeres que trabajaron en ella. Este domingo descubrirán una placa que las recuerda en la puerta principal del recinto fabril.

La Fabra i Coats fue la empresa textil más importante del actual distrito de Sant Andreu. Funcionó entre los años 1837 y 2005, y trabajaron en ella muchas de las personas que vivían en las cercanías. Muchos de los empleados dedicaron toda su vida profesional a la empresa de hilaturas, ya que trabajaron allí durante más de cuarenta años.

El industrial Ferran Puig y Gibert fundó en 1837 una fábrica de hilaturas llamada Vapor de Fil en Sant Andreu. En 1860 esta empresa familiar cambió de nombre y se llamó Fernando Puig e Hijo. En aquella época la industria se convirtió en la primera fábrica de madejas y ovillos de hilo de algodón del Estado. En 1884 la empresa pasó a llamarse Filatures Fabra al fusionarse con la empresa textil Manuel Portabella e Hijo. Y unos años más tarde, en 1903, la fábrica de hilaturas se fusionó de nuevo, esta vez con la marca escocesa J. & P. Coats. A partir de entonces la empresa textil tomó el nombre de Compañía Anónima de Hilaturas Fabra y Coats y se apropió de todo el mercado de hilaturas del Estado.

En 1915, la empresa textil vivió uno de los momentos más álgidos. Entonces en Sant Andreu trabajaban más de 1.500 personas. El 80% eran mujeres. El proceso de tratar y devanar el hilo y de manipular las madejas es muy delicado, y las mujeres lo hacían con mucho más cuidado que los hombres. Ellos se encargaban de llevar la materia prima hasta las máquinas, pero eran las mujeres las que manipulaban el hilo. Muchas de estas trabajadoras hicieron carrera en la fábrica. Algunas trabajaron allí más de cuarenta años, hasta que se jubilaron. Algunas de estas mujeres aún hablan de las buenas condiciones y de los beneficios que tenían por ser trabajadoras de la empresa de hilaturas.

La Fabra i Coats tuvo durante muchos años una “guardería infantil” con más de 50 cunas. Allí las trabajadoras podían dejar a los niños bien atendidos. Y en los ratos de descanso se podían acercar para amamantarlos. También había un economato, donde los trabajadores podían comprar todo tipo de productos a buen precio. En Navidad la empresa daba regalos a los hijos de los trabajadores hasta que los niños tenían 12 años. El recinto era tan grande y trabajaba tanta gente en él que, incluso, había un cuerpo de bomberos propio. Los extrabajadores también recuerdan con alegría que esta empresa fue una de las primeras que dio a los empleados una semana de vacaciones pagadas.